Carta a Oriol Junqueras ante la reforma de los delitos de sedición y malversación Desjudicializar la política, pero no del todo

Junqueras
Junqueras

Hay unos límites más allá de los cuales la política no puede ser desjudicializada. ¿Por qué? Pues porque entonces la democracia dejaría de ser ese mal llamado “imperio de la ley” y se convertiría en “imperio del ego”

Lo malo de todo esto es que, mientras yo sostengo que la política necesita un mínimo de judicialización, el PP (porque sabe que tiene mayoría entre los jueces) se dedica a judicializarla del todo

Estimat germà Oriol:

Debo decir de entrada que tiene usted pleno derecho a ser independentista, como lo tienen varios catalanes, y como otros tienen derecho a no serlo. El problema en la política actual no está en los fines, sino en los medios y en aquel principio de ética elemental: que “el fin no justifica los medios”.

Añado a eso que, aunque he criticado otras veces a Pedro Sánchez, comparto todo lo que está haciendo por modificar las leyes de sedición y malversación, sobre todo la primera. Y no digo nada de esto pretendiendo tener razón yo, sino solo como presentación de mis modos de ver. Vamos ahora a lo que quería decirle.

La balanza de la justicia
La balanza de la justicia Tingey Injure Law Firm

1. Visto lo anterior, comprenderá usted también que compartamos aquella necesidad de “no judicializar la política”. Sí, de acuerdo. Pero no absolutamente: pues hay unos límites más allá de los cuales la política no puede ser desjudicializada. ¿Por qué? Pues porque, entonces, la democracia dejaría de ser ese mal llamado “imperio de la ley” y se convertiría en “imperio del ego”. Me explico:

Imperio de la ley significa solo que la última palabra en una democracia la tienen a veces no exactamente las leyes (que son algo abstracto), sino sus intérpretes, que son los jueces y pueden equivocarse. Dicho simplemente, pasa como en el fútbol, que la última palabra la tiene el árbitro, que es un simple ser humano como los demás futbolistas. Luego se procurará ayudar a los árbitros con el VAR (que dicen que no ayuda tanto) y a los jueces con eso de la “jurisprudencia acumulada” (que en España casi no tenemos porque nuestra democracia no tiene aún edad para eso). Pero en caso de conflicto, la última palabra la tienen ellos.

Conciencia moral y responsabilidad legal

Le pongo un ejemplo para ver si me doy a entender mejor. Usted afirma que, con lo del 1-O del 2017 no se cometió ningún delito. Yo creo, junto con otros muchos, que sí hubo delito. En una disensión así, la última palabra no podemos tenerla ni usted ni yo. Para eso están los jueces. Y si usted cree que no cometió ningún delito, eso es algo que salvaguarda totalmente su conciencia moral, pero no su responsabilidad legal, la cual va por otros caminos. Y fíjese que decimos “la última palabra”, no la palabra verdadera que, ojalá lo sea, y a eso aspiramos, pero contando con posibles errores que ojalá no se den, pero son el precio de la democracia.

Oriol Junqueras,  líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)
Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC)

Y debo reconocer que lo malo de todo esto es que, mientras yo sostengo que la política necesita un mínimo de judicialización, el PP (porque sabe que tiene mayoría entre los jueces) se dedica a judicializarla del todo. Ojalá encontremos, pues, alguna forma medible y concreta de marcar esos mínimos.

"España es simplemente el nombre de un país y creo sinceramente que los llamados patriotismos son la gran idolatría de un mundo sin dioses"

2. Otro ejemplo un poco distinto: recuerdo ahora que en el juicio del procés le oí proclamar por dos veces: “yo amo a España”. Me sorprendió porque yo a España no creo amarla, aunque me siento muy obligado a amar a todo ser humano que me encuentre en España, sea español, marroquí, catalán u hondureño… En cambio, España es simplemente el nombre de un país y creo sinceramente que los llamados patriotismos son la gran idolatría de un mundo sin dioses.

La verdadera patria

Mire usted las idolatrías patrióticas que hemos ido presenciando en este mundial de fútbol donde, al convertirse un simple juego en “amor patrio”, nos sentimos felices por la estupidez de una copa, olvidando la gran pregunta de Albert Camus: ¿tiene una persona derecho a ser feliz en un ciudad dominada por la peste?: la peste de Irán con sus mujeres víctimas y ese futbolista condenado a muerte, la peste de Ucrania y sus niños, la peste de todos los trabajadores de Qatar que hemos olvidado aceptando sin más este mundial… Como cristiano, debo decir que esos son mi verdadera patria.

Acusados en el juicio del 'procés'
Acusados en el juicio del 'procés'

Y desde aquí vuelvo a su declaración en el juicio del procés: aquella declaración de amor, en labios de un independentista, significaba una desidolatrización del patriotismo. Por eso pensé, al oírle aquello en el juicio: ¡qué bueno sería si eso se le oyera decir a usted (y no solo decir, sino mostrar) en situaciones ajenas a un juicio penal! Un independentista que demuestra amar a España: a ver si así aparecían también muchos hispanólatras que demuestran amar a Cataluña. Así empezaríamos a cumplir el primero y mayor imperativo de nuestros días: el de la convivencia y la fraternidad universal. Y los jueces harían mucha menos falta.

Este país se está convirtiendo hoy (al menos a niveles públicos) en una batalla de egos contra egos, que es una guerra de todos contra todos. España debería llamarse Egospaña y Catalunya debería llamarse Catalego

3. Creo que usted y yo somos creyentes cristianos. Y le digo esto no solo porque alude a Algo que nos une mucho más de lo que puedan separarnos las diferencias aquí expuestas. Se lo digo porque creo que España o el Estado, o como quiera usted llamarla, atraviesa hoy un momento en que tanto Jesús de Nazaret, como el Dios revelado en Él no son lo que más necesita porque le vienen un poco grandes. Lo que España necesita hoy es simplemente a Buda: pero el Buda verdadero, no el que algunos se hacen a medida y que temo que les evite una verdadera iluminación: el Buda que enseña la muerte del ego (no del yo, sino del ego, quede esto claro): porque este país se está convirtiendo hoy (al menos a niveles públicos) en una batalla de egos contra egos, que es una guerra de todos contra todos. España debería llamarse Egospaña y Catalunya debería llamarse Catalego. Por eso me gusta aplicar a Buda las palabras de Jesús sobre Juan Bautista: es el mayor de los nacidos de mujer.

Luego de eso mira uno con un poco de ternura a todos estos hermanos de un lado y de otro, y le salen aquellas otras palabras de Jesús: “si conocieras el don de Dios”...

Oriol Junqueras, ex-vicepresidente de Catalunya
Oriol Junqueras, ex-vicepresidente de Catalunya

4. En fin, amigo Oriol: ya me dicen que a veces divago mucho cuando me pongo a escribir: debe ser ese gusto de dejarse llevar por el viento. Pero comprendo que ahora hemos de volver a donde hemos empezado: en este lugar donde usted y yo estamos, es imprescindible desjudicializar la política. Pero toda reacción suele tener un límite y se estropea si se va al extremo opuesto: la política necesita un mínimo de jurisprudencia si de veras es algo referido a la polis y no al ego.

Me gustaría que esté usted de acuerdo en esto, aunque luego ambos deberemos lamentar el triste descrédito de nuestros jueces, que no consiguen evitar esa impresión de que son más paniaguados de los partidos que servidores de la ley. Esperemos ambos que algún día salgamos de esta…

Y hasta entonces, un abrazo.

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