Pizaballa presidió la liturgia del Domingo de Ramos en Israel permite las procesiones en Tierra Santa, pero cierra las puertas al turismo extranjero

Pizzaballa, entrando en el Santo Sepulcro
Pizzaballa, entrando en el Santo Sepulcro Nadim Astour/CTS

Pizzaballa: "Somos una pequeña representación, pero toda la Iglesia está hoy aquí con nosotros: están los cristianos de las distintas comunidades de la diócesis que no han podido llegar por las restricciones actuales, y están los cristianos de todo el mundo que, aunque no hayan podido llegar físicamente, hoy rezan con nosotros, con el corazón y la mente puestos en Jerusalén"

Semana Santa sin procesiones... excepto en el lugar en que todo ocurrió. Este Domingo de Ramos, Israel ha permitido la tradicional procesión de la borriquilla, que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cinco días antes de su muerte en cruz. Con la mayor parte de su población ya vacunada, Tierra Santa disfruta de un status especial en un mundo marcado por la pandemia. Eso sí, sólo para los locales: este año, se han cerrado las puertas al turismo extranjero.

Este Domingo se ha estrenado en la ciudad vieja de Jerusalén con la tradicional procesión de las Palmas. Con un elemento añadido, que se ha convertido en habitual en nuestro día a día. Junto a las ramitas de olivo, los frailes franciscanos y demás representantes de la Custodia de Tierra Santa, presididos por el patriarca Pizzaballa han llegado hasta la basílica del Santo Sepulcro con la boca y la nariz cubiertas por mascarillas.

En el interior del Santo Sepulcro, donde era imposible respetar la distancia de seguridad, Pizzaballa agradeció a los que pudieron acompañarle en la ceremonia. "Somos una pequeña representación, pero toda la Iglesia está hoy aquí con nosotros: están los cristianos de las distintas comunidades de la diócesis que no han podido llegar por las restricciones actuales, y están los cristianos de todo el mundo que, aunque no hayan podido llegar físicamente, hoy rezan con nosotros, con el corazón y la mente puestos en Jerusalén".

"Recemos por Jerusalén y bendigámosla con el signo de nuestra redención", subrayó el patriarca, quien señaló cómo "amamos esta ciudad, en la que están las raíces de nuestra identidad cristiana". "Las heridas y las divisiones que, por desgracia, siguen caracterizando la vida de esta ciudad nuestra no deben desanimarnos. Al contrario, deben empujarnos con una determinación cada vez mayor a dar testimonio de la fe en la victoria de Cristo sobre la muerte, a ser, como Iglesia, signo de unidad y reconciliación" pidió a los fieles.

En esta ocasión, las autoridades israelíes permiten la celebración de procesiones y las iglesias abrirán sus puertas para los principales actos religiosos en los que habrá un aforo limitado y será necesario el Pase Verde, el documento que identifica a los inmunizados con la doble dosis de la vacuna estadounidense Pfizer. Los cristianos locales, cada vez menos, serán por tanto los protagonistas en estas fechas.

Después de tres confinamientos nacionales y más de 6.000 muertos por la epidemia de coronavirus, la llegada campaña de vacunación masiva ha hecho que más de la mitad de la población esté inmunizada y por eso se está recuperando la normalidad día a día. El miedo a la entrada de nuevas cepas, sin embargo, hace que las autoridades mantengan las restricciones y la llegada de turistas y peregrinos extranjeros deberá esperar.

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