Masacrados por los nazis en Markowa por esconde a ocho judíos Los Ulma pronto serán beatos: "Una familia mártir por amor”

Retrato de la familia Ulma
Retrato de la familia Ulma

En los Decretos promulgados por el Papa Francisco sobre los próximos beatos figuran Józef, Wiktoria y sus respectivos seis hijos, más el séptimo en el vientre de su madre, que fueron masacrados por los nazis en el pueblo de Markowa por haber escondido a ocho judíos. Witold Burda: "Esposos que construyeron su vida sobre sólidos cimientos de fe. Cada año miles de peregrinos acuden a su tumba"

(Vatican News).- Por primera vez en la historia de la Iglesia, una familia entera será beatificada: los Ulma. Polacos, conocidos como los "samaritanos de Markowa" porque les movía el mandamiento del amor y el ejemplo del Buen Samaritano, fueron masacrados por los nazis por acoger a ocho judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Un ejemplo de valentía, de fe y, sobre todo, de amor al prójimo; una caridad sin límites, capaz de estremecer incluso a los corazones más duros, afirma a Radio Vaticano el padre Witold Burda, postulador de la Causa de beatificación y sacerdote de la archidiócesis de Przemyśl de los Latinos a Radio Vaticano - Vatican News.

El bautismo de sangre

Wiktoria estaba embarazada durante la masacre, al parecer incluso en los últimos meses de gestación, según un testigo que, mientras colocaba el cuerpo de la mujer en un ataúd, vislumbró la cabeza y el pecho del bebé desde su vientre. Para el bebé en el vientre, se produjo el bautismo de sangre.

"La Iglesia está llena de argumentos teológicos que nos han ayudado a demostrar a los teólogos del Dicasterio para las Causas de los Santos que incluso ese niño no nacido, sin bautismo ni nombre, puede ser considerado un mártir por la fe de Cristo", afirma el padre Burda, que recuerda también el martirio de los Santos Inocentes, los niños asesinados en Belén a instancias del rey Herodes. Un martirio que continúa hasta hoy, con muchos niños, especialmente no nacidos, descartados por el hombre.

De su amor a la vida, Wiktoria y Józef Ulma se alimentaron a sí mismos y a sus hijos, pero sobre todo entregaron su amor al prójimo acogiendo a ocho judíos en su casa durante la Segunda Guerra Mundial, aun sabiendo que ayudarlos pondría en peligro sus vidas.

Educación religiosa

En nueve años de matrimonio, Józef y Wiktoria tuvieron seis hijos a los que "educaron sabiamente en un espíritu de fe y amor – afirma el postulador – una fidelidad cotidiana a los dos más grandes mandamientos: el del amor a Dios y el del amor al prójimo". La unidad de la familia asistiendo a misa todos los domingos y las oraciones en casa que el matrimonio recitaba a diario con sus hijos nos recuerdan la importancia de la educación que recibimos.

"Todo empieza en la familia: comienza con la vida, continúa con la educación", prosigue el sacerdote. En los Ulma, explica, el amor por la patria y la tierra también era fuerte. Ambos, de hecho, eran originarios de Markowa, un pueblo donde en aquella época se prefería trabajar en el campo. Esto los llevó a tener un gran respeto por la tierra como base de nuestra vida.

Devoción en Polonia

"Ya en las primeras horas después de la ejecución de los siervos de Dios, esta muerte fue considerada por el pueblo como un martirio. Las personas que relataban este trágico hecho hablaban de él con "gran estima y respeto" y esta fama espontánea comenzó de inmediato.

"Hace varios años, un amigo de Józef cayó enfermo y, de camino a la tumba de los Ulma, pidió su intercesión para que se curara". Una gracia que luego se hizo realidad y que el hombre está convencido de haber recibido por intercesión del "querido Józef". Desde entonces, la historia y la devoción por la familia Ulma no han dejado de crecer, no sólo en Polonia, sino en todo el mundo. De hecho, en el 2016 se inauguró en Markowa un museo dedicado a los polacos que salvaron a judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

"Este museo lleva el nombre de la familia Ulma y en los tres primeros años fue visitada por unas cincuenta mil personas – y muchos peregrinos se detienen cada año a honrar su tumba, porque representan para tantos creyentes – un modelo de esposos amorosos que construyeron su vida en común sobre la sólida base de la fe". Su fidelidad cotidiana al mandamiento del amor a Dios y al prójimo es lo que distingue la historia de los samaritanos de Markowa.

"Invito a todos los matrimonios y familias a invocar la intercesión de la familia Ulma – concluye el postulador – para que, como los siervos de Dios, también ellos sigan el camino del amor, basando su recorrido en la fe y en la presencia real de Cristo en sus vidas".

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