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El cardenal Radcliffe en Ucrania: "La guerra no es inevitable. Tengamos esperanza"

Este es el mensaje que el cardenal Timothy Radcliffe transmite, en una entrevista a los medios de comunicación vaticanos, al pueblo de Ucrania, donde se encuentra de visita desde el pasado 27 de febrero

El cardenal Timothy Radcliffe en visita a Kiev

(Padre Mariusz Krawiec-Kiev/Vatican News).- Dar testimonio de la paz, reiterar que la guerra «no es inevitable». Hacerlo en la oración, escuchando a quienes viven en primera persona el sufrimiento del conflicto, la violencia que azota tantas regiones del mundo y a la que hay que responder dando testimonio de la esperanza cristiana. Este es el mensaje que el cardenal Timothy Radcliffe transmite, en una entrevista a los medios de comunicación vaticanos, al pueblo de Ucrania, donde se encuentra de visita desde el pasado 27 de febrero.

Eminencia, ¿qué significa para usted esta visita a Ucrania y estar junto al pueblo ucraniano?

Estoy muy feliz de estar en Ucrania, un país que visité por primera vez hace treinta años. He venido por invitación de mis hermanos y he aceptado con mucho gusto. Cada vez que visito un territorio donde hay sufrimiento, siempre aprendo algo. He venido sobre todo para estar con mis hermanos y hermanas, pero también porque estoy convencido de que tienen mucho que enseñarme.

¿Cuál es el mensaje principal que transmite?

Creo que cuando se llega a un lugar, no se debe venir con un mensaje ya preparado. Hay que venir a escuchar y lo que se tiene que decir debe surgir primero de escuchar a las personas. Por eso vengo no tanto para hablar como para escuchar. Esto es lo esencial de la sinodalidad: venimos como personas que escuchan, escuchando a Dios y escuchándonos unos a otros.

El retiro que dirigió en Kiev estaba dedicado a la oración del Padrenuestro. ¿Por qué eligió este tema?

En tiempos de sufrimiento y guerra, la oración es de vital importancia. El Padrenuestro es la mayor de todas las oraciones, la oración del Señor. El mismo Jesús la rezó mientras subía a Jerusalén para sufrir y morir. La rezó mirando hacia adelante, hacia el momento en que estaría en el Huerto de los Olivos. Por eso, para cada uno de nosotros, especialmente cuando enfrentamos el sufrimiento, la oración del Señor es un gran regalo.

El cardenal Radcliffe con una mujer ucraniana

Ha comenzado una nueva fase de la guerra. ¿Cómo comenta la situación en Ucrania y en Tierra Santa?

Es cierto: vemos cada vez más violencia en todas partes. Es una época en la que estallan guerras en muchos lugares: no solo en Europa o en Oriente Medio, sino también en África, incluido Sudán del Sur. Y más que nunca necesitamos un testimonio cristiano de que la paz es posible, de que la guerra no es inevitable. En tiempos de conflicto, estamos llamados a ser personas de esperanza. Diría que el mensaje principal de los cristianos hoy es la esperanza. Nuestro Sacramento de la Eucaristía se instituyó en un momento en el que parecía que no quedaba ninguna esperanza, durante la Última Cena, cuando solo había muerte y violencia. Justo entonces Jesús se entregó a sí mismo. Y este es nuestro gran Sacramento de esperanza. Por eso, mi único mensaje al pueblo de Ucrania o a cualquier lugar donde continúe la guerra es este: pongamos nuestra esperanza en el Señor. Su paz prevalecerá al final.

Su libro Las siete últimas palabras ha sido publicado en ucraniano. ¿Cómo lo describiría?

Este pequeño libro está estrechamente relacionado con el tema de la sinodalidad, con aprender a escucharnos unos a otros. En tiempos de violencia, existe la tentación de cerrar los oídos. Pero debemos escuchar. En nuestras comunidades, como seres humanos, nos escuchamos unos a otros, especialmente cuando estamos en desacuerdo. Es precisamente en el desacuerdo donde podemos aprender unos de otros. Nuestro mundo está lleno de eslóganes en los que las personas no tratan realmente de pensar o de abrirse a los demás. En cambio, la llamada de Dios para que abramos nuestra mente y nuestro corazón. Por eso, en tiempos de guerra, el camino sinodal es tan importante. Durante el consistorio celebrado en Roma en enero, todos los cardenales se reunieron, y lo primero que quiso el Papa León XIV fue que nos escucháramos unos a otros, para que él pudiera escucharnos. Creo que este es un gran regalo de la Iglesia a un mundo lleno de violencia. Escuchemos no solo con los oídos y la mente, sino también con la imaginación. ¿Somos capaces de imaginar por qué los demás piensan de manera diferente a nosotros?

El cardenal Radcliffe celebra la misa en Kiev

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