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El cardenal Ryś defiende el legado de Juan Pablo II y reflexiona sobre el futuro de la Iglesia en Polonia

El cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo de Cracovia, defiende el legado de Juan Pablo II frente a las acusaciones de encubrimiento de abusos, reflexiona sobre la Iglesia bajo el comunismo y plantea un futuro basado en comunidades pequeñas y fraternas.

Foto: episkopat.pl

El 1 de octubre de 2026, en el marco del ciclo “Teología con vino” organizado por el Club Jagiellónico en Cracovia, el cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo metropolitano de Cracovia, mantuvo una conversación con el doctor Konstanty Pilawa, doctor en filosofía política y vicepresidente ese club de orientación cristiano-demócrata y conservadora. En ella reflexionó sobre el papel de la Iglesia católica en Polonia durante el régimen comunista, las acusaciones actuales contra Karol Wojtyła —el futuro Juan Pablo II— y los desafíos contemporáneos de la institución. El contenido de ese encuentro fue recogido y publicado el 3 de octubre de 2026 por Gość Niedzielny, un semanario católico polaco de amplia difusión.

La Iglesia bajo el comunismo: ni tan poderosa ni añorada

Polonia vivió entre 1945 y 1989 bajo la República Popular Polaca, un régimen comunista de partido único aliado de la Unión Soviética. En ese periodo, la Iglesia católica fue una de las pocas instituciones con cierto margen de autonomía y un fuerte arraigo popular, aunque sufrió vigilancia, hostigamiento y, en algunos casos, persecución. Karol Wojtyła, nacido en 1920, fue arzobispo de Cracovia antes de ser elegido papa en 1978. Su figura sigue siendo muy venerada en el país, pero en los últimos años ha sido objeto de críticas en reportajes que le atribuyen haber manejado de forma inadecuada casos de abusos sexuales cometidos por clérigos.

El cardenal Wyszynski con el papa Juan Pablo II | Foto: Gov.pl, CC BY 3.0 PL via Wikimedia Commons

El cardenal Ryś rechazó la idea de que la Iglesia de la época de los cardenales Stefan Wyszyński y Karol Wojtyła fuera simplemente una institución “poderosa”. Según explicó, los polacos solo tomaron plena conciencia de su fuerza como comunidad de fe en 1979, durante la primera visita de Juan Pablo II a su país natal. Antes, la Iglesia era más bien un espacio de libertad relativa en un sistema opresivo y, en muchos casos, una comunidad de perseguidos. Ryś aseguró que no añora aquellos tiempos, porque la vida bajo el comunismo no era normal, y que muchas de las actividades que entonces impulsaba la Iglesia —universidades clandestinas o teatros independientes— no formaban parte de su misión esencial.

La libertad mal gestionada tras 1989

Sobre la transición a la democracia después de 1989, el cardenal mostró una visión crítica: “Nadie en Polonia ha sabido gestionar realmente la libertad”. Señaló que la polarización actual, en la que “todos están contra todos”, es la prueba de que la sociedad no estaba preparada para el cambio. Puso como ejemplos el regreso de la enseñanza religiosa a las escuelas —una medida positiva en sí misma, pero mal implementada al descuidar la catequesis parroquial— y el intento de recuperar movimientos como la Acción Católica sin adaptar su espiritualidad a las orientaciones del Concilio Vaticano II, que privilegiaba la imagen de Cristo siervo frente a la de Cristo rey.

Abusos sexuales y el legado de Wojtyła

En cuanto a los abusos sexuales, Ryś insistió en que la tarea del obispo es conocer los hechos, pedir perdón cuando corresponda, llamar a la conversión y a la penitencia, y dejar la investigación histórica a los especialistas. Por eso decidió abrir los archivos eclesiásticos de su diócesis. Subrayó que algunos sacerdotes condenados por delitos graves habían sido, en realidad, colaboradores secretos de la policía política comunista, lo que significa que durante años fueron protegidos por el aparato estatal y no por la Iglesia. “Estoy convencido de que la verdad se defenderá sola”, afirmó.

Respecto a las acusaciones mediáticas que presentan a Karol Wojtyła como alguien que ocultó delitos, el cardenal consideró que “nadie en el mundo entiende lo que está ocurriendo en Polonia en relación con el papa”. Recordó que fue precisamente Juan Pablo II quien, en el año 2000, impulsó un examen de conciencia a gran escala sobre pecados históricos de la Iglesia —violencia en nombre de la fe, antisemitismo o desprecio hacia las mujeres—, a pesar de la resistencia de parte del Colegio Cardenalicio. Ryś advirtió contra el anacronismo de juzgar a Wojtyła con los criterios actuales sobre la pedofilia y la protección de las víctimas: “Era un gran hombre, pero ¿tenía que adelantarse medio siglo en la comprensión de este problema? Creo que no”. Añadió que el propio Wojtyła, como papa, mostró una notable capacidad de aprendizaje sobre este mal y sobre cómo responder a él.

Juan Pablo II bendiciendo a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo

Estas afirmaciones contrastan con críticas anteriores. En su libro The Power and the Glory: Inside the Dark Heart of John Paul II’s Vatican (2007), el periodista británico David Yallop sostiene que Juan Pablo II tuvo conocimiento de abusos sexuales cometidos por clérigos en varios países ya desde los años ochenta. Según el autor, el pontífice protegió a figuras como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, pese a las denuncias existentes, priorizando la salvaguarda de la imagen de la Iglesia y la protección de los clérigos por encima de las víctimas. Yallop, conocido por obras de investigación periodística a menudo controvertidas, presenta estos casos como ejemplo de una respuesta institucional tardía y centrada en el secretismo. Años más tarde, el informe oficial del Vaticano publicado en 2020 sobre el caso de Theodore McCarrick —antiguo cardenal y arzobispo de Washington dimitido del estado clericla en 2019— confirmó que Juan Pablo II fue informado de acusaciones contra él y, aun así, le promovió a sedes importantes.

Por otra parte, el cardenal Ryś también se refirió a las comisiones —nacional y diocesanas— creadas para investigar los abusos. Reconoció la dificultad de encontrar personas competentes y explicó que la comisión de su archidiócesis ha empezado revisando los expedientes de los obispos.

Una Iglesia de comunidades vivas y fraternas

De cara al futuro, Ryś expresó su esperanza de que la Iglesia polaca avance hacia “comunidades vivas, fraternas y pequeñas”, no por debilidad externa, sino por una elección consciente. El modelo deseado es el de una Iglesia en la que cada bautizado se sienta corresponsable y no un simple “asistente a misa”. Este enfoque, según él, es compatible con una Iglesia popular y se ve impulsado por el proceso sinodal. Al mismo tiempo, advirtió sobre la ruptura de la transmisión de la fe entre generaciones dentro de las familias y advirtió tanto contra quienes rechazan el Concilio Vaticano II como contra la tentación de reducir toda la tradición de la Iglesia a ese único concilio.

Cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo de Cracovia | Foto: Daniel Ibáñez / EWTN News

La intervención del cardenal Ryś se produce en un momento en que la Iglesia católica polaca, históricamente muy influyente, enfrenta una pérdida de prestigio social, el impacto de los escándalos de abusos y el desafío de reinventarse en una sociedad más secularizada y polarizada.

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