Hazte socio/a
Última hora:
Todo sobre la tragedia de Urda, #primeroRD

La cruz celta de Emmery: el bosque irlandés que cada otoño se viste de oro

Un silvicultor irlandés Liam Emmery dibujó una enorme cruz con árboles en una ladera de Donegal. Murió antes de que su creación alcanzara notoriedad, pero el cambio de color de los alerces revela cada año su legado

Lacruz de Donegal

En una ladera del condado de Donegal, al noroeste de Irlanda, el otoño descubre una cruz dorada entre los árboles. No es una instalación reciente ni un fenómeno inexplicable. Es el resultado de una plantación cuidadosamente diseñada por el silvicultor Liam Emmery. Se trata de una cruz celta trazada con alerces japoneses, cuyas acículas cambian de color antes de caer, rodeados de árboles de hoja perenne. El contraste hace aparecer el dibujo sobre el fondo verde del bosque.

La cruz de Donegal

La obra se encuentra en Bogay Hill, cerca de Killea, y supera los cien metros de longitud. Las fuentes locales la describen con unas dimensiones aproximadas de 125 por 70 metros. Aunque puede distinguirse desde la carretera entre Killea y Newtown Cunningham, la perspectiva aérea permite apreciar mejor el conjunto, con los brazos de la cruz y el círculo que identifica su forma celta.

Una obra que necesitó años para revelarse

Emmery ideó la plantación a comienzos de los años 2000. Su trabajo exigía imaginar algo que todavía no podía verse, desde el tamaño que alcanzarían los árboles, hasta la separación entre ellos y el efecto que producirían las distintas especies sobre la ladera. La información turística local sitúa la intervención en una plantación de más de 3.000 árboles de dos tipos, con los alerces japoneses formando la cruz.

No trabajó con piedra ni con pintura, sino con crecimiento, estaciones y paciencia. La figura necesitaba tiempo para adquirir presencia en el paisaje.

De hecho, su autor no llegó a contemplar la notoriedad que alcanzaría. Emmery murió en 2010, a los 51 años. En el otoño de 2016, pasajeros que se aproximaban al aeropuerto de Derry repararon en la enorme cruz del bosque. Las imágenes comenzaron a circular y la historia del silvicultor quedó asociada a aquel dibujo vegetal.

La obra pasó a conocerse como la cruz celta de Emmery, también escrito ‘Emery’ en algunas publicaciones. Detrás de la imagen sorprendente había una persona y una decisión tomada muchos años antes.

El otoño hace visible el dibujo

El efecto depende del comportamiento de los árboles. El alerce japonés es una conífera que pierde sus acículas: antes de desprenderse de ellas, estas adquieren tonos amarillos y dorados. Los árboles perennes del entorno conservan el verde y proporcionan el fondo sobre el que se recorta la figura.

Por eso la cruz resulta especialmente llamativa durante el otoño, aunque su apariencia varía con el avance de la estación. No aparece de la nada, aunque el cambio de color permite reconocer un diseño que llevaba ahí todo el tiempo.

La cruz de Donegal

Esa transformación anual explica parte de su atractivo. La misma ladera ofrece una imagen distinta según el momento del año, y la obra permanece ligada al ritmo del bosque.

Un símbolo irlandés hecho de árboles

La forma elegida remite a una de las imágenes más reconocibles del patrimonio religioso de Irlanda: la cruz celta, caracterizada por el círculo que rodea la intersección de sus brazos. Las grandes cruces de piedra forman parte del legado cristiano medieval de la isla. Emmery trasladó esa figura al paisaje mediante una plantación.

Sin un testimonio directo de su autor, no conviene atribuirle un mensaje religioso más preciso. Lo que sí puede afirmarse es que eligió un símbolo estrechamente vinculado a la historia y la identidad irlandesas y lo convirtió en una obra viva.

También su permanencia es distinta de la de un monumento de piedra. Los árboles crecen, cambian y envejecen. La cruz no queda fijada de una vez para siempre: depende de la vida del bosque que la sostiene.

El nombre detrás de la imagen

Las fotografías aéreas han convertido la cruz en una estampa muy difundida de Donegal. El fotógrafo Gareth Wray figura entre quienes han documentado y dado a conocer su presencia en el paisaje. Sus imágenes permiten reconocer la escala de una obra que, desde el suelo, cuesta abarcar.

Pero la historia que acompaña esas fotografías evita que todo termine en una curiosidad visual. Liam Emmery dejó un trabajo cuyo resultado más conocido llegó después de su muerte. No pudo asistir a la sorpresa de quienes lo descubrieron desde un avión ni a la difusión de su nombre junto al de la cruz.

La cruz de Donegal

Cada otoño, el cambio de color devuelve visibilidad a aquella decisión. En la ladera de Bogay Hill, el legado del silvicultor sigue creciendo con los árboles que plantó.

También te puede interesar

Lo último