Cupich, sobre el ataque a Irán: "Cuando se viola el principio de la soberanía de una nación, podemos encontrar cualquier excusa para declarar la guerra"
"Creo que es muy discutible el motivo por el que lanzar ataques militares si no existe una amenaza inmediata que neutralizar. Por lo que yo sé, no había ninguna amenaza inmediata, esto formaba parte de lo que estaba sucediendo en este país"
(Deborah Castellano Lubov, Vatican News).- Una vez que se abre la puerta con los ataques, es muy difícil cerrarla y la situación puede descontrolarse muy rápidamente. En una amplia entrevista con los medios de comunicación vaticanos, el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, lanza una advertencia, reflexionando sobre las tensiones tanto en el extranjero como en Estados Unidos.
Tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel que, el sábado 28 de febrero, golpearon Teherán y varias ciudades iraníes, Irán inició una represalia atacando aeropuertos, puertos e instalaciones civiles en varias zonas de la región del Golfo, en particular en ciudades como Doha, Manama y Kuwait City. En el Ángelus del domingo 1 de marzo, el Papa León XIV hizo un apremiante llamamiento a las partes implicadas para que, «ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones», asumieran «la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable».
El arzobispo reflexiona, por tanto, sobre los dramáticos acontecimientos en Oriente Medio y en todo el mundo, así como sobre el poder de la voz del Papa, con una consideración también sobre la capacidad de León XIV para unificar su propio país, Estados Unidos, ante tantos otros retos, especialmente los que se viven a lo largo de las fronteras. Cupich se detiene luego en lo que significa para Chicago que uno de sus ciudadanos se haya convertido en pontífice y en el efecto que esto está teniendo en la Iglesia.
Pregunta. Eminencia, ¿cuál es la contribución del Papa León a la paz? El Santo Padre hizo un apremiante llamamiento el domingo durante el Ángelus. ¿Qué importancia tiene su voz ante las actuales tensiones globales?
Respuesta. Lo que el Santo Padre está haciendo es simplemente recordar los principios por los que las naciones acordaron, desde la Segunda Guerra Mundial, abordar tensiones, conflictos y controversias. En este período, en estos ochenta años, hemos tenido la oportunidad y la capacidad, a través de las Naciones Unidas y otros organismos, de respetar los derechos humanos, así como la soberanía de las naciones, abordando las controversias de diferentes maneras. Lo que el Santo Padre está haciendo es intentar recordarnos esto, para que no se pierda todo, lo cual es un riesgo grave. Está desempeñando un papel importante, hablando en nombre de todas aquellas personas preocupadas por lo que puede suceder.
P. Con los recientes acontecimientos en Oriente Medio, el mundo está viviendo un momento de gran tensión y miedo. ¿Cómo está viviendo estos días? ¿Y cuál es su oración en este momento?
R. Me he unido al cardenal Joseph Tobin (arzobispo de Newark) y al cardenal Robert McElroy (arzobispo de Washington D.C.) para emitir una declaración sobre todo esto, justo en el momento en que Estados Unidos estaba interviniendo, o amenazando con intervenir, por ejemplo, en Groenlandia y Venezuela. Previmos que, de hecho, sucederían otras cosas si no cambiábamos de rumbo. Y esto está teniendo un impacto en la vida de las personas. Casi mil personas han muerto en esta última intervención con Irán. También estamos viendo el uso de las armas como una forma de resolver las dificultades. Cuando se empieza a adoptar este enfoque, se emprende un camino del que es muy difícil regresar. Y esto es cada vez más visible en este momento concreto. Creo que la gente tiene miedo. No tienen ni idea de cómo va a terminar y la situación puede descontrolarse muy rápidamente.
P. Quizás muchos estén aceptando que la guerra ha vuelto a ser una forma normal de resolver las controversias internacionales. ¿Qué diría al respecto?
R. Diría que, como mundo, ya hemos recorrido ese camino en el pasado. Recordemos que la Primera Guerra Mundial comenzó con el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo. Luego estalló en un gran conflicto cuando Francisco José declaró la guerra en nombre del Imperio austriaco, pensando que sería una solución rápida a un problema. Pues bien, siguieron años de terrible conflicto, en los que murieron millones de personas. Por lo tanto, una vez abierta esa puerta, es muy difícil cerrarla.
P. En su opinión, eminencia, ¿es legítimo lanzar ataques militares contra un país soberano y en qué condiciones?
R. Creo que es muy discutible el motivo por el que lanzar ataques militares si no existe una amenaza inmediata que neutralizar. Por lo que yo sé, no había ninguna amenaza inmediata, esto formaba parte de lo que estaba sucediendo en este país. Se nos había dicho que las capacidades nucleares de Irán, del Gobierno iraní, habían sido neutralizadas por un bombardeo ocurrido meses atrás. Por lo tanto, la soberanía de una nación es muy importante. Tenemos el mismo problema con la guerra en Ucrania. Cuando, de hecho, se viola el principio de la soberanía de una nación, entonces podemos encontrar cualquier excusa para seguir adelante y declarar la guerra. Este es un principio que debemos salvaguardar y forma parte de ese «consenso» que se ha vivido desde la Segunda Guerra Mundial.
P. Diez días después del discurso del Papa León XIV al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, usted y otros dos cardenales estadounidenses emitieron una declaración conjunta en la que rechazaban la guerra e instaban a Estados Unidos a adoptar una política exterior basada en la paz, la dignidad humana y la libertad religiosa. En el texto se señala, además, que los acontecimientos en Venezuela, Ucrania y Groenlandia plantean cuestiones fundamentales sobre la fuerza militar y el significado de la paz. Con los últimos ataques en Oriente Medio, ¿qué papel debería desempeñar la Iglesia católica en la promoción de la diplomacia frente a la escalada de violencia?
R. A través de nuestras sedes diplomáticas en todo el mundo, llevamos a cabo una intensa labor diplomática, lo cual es de vital importancia no solo para unir a las personas, sino también para obtener información de primera mano, fundamental en estos momentos. El Santo Padre lo mencionó en su discurso al Cuerpo Diplomático el 9 de enero, en el que afirmó que estamos entrando en una época de relativismo en la que la verdad se convierte ahora en una cuestión de opinión. Se reduce a una opinión. Si no nos comprometemos a decir realmente lo que es verdad, entonces creo que viviremos en un mundo de ilusiones. Por lo tanto, la Santa Sede, el Santo Padre, pueden llamar al resto del mundo a reconocer lo que es verdaderamente cierto, en lugar de basarse en opiniones o en las fake news, como se las denomina comúnmente.
P. La sociedad estadounidense e incluso la Iglesia, parecen bastante polarizadas. ¿Cómo puede la Iglesia ser o convertirse en una fuerza de unidad en lugar de división? ¿Está el Papa León contribuyendo a promover una mayor unidad?
R. Esa es una pregunta muy importante. Cuando emitimos nuestra declaración a principios de año, los tres cardenales decidimos que, de hecho, queríamos ofrecer a nuestros fieles el lenguaje con el que comprender lo que está sucediendo. Creo que eso es lo que está haciendo también el Papa, porque una vez que se empieza, de hecho, a atacar a personalidades o individuos, se pierde terreno. Lo que podemos hacer para ponernos al servicio de la gente es ayudarles a comprender lo que está sucediendo, proporcionarles el lenguaje con el que ver y enmarcar estos problemas, y comprender lo que está en juego cada vez que ignoramos los principios de vivir en este mundo por el bien común. Si logramos hacer todo esto y transmitirlo a las personas, entonces podremos avanzar y superar esta polarización. Se trata de ayudar a nuestros pueblos a comprender lo que realmente está sucediendo. Esta es una contribución importante.
P. En los últimos meses, la Iglesia estadounidense se ha visto a menudo obligada a intervenir en las políticas migratorias del gobierno, alzando la voz en defensa de los migrantes. ¿Qué principios desea reafirmar?
R. En el centro está el respeto a la dignidad humana. Este es el principio fundamental. La dignidad humana debe respetarse no solo en el modo en el que las personas son capturadas sino también cuando se separan las familias, cuando no se respeta el hecho de que las personas que han estado en Estados Unidos durante muchos años sin documentos han contribuido de muchas maneras al sustento no solo de su familia, sino de la sociedad que las humilla con un lenguaje deshumanizante. En este caso se viola la dignidad humana y por eso hemos alzado la voz. Había una frase en particular en la declaración de noviembre de nuestra Conferencia Episcopal en la que se reiteraba la oposición a las deportaciones masivas indiscriminadas de personas. Esto llamó la atención del mundo y ayudó a nuestra gente a comprender lo que estaba en juego, porque eso era precisamente lo que estaba ocurriendo: la deportación masiva e indiscriminada de personas, sin tener en cuenta las diferentes circunstancias que las habían llevado hasta aquí y el hecho de que, como país, hemos ignorado durante demasiado tiempo la necesidad de una reforma migratoria significativa.
P. Las políticas migratorias son una cuestión política que divide profundamente a la opinión pública. ¿Cuál es el camino para conciliar el respeto de la ley y los derechos de las personas?
R. Siempre hemos afirmado que una nación tiene la obligación y el derecho de defenderse, de defender sus fronteras y de protegerlas. Esto nunca ha sido un problema para la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, no se puede hacer a expensas de la dignidad de las personas. La defensa y el respeto son dos cosas que pueden ir de la mano. No son opuestas entre sí. Lo hemos hecho en el pasado. Se puede garantizar que no se violen los derechos de las personas, que no se viva con miedo, como hemos visto en Estados Unidos, donde comunidades como la de Minnesota están divididas, donde la gente se rebela para decir que se está cometiendo un error, hasta el punto de llegar a tener disturbios civiles en nuestras ciudades. Hemos pedido constantemente a los legisladores y a la administración que lleven a cabo una reforma migratoria significativa. Podremos abordar este problema si ellos realmente hacen su trabajo.
Nosotros, como líderes de la Iglesia, debemos hacer es ayudar a nuestros fieles a comprender cuál es el lenguaje con el que deben discutir estas cuestiones. Si utilizan el lenguaje de la política partidista, o incluso de un gobierno que quiere garantizar una determinada política, estamos perdidos
P. ¿Cómo deberían comprometerse los católicos con la política hoy en día, especialmente en un clima en el que la fe se utiliza a menudo de forma partidista?
R. Creo que debemos asegurarnos de que nadie comprometa el Evangelio en favor de una visión política partidista. Lo que transmitimos son las verdades del Evangelio. Y, como he dicho antes, lo que nosotros, como líderes de la Iglesia, debemos hacer es ayudar a nuestros fieles a comprender cuál es el lenguaje con el que deben discutir estas cuestiones. Si utilizan el lenguaje de la política partidista, o incluso de un gobierno que quiere garantizar una determinada política, estamos perdidos. Creo que debemos mirar estas cuestiones a través del prisma de lo que nos dice el Evangelio. Esa es la tarea de los obispos: recordar a la gente quiénes somos, por qué decimos lo que decimos, por qué hacemos lo que hacemos como cristianos, basándonos en los valores fundamentales del Evangelio.
P. Usted es arzobispo de Chicago, la ciudad donde nació y pasó parte de su vida el Papa León XIV. ¿Qué significa para Chicago dar un Papa a la Iglesia universal? ¿Y cómo ha vivido la ciudad, la llamada «ciudad del viento», este primer año de su pontificado?
R. Creo que hay un orgullo justificado en poder decir que aquí ha nacido un Papa. No es solo el hecho de que sea de Chicago, sino que su vida ha sido, en cierto modo, moldeada por la cultura de Chicago, donde la gente trabaja duro, ama a sus familias y aprecia el sabor internacional de la propia ciudad. Por ejemplo, en Chicago celebramos la misa en 26 idiomas. Y todo esto forma parte de la identidad del Santo Padre. Creo que estamos muy orgullosos de ello. Celebramos en el estadio de los Chicago White Sox, el 14 de junio. Miles de personas se presentaron, algunas no católicas, solo para expresar su orgullo por la elección del Santo Padre. Se dirigió a la gente, ofreciéndoles, sobre todo a los jóvenes, a través de un video producido por él y que mostramos, una forma de reflexionar sobre lo que significa su fe. Por ejemplo, durante el rito de la elección, la semana pasada, en las cuatro ceremonias que celebramos, hemos asistido a un aumento del 20 % en el número de jóvenes, de entre 20 y 35 años, que han entrado en la Iglesia, que han elegido ser bautizados o que han entrado en plena comunión con la Iglesia. Así que algo se está moviendo en las personas. Es el Espíritu Santo, pero también creo que es la elección del Santo Padre.
Solo podremos influir en la política mundial, en las acciones mundiales, si permanecemos verdaderamente fieles al Evangelio
P. ¿Hay algo más que quiera añadir, eminencia?
R. Solo quiero asegurarme de que nosotros, como mundo, como cristianos en el mundo, sigamos adhiriéndonos al Evangelio en estos tiempos tan turbulentos. Será la luz para nosotros. Puede que no sepamos o estemos confundidos sobre cuál es el camino a seguir, pero debemos recordar que Jesús dice: «Yo soy el camino». Y, por lo tanto, debemos prestar atención a lo que tiene que decir, no a las políticas partidistas, no a la diatriba de un programa concreto de un país, sino permanecer fieles a lo que nos dice el Evangelio. Esta es nuestra tarea, como miembros de la jerarquía eclesiástica: decirle a la gente en qué creemos realmente y por qué lo creemos. Pero solo podremos influir en la política mundial, en las acciones mundiales, si permanecemos verdaderamente fieles al Evangelio.
