El derecho de los fieles a defenderse sigue siendo letra muerta, denuncia un canonista alemán
Un canonista alemán denuncia que, tras más de medio siglo de debates, la Iglesia sigue sin ofrecer a los fieles una protección jurídica real frente a las decisiones de la jerarquía.
Desde hace más de medio siglo se debaten en la Iglesia católica, y de forma especialmente intensa en Alemania, la creación de tribunales administrativos eclesiásticos que permitan a los fieles defenderse de decisiones injustas o desproporcionadas de la jerarquía. En un artículo publicado el 30 de septiembre de 2026 en Herder Korrespondenz, la prestigiosa revista teológica alemana, el canonista Thomas Neumann no se limita a describir el problema: pone el dedo en la llaga y pregunta con claridad por qué, después de décadas de palabras, casi nadie actúa.
Un derecho reconocido… y casi imposible de ejercer
El Código de Derecho Canónico reconoce a todos los fieles el derecho a hacer valer y defender legítimamente los derechos que poseen en la Iglesia (c. 221 § 1). Los tribunales administrativos se ocuparían únicamente de revisar actos de la potestad ejecutiva: traslados de cargos, disoluciones de parroquias, cierre de escuelas católicas, profanación de lugares sagrados, denegación de permisos económicos o restricciones del ministerio sacerdotal.
Hoy el único camino ordinario es el recurso jerárquico: primero se pide al propio obispo que revoque o modifique su decisión; si no lo hace, se eleva el asunto al dicasterio romano competente y, en última instancia, a la Signatura Apostólica. Según las cifras de 2023, la Signatura tramitó solo 83 causas administrativas en todo el mundo. Para una Iglesia de 1.400 millones de fieles, la cifra es ridículamente baja. El procedimiento es largo, opaco y desanima a la inmensa mayoría.
Lo que ya se podría hacer… y no se hace
El propio Derecho Canónico anima a evitar los litigios mediante soluciones equitativas y prevé expresamente la creación de oficinas de mediación (c. 1733). Francia, Países Bajos, Nigeria y varias diócesis de Estados Unidos las tienen desde hace décadas. En Alemania, la diócesis de Münster inauguró una en marzo de 2025… y recibió más críticas que aplausos, incluso entre algunos canonistas. El mensaje parece claro: mejor no molestar al sistema.
Neumann es directo: los obispos no necesitan esperar a Roma. Podrían crear ya puntos de asesoramiento que ayuden a los fieles a presentar recursos, formar más abogados eclesiásticos, exigir que los decretos vayan siempre motivados y notificados con indicación de los recursos posibles, y abandonar el modelo administrativo jerárquico de herencia napoleónica a favor de uno más colegial, en el que ninguna decisión importante dependa de una sola persona.
¿Símbolo o derecho real?
La pregunta final del autor a los obispos alemanes no deja mucho margen a la ambigüedad: ¿quieren seguir contentándose con gestos simbólicos o están dispuestos a ofrecer ya un derecho de defensa efectivo a los fieles? Si es lo segundo, tienen el deber canónico de actuar ahora. Después de 54 años de debates, las palabras sobran.