"Groenlandia no está a la venta": el grito moral de la obispa luterana Munk
"Una cuestión de derechos humanos, dignidad y respeto al derecho internacional”
La obispa luterana de Groenlandia, Paneeraq Siegstad Munk, ha respondido con una frase sencilla y demoledora al plan de Donald Trump de anexionar la isla ártica a Estados Unidos: “Somos seres humanos, no propiedad”. La nota, difundida por la agencia KNA y publicada por el portal alemán katholisch.de, subraya que “Groenlandia no está en venta” y que lo que está en juego no es solo un mapa, sino “una cuestión de derechos humanos, dignidad y respeto al derecho internacional”.
Según recoge katholisch.de, Paneeraq Siegstad Munk, de 48 años, obispa de la Iglesia Evangélica Luterana de Groenlandia, se opone frontalmente al intento de Washington de “confiscar la isla ártica, rica en recursos”. “Somos seres humanos, no propiedad”, declaró el lunes, en palabras difundidas por el Consejo Mundial de Iglesias. “Groenlandia no está en venta”, insistió, en una clara alusión a las declaraciones de Donald Trump, que ha reiterado que la isla “debería pasar a formar parte de Estados Unidos”, ya sea “mediante compra o por las malas”, apelando a supuestas razones de “seguridad nacional”.
Munk enmarca el pulso en claves éticas y jurídicas: “Se trata de una cuestión de derechos humanos, dignidad y respeto al derecho internacional”, afirma. Sus palabras llegan en un momento en que la Casa Blanca ha abierto incluso la puerta a una acción militar para “asumir el control de Groenlandia”, mientras varios gobiernos europeos recuerdan que “el mundo ya no vive en la era en la que Luisiana podía comprarse o venderse”.
Contra las anexiones sin pueblo
La obispa alerta del clima de inquietud que vive la población local: las reiteradas declaraciones de Trump han provocado “preocupación entre muchos groenlandeses”, que temen ver negociado su territorio como si fuera un simple activo estratégico. Munk subraya que “bajo ninguna circunstancia se deben imponer reivindicaciones territoriales contra la voluntad de la población” y recuerda que ella misma reza cada domingo “por el Reino de Dinamarca y el gobierno autónomo de Groenlandia”, reivindicando así el marco actual de autonomía dentro de la corona danesa.
La nota de katholisch.de recuerda que alrededor del 95% de los 57.000 habitantes de Groenlandia pertenecen a la Iglesia Evangélica Luterana local, parte de la Iglesia Nacional Danesa, y que la diócesis insular existe desde 1993 y está dirigida por Munk desde 2020. Ese peso religioso da un relieve especial a su pronunciamiento: no habla solo una voz individual, sino la responsable pastoral de una comunidad que, en su aplastante mayoría, se siente tratada como “propiedad” en los discursos de Washington.
Fe, dignidad y geopolítica ártica
El caso de Groenlandia se ha convertido en símbolo de una nueva carrera geopolítica por el Ártico, donde el deshielo abre rutas y recursos y potencias como Estados Unidos, Rusia, China o la Unión Europea pugnan por influencia. En ese contexto, la voz de Munk introduce un contrapunto teológico y humanista: los territorios no son fichas, porque detrás de cada mapa hay pueblos concretos, con historia, cultura y derechos. Al decir “somos seres humanos, no propiedad”, la obispa desvela la lógica de fondo de cierto discurso de seguridad nacional que reduce comunidades enteras a objeto de compra, intercambio o “protección” condicionada a la soberanía.
Frente a un presidente que ha llegado a afirmar que “necesitamos Groenlandia para garantizar la seguridad nacional y Dinamarca no está en capacidad de hacerlo”, la obispa recuerda que la primera seguridad que debe garantizarse es la de la propia población groenlandesa: su derecho a decidir, a no ser moneda de cambio y a no ser convertida en botín estratégico. En tiempos de nuevas ambiciones imperiales, la frase nacida en Nuuk resume mejor que muchos informes diplomáticos la cuestión de fondo: ninguna doctrina geopolítica puede legitimar tratar a un pueblo como si fuera una finca en venta.