León XIV llega a una Francia que apenas lo conoce
Antes de pedir a Francia que escuche su mensaje, León XIV tendrá que romper ese “techo de cristal mediático” que todavía lo separa de una amplia mayoría de la población
Un sondeo del Instituto Francés de Opinión Pública (Ifop) revela que León XIV sigue siendo un Papa poco conocido en Francia, incluso entre una parte significativa de los católicos practicantes. La encuesta, publicada por Aleteia y realizada para Famille Chrétienne, RCF–Radio Notre Dame y el propio medio digital católico, sitúa en la paz, la pobreza y la crisis de los abusos las principales expectativas ante su visita al país.
Un Papa aún distante
Más de un año después de su elección, León XIV no ha logrado todavía dejar una huella reconocible en la opinión pública francesa. El dato más expresivo del estudio de Ifop es que el 58% de los franceses considera que el Pontífice defiende los valores del catolicismo “ni bien ni mal”, mientras que sólo el 32% cree que los defiende “más bien bien”.
Para Jérôme Fourquet, director del departamento de Opinión de Ifop, esa respuesta no debe interpretarse como indiferencia, sino como desconocimiento. El Papa estadounidense aún no ha atravesado, en palabras del sociólogo, un auténtico “muro del sonido mediático”. Es decir, todavía no ha adquirido el nivel de visibilidad pública que tuvieron, especialmente, Francisco y, en su momento, Benedicto XVI.
La distancia se percibe incluso entre quienes practican la fe católica. El 57% de los practicantes estima que León XIV defiende bien los valores católicos, pero un 31% responde igualmente que lo hace “ni bien ni mal”. La visita papal aparece así no sólo como un acontecimiento religioso, sino como una oportunidad elemental de presentación, para que Francia conozca al nuevo obispo de Roma.
Jefe religioso o voz moral
La encuesta señala además una percepción limitada de la autoridad pública del Papa. Para el 41% de los franceses, León XIV es ante todo “el jefe de una institución religiosa que se dirige principalmente a los católicos”. Sólo el 21% lo identifica como “un líder espiritual, una voz moral importante en el debate público”, mientras que el 26% no expresa opinión.
Entre los católicos practicantes, sin embargo, el reconocimiento de esa dimensión moral crece, dado que el 40% ve ya en León XIV una voz relevante para la influencia social. El contraste retrata a una Francia secularizada, donde el papado conserva una presencia institucional y simbólica, pero su capacidad de interpelar a la sociedad entera depende menos de su autoridad religiosa que de los asuntos sobre los que tome la palabra.
Ahí reside, precisamente, el desafío de la visita: no limitarse a confirmar a los convencidos, sino llegar también a quienes observan a la Iglesia desde la distancia, con curiosidad, prevención o escaso conocimiento de sus debates internos.
La paz, primera expectativa
La paz y los conflictos internacionales constituyen el asunto que más franceses quieren escuchar de boca de León XIV. De hecho, lo reclama el 51% de los encuestados. Según Fourquet, los franceses siguen atribuyendo al Papa dos grandes misiones públicas: hablar de la paz y preocuparse por los más pobres.
En un contexto marcado por guerras, incertidumbre geopolítica y ansiedad social, el Pontífice conserva un potencial de autoridad que no depende de la práctica religiosa. Puede representar, para una parte de la población, una figura de estabilidad, mesura y llamada a la responsabilidad colectiva. La paz es, por ello, el terreno en el que la voz papal conserva mayor legitimidad transversal.
El segundo asunto más destacado es la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia, dado que el 32% de los franceses y el 37% de los católicos practicantes desean que León XIV lo aborde.
La prevista reunión con víctimas en Lourdes será, por tanto, uno de los momentos más observados de la visita. El estudio refleja que las revelaciones y escándalos de los abusos del clero han “marcado, conmocionado y herido” profundamente a la sociedad francesa.
No se trata sólo de hablar de reparación, protocolos o transparencia. Para muchos ciudadanos, la credibilidad de cualquier palabra eclesial sobre el Evangelio, la dignidad humana o la justicia dependerá de que la Iglesia afronte esta herida con verdad, escucha y responsabilidad.
Expectativas distintas
Tema que esperan escuchar
Conjunto de franceses
Católicos practicantes
Paz y conflictos del mundo
51%
El estudio lo sitúa como prioridad transversal
Abusos sexuales en la Iglesia
32%
37%
Educación y enseñanza católica
10%
19%
Bioética —aborto, final de vida, reproducción asistida—
12%
17%
Catecúmenos
6%
12%
Inteligencia artificial
6%
9%
Evangelización
No destacado
8%
La tabla dibuja dos Francias religiosas. La primera, mayoritaria y secularizada, espera del Papa una palabra sobre cuestiones universales: paz, pobreza, abusos, justicia y estabilidad social. La segunda, formada por católicos practicantes, desea además orientaciones para la escuela católica, la bioética, la transmisión de la fe y el acompañamiento de los nuevos bautizados adultos.
El contraste no implica necesariamente una ruptura, pero sí exige que León XIV encuentre lenguajes capaces de hablar a ambas realidades. Las cuestiones de familia o bioética movilizan a una parte del catolicismo, pero despiertan escasa expectativa -e incluso resistencia- en el conjunto de la ciudadanía francesa. Según Fourquet, la palabra eclesial sigue resultando más audible cuando aborda la pobreza, la paz, los excesos del capitalismo financiero o los efectos sociales de la inteligencia artificial.
¿Una “generación León”?
La visita suscita, sobre todo entre los católicos, una expectativa de revitalización. El 26% del conjunto de los franceses considera que el viaje puede dar “un nuevo impulso” a la Iglesia en Francia. El porcentaje asciende al 35% entre los católicos y alcanza el 41% entre quienes practican regularmente.
Ese dato ayuda a entender la movilización en torno a los preparativos de las etapas previstas en París, Lourdes y Metz. Para una comunidad consciente de ser minoritaria en una sociedad cada vez más secular, la visita representa una ocasión para recuperar ánimo, hacer visible su presencia y renovar su capacidad de propuesta.
Fourquet llega a plantear la posibilidad de una futura “generación León”, en paralelo con la “generación JMJ” que surgió tras la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en París en 1997. La comparación no es una predicción cerrada, sino una señal de esperanza, dado que muchos católicos esperan que el viaje despierte vocaciones, compromisos y una nueva energía evangelizadora.
Pero el reto principal será más sencillo y más exigente: hacerse conocer. Antes de pedir a Francia que escuche su mensaje, León XIV tendrá que romper ese “techo de cristal mediático” que todavía lo separa de una amplia mayoría de la población. La visita puede ser el comienzo de ese encuentro entre la mayoría social francesa y un Papa todavía lejano para muchos, pero que conserva la posibilidad de hablar al país, si sitúa en el centro la paz, los pobres, las víctimas y una esperanza creíble.