Medjugorje: un documento interno revela las profundas dudas del Vaticano sobre las apariciones

Un documento de 2016 muestra que la mayoría de altos cargos vaticanos se opuso a reconocer el origen sobrenatural de las apariciones

Foto: medjugorje.hr

Cada año, entre dos y tres millones de personas se dirigen a Medjugorje, un pequeño pueblo de Bosnia-Herzegovina. Desde 1981, un grupo de jóvenes asegura recibir mensajes de la Virgen María. Se estima que las supuestas apariciones superan ya las 40.000. Para muchos católicos, el lugar se ha convertido en un espacio de fe intensa y conversión. Para la Iglesia, en cambio, representa desde hace más de cuatro décadas un foco de tensiones, investigaciones interminables y decisiones siempre aplazadas.

En esta región de los Balcanes, de mayoría croata católica, la atención pastoral de Medjugorje ha estado tradicionalmente en manos de frailes franciscanos. Ese detalle no es anecdótico: pesa de forma decisiva en toda la controversia.

Un conflicto anterior a las apariciones

Mucho antes de que los videntes comenzaran a hablar de la Virgen, la Iglesia local arrastraba un enfrentamiento conocido como el “caso de Herzegovina”. Durante siglos, bajo el dominio otomano, los franciscanos fueron prácticamente los únicos sacerdotes que pudieron ejercer el ministerio en la zona. Cuando a finales del siglo XIX se restableció una estructura diocesana ordinaria, el Vaticano ordenó que parte de las parroquias pasaran a sacerdotes diocesanos. Una fracción importante de los franciscanos se opuso. El conflicto se prolongó durante décadas y alcanzó su momento más tenso en los años setenta y ochenta.

Cuando en 1980 Pavao Žanić tomó posesión como obispo de Mostar-Duvno, el problema seguía vivo. Poco después estallaron las apariciones en Medjugorje, parroquia regentada precisamente por franciscanos. El clima de confrontación entre el prelado y algunos frailes condicionó desde el primer momento la valoración de los hechos.

Pavao Žanić, obispo de Mostar-Duvno
Pavao Žanić, obispo de Mostar-Duvno

Al principio, Žanić les creyó a los jóvenes. Nombró una comisión de investigación. Todo cambió cuando tres de ellos le transmitieron un mensaje en el que la “Gospa” —como llaman a la Virgen— criticaba la destitución de dos franciscanos. El obispo empezó a dudar. En 1983 envió a Roma un informe confidencial cargado de reservas. Tres años después, la comisión diocesana concluyó que no podía afirmarse el carácter sobrenatural de las apariciones. En 1991, una segunda comisión, esta vez de la conferencia episcopal yugoslava, ratificó la misma cautela: no existían elementos suficientes para hablar de fenómenos sobrenaturales.

Comisiones, papas y escepticismo

Las peregrinaciones no dejaron de crecer. Muchos fieles reclamaban una palabra clara del Papa. Circulaban rumores de que Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger —futuro Benedicto XVI— veían con simpatía los sucesos de Medjugorje. El propio Ratzinger se encargó de desmentirlos por escrito.

Fue Benedicto XVI quien, en 2010, encargó una comisión internacional presidida por el cardenal Camillo Ruini. Tras cuatro años de trabajo, el informe ofreció tres conclusiones principales: las primeras siete apariciones de 1981 merecían un estudio más profundo; las posteriores generaban serias dudas; y, sin embargo, los frutos espirituales entre los peregrinos resultaban innegables.

Santuario de Medjugorje
Santuario de Medjugorje | Foto: Vatican News

El papa Francisco recibió el documento y, según confesó más tarde, se sintió desconcertado al ver que dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe circulaban opiniones contrarias al informe, como si se quisiera relativizar sus conclusiones. Él mismo, no obstante, se mostró incluso más escéptico que la comisión respecto a las apariciones posteriores. En la rueda de prensa del vuelo de regreso de Fátima, en mayo de 2017, afirmó: «Yo personalmente soy más “malo”: prefiero a la Virgen como madre, nuestra madre, y no a la Virgen jefa de una oficina de telégrafos que todos los días envía un mensaje a una hora determinada… esa no es la mamá de Jesús. Y estas presuntas apariciones no tienen mucho valor». Aun así, ese mismo año envió un enviado especial y en 2019 autorizó las peregrinaciones oficiales, aunque sin reconocer las apariciones.

El giro de 2024 y el documento filtrado

En 2024 el Vaticano dio un paso significativo. Tras modificar las normas sobre apariciones marianas —la Iglesia ya no se pronuncia de forma definitiva sobre su carácter sobrenatural—, autorizó el culto público en Medjugorje en atención a los “frutos positivos” que produce en la vida de los fieles. Dejó claro, sin embargo, que esa autorización no equivalía a declarar auténticas las apariciones.

Colina de las apariciones en Medjugorje
Colina de las apariciones en Medjugorje | Foto: Joe Walsh Tours

Precisamente en este contexto ha vuelto a cobrar fuerza un documento interno del Vaticano de 2016, dado a conocer por el periodista italiano David Murgia y recogido ahora en un reportaje de Ayleen Over y Mario Trifunovic publicado el 3 de octubre en katholisch.de, el principal portal de información de la Iglesia católica en Alemania. Según ese texto, la mayoría de los miembros de la Congregación para la Doctrina de la Fe y otros expertos consultados se pronunciaron en contra de reconocer el origen sobrenatural de las apariciones: 21 votos en contra, nueve a favor y tres indecisos. El periodista aportó una lista de 33 nombres de cardenales, obispos y expertos que habrían participado en la consulta. Entre ellos figuran, entre otros, Gerhard Ludwig Müller, Christoph Schönborn, Peter Turkson, Angelo Scola, Kurt Koch, Marc Ouellet, Camillo Ruini, Vinko Puljić, Josip Bozanić, Angelo Amato, Rino Fisichella, Luis Ladaria y Charles Scicluna.

Si el documento resulta auténtico, confirma que el escepticismo dentro de las altas instancias del Vaticano era considerablemente mayor de lo que la apertura pastoral de 2024 podría hacer pensar.

Una solución a medias

La Iglesia ha optado por una vía intermedia. Permite y valora las peregrinaciones y los frutos espirituales, pero se resiste a pronunciarse sobre si la Virgen se apareció realmente en Medjugorje. Para millones de fieles, el lugar queda eclesialmente legitimado. Para los críticos, la pregunta de fondo permanece intacta: qué ocurrió realmente en aquel monte hace más de cuatro décadas.

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