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De musulmán a sacerdote católico: la historia excepcional de Senad Mrkaljevic

En Alemania viven alrededor de siete millones de musulmanes. Uno de ellos era Senad Mrkaljevic, hasta que hace unos años decidió convertirse al catolicismo. Hoy es sacerdote, lo que representa una absoluta excepción en el país.

Foto: © KNA/Nina Schmedding

(katholisch.de).- Cuando entró en una iglesia por primera vez a sus veintitantos años, se sintió inseguro. «Me costó un gran esfuerzo cruzar esa puerta», recuerda. «Me preguntaba a mí mismo si estaba bien lo que estaba haciendo».

Desde hace unas semanas, este hombre de 41 años es sacerdote católico. Fue ordenado en la catedral de Berlín por el arzobispo Heiner Koch, un hecho que lo convierte en un fenómeno único en Alemania: según los registros eclesiásticos, no hay ningún otro clérigo católico en todo el país con un pasado similar.

Sin embargo, esto no significa que sea un caso inédito en el mundo. Antuan Ilgit, nacido en la región alemana de Baviera de padres turcos y criado en Turquía, fue nombrado por el papa Francisco como obispo auxiliar en Anatolia (Turquía). Este economista se convirtió del islam al cristianismo en su edad adulta y es el primer miembro de la orden de los jesuitas con nacionalidad turca.

El jesuita Antuan Ilgit, hoy obispo auxiliar en el vicariato apostólico de Anatolia (Turquía) | Foto: ©IMAGO / Avalon.red

Buena convivencia religiosa en los Balcanes

También existen historias similares en sentido contrario. Por ejemplo, Rabeya Müller (1957–2024), una mujer católica de una pequeña ciudad del oeste de Alemania, se convirtió al islam de adulta y más tarde ejerció como imán —líder de oración— en una comunidad islámica liberal alemana.

En este día de verano en Berlín, Senad Mrkaljevic habla de una vida que no siempre ha sido una línea recta. Nació en Brčko, una ciudad de Bosnia y Herzegovina, en la región europea de los Balcanes. «Recuerdo que la convivencia entre las distintas religiones funcionaba muy bien en mi barrio. De niño, vi una ceremonia cristiana ortodoxa en la televisión de nuestros vecinos serbios y exclamé: “¡Quiero ser imán!”. El vecino me contestó a modo de broma: “Mejor hazte pape” —que es como llaman allí al sacerdote católico—. En aquel momento nos reímos juntos; unos años más tarde, cuando estalló la guerra de los Balcanes, esa hermandad ya no habría sido posible».

Rabeya Müller | Foto: Misereor

Senad huyó con su familia de la guerra civil que destruía su ciudad natal y se trasladó primero a Viena, la capital de Austria, y más tarde a Berlín. «No fue una época fácil», recuerda. «Me costaba mucho adaptarme a la escuela». A las diferencias culturales y al idioma se sumaba una discapacidad visual de nacimiento. Por todo esto, las autoridades escolares lo enviaron al principio a un colegio para niños con necesidades especiales.

Asegura que siempre fue el «hijo problemático» de la familia. Es un hombre alto que hoy viste vaqueros y una camisa negra con el alzacuellos blanco típico de los sacerdotes. «A mis dos hermanos mayores les fue muy bien en Alemania. Mi madre se preocupaba por mí y decía: “¿Qué va a ser de ti?”».

La fe musulmana no tenía un gran peso en su hogar. «Curiosamente, cuando era adolescente, yo era el único de la casa que hacía el ayuno del Ramadán», dice riendo. Quizá, añade, siempre fue «un buscador religioso».

«No quería llevar una doble vida»

A los 23 años empezó a leer la Biblia y a ir a las misas católicas los domingos a las doce de la mañana. «Al principio lo hacía a escondidas. Vivía con mi hermano mayor y, cuando yo regresaba de la iglesia, él todavía estaba durmiendo».

Sin embargo, a la larga, la situación se volvió agobiante. «No quería llevar una doble vida». Cuando se planteó recibir el bautismo católico, decidió informar a su familia. «Para mi madre fue un golpe especialmente grave e intentó apelar a mi conciencia para que no lo hiciera», relata Senad.

A pesar de todo, siguió adelante y se bautizó. Aun así, comprendía las dudas de su madre: aunque no fueran muy practicantes, el islam formaba parte de su identidad cultural al vivir como inmigrantes en un país extranjero. «Cuando la antigua Yugoslavia se desmoronó por la guerra, la fe musulmana unía a la comunidad. Dejarla se consideraba una traición a tus raíces».

Estudiando en una escuela nocturna para adultos, Senad logró recuperar los estudios: terminó la educación secundaria y luego obtuvo el Bachillerato Tecnológico. Después, completó una formación profesional en administración dentro de una empresa de asistencia médica a domicilio. Durante todo ese tiempo, su fe seguía madurando: quería ser sacerdote.

«Estuve dándole vueltas durante mucho tiempo a si este podría ser mi camino», explica. Tenía claro que debía mantener el contacto con su madre, quien seguía rechazando su decisión. «Sabía que, para mi salud mental y espiritual, romper la relación con ella habría sido destructivo. Mi camino no habría terminado bien».

Comenzó a estudiar Teología en Sankt Lambert, un seminario alemán muy conocido por especializarse en «vocaciones tardías» (adultos que deciden ordenarse tras haber tenido carreras civiles). Se graduó en 2023. Asegura que —«con la ayuda de Dios»— luchó contra todos los obstáculos del sistema educativo: rendirse no era una opción. «Esto es algo que, en mi labor actual, también quiero transmitir a los demás», afirma.

Un puente entre dos culturas

Para él es importante destacar un punto: «Al igual que ocurre entre los cristianos, hay muchos musulmanes que no son estrictamente religiosos y pertenecen al islam más por tradición familiar que por convicción». Por eso, se ve a sí mismo como un puente entre ambas creencias. «Fue curioso ver que mi conversión y mi ordenación sacerdotal terminaron recibiendo el reconocimiento y respeto de mi familia musulmana en Bosnia y también de mis hermanos», comenta.

Su historia encaja perfectamente con su destino actual: trabaja como vicario en la parroquia de Santa Edith Stein en Neukölln. Este es un barrio de Berlín famoso a nivel internacional por albergar un porcentaje altísimo de población inmigrante, en su mayoría de origen árabe y turco.

Primera Misa de Senad Mrkaljevic | Foto: Parroquia Edith Stein en Neukölln (Berlín)

«Lo que busco es la tolerancia entre cristianos, judíos, musulmanes y no creyentes», afirma Senad. Para integrarse con la gente del barrio, le gusta ir con los feligreses a ver los partidos del equipo de fútbol local, el Hertha de Berlín, y disfruta comiendo currywurst (la salchicha de cerdo con salsa de curry más famosa de Berlín, a pesar de que el cerdo es un alimento estrictamente prohibido por las leyes del islam).

Su madre ya se ha reconciliado con su decisión: hace unas semanas, junto a sus hermanos, ella también viajó para presenciar con orgullo su ordenación como sacerdote.

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