“Los más pobres serán los primeros en pagar las consecuencias”: Los obispos franceses critican la “radical” ley de eutanasia
El presidente Macron "había anunciado un debate sereno, informado y respetuoso, pero es evidente que consideraciones políticas, ideológicas e indudablemente económicas, disfrazadas de retórica engañosa, han frustrado esta aspiración", lamentan en un comunicado tras la aprobación de la ley
“El 15 de julio de 2026 marca un punto de inflexión crucial en la historia de nuestro país. Al legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, los parlamentarios consagraron en la legislación francesa la posibilidad de causar la muerte. Esta decisión rompe con la larga tradición de cuidados cuyo propósito es aliviar el sufrimiento y acompañar a cada persona hasta el final natural de su vida”.
Así lo señalan los obispos franceses en un comunicado tras la aprobación, ayer, en la Asamblea Nacional, por 291 votos a favor y 241 en contra, a la ley sobre el derecho a la ayuda a morir, que incluye la regulación de la eutanasia y el suicidio asistido para pacientes con enfermedades irreversibles graves y con grandes niveles de sufrimiento.
Críticas a Macron
"El presidente de la República [Emmanuel Macron] había anunciado un debate sereno, informado y respetuoso, pero es evidente que consideraciones políticas, ideológicas e indudablemente económicas, disfrazadas de retórica engañosa, han frustrado esta aspiración. Una cuestión tan fundamental para nuestro contrato social merecía que se consideraran plenamente las consecuencias humanas, médicas, éticas y sociales de la eutanasia y el suicidio asistido", señalan los obispos en un texto en el que lamentan que hayan quedado en nada los debates sobre esta cuestión ofrecidos por la Iglesia durante los últimos cuatro años.
"Los efectos de esta legislación aún no se han medido por completo, pero ya se están haciendo sentir. Nuestra relación con la vulnerabilidad, la vejez, la discapacidad y la enfermedad cambiará. El vínculo de confianza entre generaciones, así como entre cuidadores, pacientes y sus familias, se debilitará, y la percepción social de la fragilidad se verá perjudicada. Los más pobres probablemente serán los primeros en pagar las consecuencias: para no ser una carga para sus hijos o nietos, las personas mayores en situaciones precarias pueden sentirse presionadas a morir. Además, la experiencia de otros países demuestra que los criterios para acceder a la muerte asistida tienden a ampliarse, en detrimento de los cuidados paliativos", exponen en un texto que aparece firmado por el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal de Francia.
"Más allá de la desaprobación, esta votación del 15 de julio nos llama, por tanto, a un compromiso renovado, junto con las familias, los cuidadores, los voluntarios, los parientes, las asociaciones y los capellanes, para dar testimonio de que es posible otro camino: el de una presencia fiel y un apoyo atento que alivie el sufrimiento físico o psicológico, sin abandonar jamás a nadie", remarcan los obispos.
Abstención de las instituciones sanitarias católicas
La Conferencia Episcopal de Francia, además de expresar "su profunda gratitud a todos aquellos que, día a día, atienden a los enfermos, las personas con discapacidad, los ancianos y quienes se encuentran en la etapa final de su vida", hace un llamamiento a las instituciones sanitarias católicas "a ser fieles testigos de la esencial atención ética al respeto de los valores humanos fundamentales, absteniéndose de conductas claramente reprobables desde el punto de vista moral, en consonancia con la dignidad de toda vida humana".
Igualmente, remarcan los obispos galos que se "supervisará de cerca las remisiones anunciadas al Consejo Constitucional, así como las contribuciones voluntarias de las asociaciones, con el fin de garantizar, en particular, el respeto a la ética de los establecimientos dedicados a apoyar a las personas al final de su vida y que excluyen el uso de la eutanasia o el suicidio asistido".
Finalmente, subrayan que "los católicos de Francia, junto con muchos otros hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no, seguirán sirviendo a la vida. Lo harán animados por la firme esperanza que les brinda el Evangelio, sin resignación ni confrontación, convencidos de que la grandeza de una sociedad nunca reside en dar la muerte a los más vulnerables ni en permitirles quitarse la vida, sino en acompañarlos, con auténtica fraternidad, hasta el final. Porque Cristo, en quien creen, vino para que el mundo tuviera vida".
