Fahim Sharifi, dos años atrapado en Grecia Un refugiado en Lesbos pide a Francisco que "intente hacer algo para que podamos vivir en libertad"

"Si pudiera hablar con el papa cuando venga a Kara Tepe le pediría que intente hacer algo para que podamos vivir en libertad", asegura

Francisco visitará el domingo el campo provisional de Kara Tepé, donde al igual que en 2016 tendrá oportunidad de ver de cerca cómo viven los refugiados en Grecia

Fahim llegó en enero de 2020 a Grecia desde Afganistán.Su solicitud fue rechazada como la de muchos otros, a pesar de pertenecer a una minoría perseguida como los hazara

Fahim pasa las horas ayudando donde puede a las ONG que operan en el campo, como traductor o repartiendo comida. Aún así "no deja de ser un campo y un campo nunca es bueno", reconoce

"Si pudiera hablar con el papa cuando venga a Kara Tepe le pediría que intente hacer algo para que podamos vivir en libertad". Quien pronuncia estas palabras es Fahim Sharifi, un afgano de 19 años que lleva casi dos años atrapado en el campo de refugiados de la isla griega de Lesbos.

Francisco visitará el domingo el campo provisional de Kara Tepé, donde al igual que en 2016 tendrá oportunidad de ver de cerca cómo viven los refugiados en Grecia, seis años después de comienzo de la crisis migratoria.

Lo hará esta vez en un nuevo campo, más higiénico, seguro y ordenado que el de Moria -arrasado por un incendio en septiembre de 2020- pero en el que los residentes apenas tienen libertad de movimiento, supuestamente debido a la pandemia.

Fahim llegó en enero de 2020 a Grecia desde Afganistán. En aquella época apenas ningún afgano tenía posibilidades de obtener asilo en Grecia, así que su solicitud fue rechazada como la de muchos otros, y todo a pesar de pertenecer a una minoría perseguida como los hazara.

En una entrevista telefónica con Efe, Fahim explica que el nuevo campo es mucho mejor que Moria, donde al final vivían hacinadas cerca de 13.000 personas.

"En Moria la falta de seguridad era tremenda, todo era horrible. Aquí hay seguridad, hay mucha policía que controla que no pase nada, todo es mejor, pero mentalmente la gente no está bien. Hay mucha gente con depresión, no hay esperanza, porque llevamos mucho tiempo aquí y apenas podemos salir", dice.

"Todo es mejor, pero mentalmente la gente no está bien"

El campo de Kara Tepé está dividido en cuatro áreas, con casas contenedor para familias y personas vulnerables, pero también con cerca de medio millar de enormes carpas de ACNUR, subdivididas en 16 salas con capacidad cada una para 8 personas.

Aunque a diferencia de Moria no falta el agua -hay lavabos, duchas y lavaderos para la ropa- el terreno situado junto al mar es un área desangelada, sin apenas árboles bajo los que buscar algo de sombra en los tórridos veranos.

En invierno solo las casas contenedores tienen calefacción, carpas como las de Fahim están a expensas del frío. "Sobre todo por la noche hace muchísimo frío, no hay calefactores y no se pueden colocar por peligro a que haya un incendio", explica.

El nuevo campamento alberga actualmente a cerca de 2.300 personas, de las que ahora en torno al 70 % son afganas.

Moria era un infierno, pero los refugiados podían moverse libremente. De Kara Tepé solo se puede salir una a dos veces por semana durante un máximo de tres horas.

Las autoridades arguyen que eso se hace por la pandemia, pero el resto de la población de Lesbos no está sujeto a confinamiento ninguno, denuncia la organización de asistencia Legal Centre Lesvos.

El Gobierno ya ha estrenado en las islas varios campos de nuevo diseño -en Lesbos estará previsiblemente listo en un año- y la filosofía es la misma en todos: máxima vigilancia y permisos de salida de solo unas horas al día.

"En mi caso tampoco tiene mucho sentido salir, porque al no estar vacunado apenas puedo ir a ninguna parte. No me han puesto la vacuna, porque sin número de seguridad social no te la ponen, y a mi el número no me lo dan porque no tengo derecho a asilo"

Kara Tepe

Fahim pasa las horas ayudando donde puede a las ONG que operan en el campo, como traductor o repartiendo comida.

Es uno de los once voluntarios internos que tiene la ONG griega Home for All, creada hace siete años por Nikos y Katerina Katsouri, un matrimonio que optó por dar un vuelco a su vida al ver la miseria que pasan los refugiados.

Así convirtieron su restaurante en un lugar de encuentro para los migrantes. En su cocina preparan cada día con ayuda de voluntarios un millar de platos para personas con necesidades especiales, como diabéticos o alérgicos.

No solo ayudan a los refugiados, sino también a familias griegas necesitadas, lo que es especialmente simbólico en un momento en que la población de la isla se siente superada por la crisis migratoria.

"En el campo, nosotros vamos de tienda en tienda, de caseta en caseta para llevar nuestros platos. Así evitamos que la gente tenga que hacer esas colas tan indignas. Además, aprovechamos para charlar un rato con las personas que nos abren sus casas y sus corazones", explica Nikos a Efe.

A pesar de que también él cree que Kara Tepé es mucho mejor que Moria, reconoce que "no deja de ser un campo y un campo nunca es bueno".

"Lo que queremos es poder vivir en libertad. Sin molestar a nadie, simplemente poder trabajar para ganarnos nuestro sustento", reclama Fahim.

Kara Tepe

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