Renacer de los abusos: ¿Habrá valido la pena desenterrar lo indecible?
"Cuando la voz dentro de ti se vuelva más alta que las voces a tu alrededor. Cuando descubras que eres capaz de ser independiente, de oír la verdad en tu corazón. Cuando ese descubrimiento se vuelva primordial y vigente - ¡Cuenta tu historia!"
"Podemos perdonar fácilmente a un niño que tiene miedo de la oscuridad. La verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz!" - Platón
I.
Escribo desde una soledad no elegida pero riquísima. Escribo desde un nacimiento que tardó 36 años de silencio tras el abuso sexual en la Iglesia y más de siete años de psicoterapia en suceder. Escribo para quien aún no ha contado su historia de abusos sexuales - porque tengo una función insustituible en los tiempos de hoy: testimoniar que valió la pena.
Valió la pena escarbarme hasta el tuétano. Lo haría de nuevo mil veces.
Pero primero, déjenme ser claro: este camino no es lo que esperan de nosotros. Las estructuras de poder - y muchas veces hasta familiares y amigos íntimos - no están preparados para acoger el cambio profundo que sucede cuando una víctima se elige a sí misma. Proyectan expectativas. Quieren al superviviente "curado" pero no transformado. Perdonador pero no autónomo. Reconciliado con la comunidad pero no fiel a sí mismo.
La elección se vuelve inevitable: ¿Me elijo a mí mismo o lo que los demás esperan de mí que ya no soy?
La respuesta, si hubo trabajo persistente donde ciencia y coraje personal se encontraron, es inmediata. Se elige a sí mismo. Aunque sea a costa de quedarse solo.
II.
Pasé los últimos meses de 2025 en Lisboa, sabiendo de antemano que la iba a dejar después de años - partir hacia Asia por un tiempo, después volver a España donde trabajo. Caminé por las calles vacías al amanecer. La Torre de Belém, cubierta por andamios de restauración, parecía vestir de luto por mí. Escribí entonces:
Lisboa viste de luto
Viste de luto por mí que parto y ella escenifica
Escenifica mi despedida. Llegando, partí.
Que la saudade se remonta a los dioses
Lloran en las calles y visten hoy de negro para mí
Dejar seres ser, o “ser-se” o pensar ser, ilusos y lúcidos
Es dejarme partir partido y entero
En una adulta y entera niñez
Que ya no deambula sino que sueña y hace
Es mi tiempo de travesía. Como decía Fernando Pessoa: si no me atrevo a hacerla, habré quedado para siempre al margen de mí mismo.
Ahora, mientras escribo, estoy en un lugar distante en Asia. El ritmo es otro - lluvias, humedad, calor, quietud. Y en esa distancia geográfica, algo se clarifica: cuando una misión se vuelve más silenciosa, es porque se acerca más a la esencia.
III.
El superviviente que cuente su historia tiene una función insustituible: ir al encuentro de sí mismo hasta el milagro del descubrimiento del amor propio en una primera fase larga. No es exagerado llamarlo milagro. Después vendrá el encuentro íntimo con su profunda alteridad - el acceder al otro desde sí - un estado más permanente de paz y serenidad.
Y ese "casi milagro" es solo el comienzo. Nada más profético y bello puede existir.
Pero ¿sabrán las personas que están alrededor del superviviente acoger este cambio? Ni las estructuras de poder, ni muchas veces los propios familiares están preparados. Nos quieren de vuelta "como éramos" - lo cual es imposible. Porque quien nació no puede fingir que no nació.
No le corresponde al superviviente cambiar a los demás. No le pertenece. Su papel es único, más solitario y, por eso mismo, más profético: SER y SER-se.
Y descubrí algo sorprendente: esa fidelidad a ser-se, sin planear ni provocar, hace que otros a su alrededor cambien. El foco es ser fiel a sí, no proyectar los propios problemas no resueltos en los demás.
La acción viene siempre del milagro de nacer personal, nunca del sufrimiento o proyección.
IV.
Muchas víctimas de abuso sexual cargan, durante años, un fardo silencioso: la culpa y la vergüenza que, irracionalmente, sienten sobre el propio abuso. Esta auto-culpabilización es un proceso psicológico común que requiere tiempo y apoyo especializado para ser deconstruido.
Sin embargo - y esto es crucial - las instituciones con deber de protección frecuentemente instrumentalizan esta vulnerabilidad temporal. La usan para eximirse de responsabilidades y proteger la reputación institucional.
Peor aún: hasta algunos profesionales menos competentes refuerzan, consciente o inconscientemente, esta dinámica perversa. Hablan de "perdón", de "no alimentar odio", de "seguir adelante" - antes de que la víctima haya accedido al amor propio necesario para elegirse.
El camino hacia la verdadera posibilidad de justicia exige inversión radical: es la víctima quien debe ser apoyada en su proceso de liberación, mientras las instituciones asumen, sin subterfugios, las cuentas que les corresponden.
Pero incluso cuando eso sucede - incluso cuando hay proceso, reconocimiento, alguna forma de reparación - ¿termina ahí?
No.
Es en ese momento cuando reaparece el verdadero abuso. Más insidioso y antiguo. Más arraigado. Y no solo en el superviviente. En todos nosotros, en la sociedad occidental de origen grecorromano-cristiano.
Ya atravesé ese largo desierto. Un niño allá atrás, inquieto, quería jugar y no podía. Ahora es un "bebé antiguo", ya adulto, que reclamó el derecho a tener una historia propia y que finalmente puede crecer - diría incluso, nacer por primera vez.
V. LOS TRES ABUSOS Y LA MALDICIÓN DE MEDUSA
Mi autoridad viene de 36 años de silencio tras el abuso sexual, y más de siete años de psicoterapia donde, en un momento dado, entendí que era lógico contar toda mi historia e instaurar un proceso de posible justicia. Tal proceso terminó. Sobre él tengo el justo derecho a mi privacidad.
Pero reconozco mi capacidad y profunda libertad de ser vulnerable como mi mayor fuerza. Al contrario de los sistemas de poder, no me atrevo a usar el sufrimiento para manipular.
Y fue en ese largo recorrido de escarbarme hasta el tuétano que descubrí algo inesperado: el abuso sexual no fue el primero. Y no sería el último.
El Primer Abuso
Vino en la infancia. Pudo haber sido de varios tipos - no necesariamente sexual. Pero condicionó. Predispuso a la futura víctima a acostumbrarse a no tener voz, a la opinión desvalorizada, a "normalizar" que no le corresponde hablar, elegir, ser escuchada.
Este primer abuso prepara el terreno. Enseña al niño: tú no importas.
El Segundo Abuso
Fue el sexual. El que todos reconocen como abuso. El que genera procesos, comisiones, pedidos de perdón.
Pero incluso cuando hay proceso - incluso cuando hay reconocimiento, alguna forma de reparación - incluso cuando el trabajo terapéutico sobre este segundo abuso se hace profundamente...
¿Termina ahí? No.
Es en ese momento cuando reaparece el verdadero abuso. Más insidioso y antiguo. Más arraigado. Y no solo en el superviviente. En todos nosotros, en la sociedad occidental de origen grecorromano-cristiano.
El Tercer Abuso: La Maldición de Medusa
Los griegos ya lo sabían. Lo contaron en el mito de Medusa - pero preferimos recordar la versión equivocada.
La verdad primordial que olvidamos:
Medusa era una bella mujer dedicada al templo de Atenea. Víctima inocente. Fue violada por Poseidón - el Dios-hombre - dentro del propio templo.
Y Atenea, la diosa que debía proteger el templo y a la víctima, no acusó al violador. En cambio, maldijo a la víctima.
Transformó a Medusa en monstruo: cabeza de serpientes, condenada a petrificar a quien osara mirarla a los ojos. Condenada a vagar invisible, aterradora, sola.
Como la Iglesia que quiere invisibilizar a las víctimas para proteger el status quo.
Y Medusa, cargando la maldición, se vuelve contra sí misma. Se petrifica a sí misma. Cree que merece el castigo. Ya no accede a la verdad primordial - de que era víctima inocente.
Esto sucede en la vida real. Muchas víctimas cargan esta maldición durante años. Requiere largo recorrido hasta acceder a su naturaleza primordial: fui víctima inocente.
El Despertar
Cuando el superviviente finalmente se descubre víctima inocente - a través de años de terapia, coraje, escarbarse - algo extraordinario sucede:
Descubre que el fardo de Medusa no le pertenece.
Y aprende a crear unidad ontológica propia: convivir con el milagro de descubrirse uno - cuerpo, alma, espíritu.
Ya no condena a la Medusa en sí. No llama pecado a lo que fue maldición impuesta.
Ya no petrifica - aunque mire a los ojos. Sino que libera.
Ya no se condena - absorbe dimensión nueva donde el "otro" cabe. Incluso el otro que violó. Incluso el sistema que maldijo. Ya no le controla emocionalmente, y está por encima de eso. ¡Está viviendo verdaderamente!
Accede a la profunda alteridad: ver y acceder al "otro" desde sí, sin abdicar del cuerpo, de haber sido Medusa una vez. Se atreve a mantenerse entero e íntegro, no abdicando de lo que fue, sino transformándolo.
Y Es Ahí Cuando Sucede el Tercer Abuso
Porque cuando el superviviente accede a este amor propio, a esta alteridad profunda, a esta unidad cuerpo-alma-espíritu - cuando ya no petrifica sino libera - los sistemas de poder tienen miedo.
Porque esa víctima ahora mira a los ojos y muestra verdad.
Y la verdad petrifica a los poderosos. Expone podredumbre. Revela mentira.
Por eso le cortan la cabeza - invisibilizan, silencian - y lo celebran como heroísmo.
Como Perseo que decapita a Medusa y es aclamado héroe. Olvidando convenientemente que Medusa era víctima inocente maldecida.
La Operación del Tercer Abuso
Se manifiesta así: Familiares, ciertos psicólogos (incluso experimentados), representantes de la Iglesia, cánones doctrinales - proyectan en supervivientes que accedieron al amor propio estas expectativas:
- "Tienes que volver a la comunidad" (no te quedes en soledad)
- "Tienes que perdonar" (antes de que haya justicia, intentando normalizar que los mismos obispos que encubrieron pedófilos y abusadores, sigan ejerciendo ministerio aún hoy)
- "No dividas la Iglesia" (protege sistema, no verdad)
- "Ya estás curado, vuelve a lo que eras" (niega transformación)
Quieren la Medusa controlable. No la Medusa que libera verdad. Propagan la Medusa que es peligrosa y petrifica y mienten sobre ellos mismos.
Quieren al superviviente "curado" pero no autónomo. Perdonador pero no profético. Reconciliado con la comunidad pero no fiel a sí mismo.
¿Y si el superviviente se niega? Le cortan la cabeza. Invisibilizan. Dicen:
- "Está lleno de odio"
- "No puede perdonar"
- "Quiere destruir la Iglesia"
- "No es cristiano verdadero" (si no está en comunidad)
Raíces Grecorromanas-Cristianas de la Mentira
La sociedad occidental prefiere celebrar a Perseo (héroe que mata monstruo) en vez de reconocer a Medusa (víctima inocente maldecida). Todos vieron las películas sobre Medusa - la verdadera historia no da taquilla ni "likes". Y los griegos ya nos avisaron incluso antes de la era cristiana.
Preferimos la mentira, la performance, el espectáculo de "héroes" que cortan cabezas de "monstruos amenazadores" - en vez de reconocer: Medusa no era amenaza. Era verdad y era una vitima inocente.
Y los sistemas éticos - esos sí - petrifican. No reconocen la naturaleza amorosa de Dios que hace silencio para oír la verdad y da espacio a que el milagro surja. Aunque el superviviente tenga que descubrirse por años y años. Él espera por Amor.
El Bebé Antiguo
Ya atravesé ese largo desierto. Un niño allá atrás, inquieto, quería jugar y no podía. Cargaba la maldición de Medusa sin saberlo.
Ahora es un "bebé antiguo", ya adulto, que reclamó el derecho a tener una historia propia y que finalmente puede crecer - diría incluso, nacer por primera vez.
Descubrí que el fardo no me pertenece. Aprendí a convivir con Medusa en mí - no como maldición, sino como revelación de que fui víctima inocente. Y en ese descubrimiento, paradójicamente, accedí al "otro". Incluso a quienes prefieren la mentira. Incluso a los sistemas que cortan cabezas.
Porque ya no petrifico. Libero.
Y de esa liberación, de ese milagro - no del sufrimiento, no de la reacción, no de la proyección - nace la necesidad de acción. De gritar al mundo: los griegos ya nos avisaron. Y nosotros seguimos prefiriendo celebrar héroes falsos que decapitan verdades incómodas.
En esa etapa, este texto me salió veloz de la pluma del alma. Elija el lector si el sujeto soy yo o Él - el Dios-hombre que redime y no da "likes":
Quisiera no impelirte a escribir o dejar marca alguna
Quisiera cambiar tu destino como yo pedí por el mío
Mas la historia de Amor apenas ahora comenzó
Te hicieron Medusa y la Verdad te petrificó
Como si la danza de tu hado no fuera ese gusano
entorpecido de la desventura que grita la verdad
y, en el largo transcurso del tiempo, se transmuta en vorágine.
Soñé hijo, me arrodillé padre, hice destino romper el ciclo, romperme a mí.
¡Despertara ya madre, gigante destino adormecido!
Eres grande como yo te hice, y te hice para la Luz.
VI. Tal vez nosotros, los supervivientes, seamos los profetas de hoy.
Lo afirmo con toda simplicidad, intentando entender qué se me pide en estos tiempos. Y también a ti, víctima o superviviente a quien escribo este artículo.
Cualquier diálogo adulto y maduro exige precedente básico: saber de antemano quiénes somos nosotros mismos. Los supervivientes no acceden por muchos años a esa claridad. Forma parte de la naturaleza de la desventura.
Por eso, tal vez, el libro del Génesis tenga que tener relectura más coherente con la naturaleza de Dios. El acto de Eva no es "desobedecer". Estaba, incluso en el acto creativo de Dios, implícito que Él también se "ausentó para crear”! Así como Eva y Adán tuvieron que ausentarse para descubrirse, percibir quiénes son y así un día poder acceder al diálogo con Dios.
Como en el hijo pródigo. Sin concesiones, el padre deja partir al hijo para que se descubra. Dejar partir es dejar SER y SER-se. Por un plan mayor. Nunca fue pecado Y incluso es positivo!
Para poder dialogar con el Increado, tienen primero que descubrirse en un proceso largo - proceso que las estructuras de poder y las personas en general quieren inviabilizar.
Descriación - usando el término de Simone Weil - es lo contrario de creación. Es hacer el recorrido individual y adulto hasta acceder al diálogo íntimo y personal con el Increado y, en ese momento, ofrecernos a nosotros mismos la posibilidad de "dejar" a Dios ser y pasar al milagro de ser con Él y en Él.
Personalmente, creo que la madre de Jesús fue la primera. Íntimamente creo que la desventura y los supervivientes están destinados a subrayar este aspecto tan bello del plan de Dios: donde autonomía, crecimiento personal y ser adultos por entero no significó algo negativo ni pecaminoso. Era, sí, condición necesaria para acceder a la relación profunda con Dios.
Nunca el foco fue el sufrimiento, sino el entrar en una relación plena e íntima con Dios.
VII.
Mientras escribo esto, sé que en España e Italia - como en Portugal - obispos que protegieron abusadores continúan en funciones. Documentos permanecen en las cajas fuertes de las diócesis. Víctimas son escuchadas en privado y después el sistema usa ese gesto para pedir "unidad" y evitar "divisiones".
Cuando el Papa Francisco visitó Portugal, escuchó profundamente a algunas víctimas. Gesto conmovedor. Pero semanas después, en una homilía en el Vaticano, afirmó: "Un cristiano no es cristiano si no está inserto en una comunidad." Esto es de una violencia atroz para un superviviente y revela una ausencia de lo que es la verdadera naturaleza de Dios. ¡Soy 100% pro-Francisco, atención! Pero soy también por la verdad y sé que Francisco, si aún estuviera aquí, intuiría la escucha profunda necesaria para adherir a la naturaleza de Dios.
Si tuviste que alejarte de la comunidad institucional para curarte, si construiste tu identidad en la soledad no elegida pero necesaria, si descubriste a Dios precisamente en la ausencia de la estructura eclesial - según esta teología, no eres cristiano verdadero. Es sí un modo insidioso de perpetuar el abuso.
Esta es violencia teológica sutil. Usa lenguaje pastoral ("comunidad") para coaccionar a supervivientes a regresar a la estructura que los hirió. Invalida el camino de descriación.
Y revela algo más profundo: ni siquiera Francisco - Papa que habla de periferias y escucha víctimas - puede validar que supervivientes no necesitan de la comunidad institucional para ser santos. Porque admitir esto sería reconocer que la Iglesia puede ser obstáculo, no camino.
En estos últimos meses, más que nunca, mientras catedrales se llenan de luces proyectadas, influencers católicos celebran "renacimiento estético" y elevan trends musicales, y sacerdotes jóvenes ganan miles de seguidores - nosotros, supervivientes, construimos santidad en la soledad profética que los sistemas de poder no logran tolerar. Por eso somos profetas.
VIII. - PARA TI QUE AÚN NO HAS CONTADO
Si estás leyendo esto y aún no has contado tu historia, necesito que sepas:
Cuando te elijas a ti mismo, cuando accedas al amor propio y a la profunda alteridad - te vas a convertir en amenaza.
No porque hagas algo malo. Sino porque tu autonomía aterroriza a los sistemas de poder. Amenaza para las instituciones que te hirieron - obvio.
Pero también - más doloroso - para las personas cercanas. Familia, amigos, comunidad.
Y a veces para ciertos profesionales que debían ayudar pero proyectan control. Psicólogos, sacerdotes, consejeros que quieren "curarte" según términos de ellos, no tuyos. Tienes que saber elegir con cuidado y serte fiel ante todo.
¿Por qué?
Porque cuando te descubres víctima inocente, cuando quitas de ti el fardo de Medusa - descubres que eres capaz de ser independiente. No necesitas su aprobación. No necesitas la comunidad en los términos impuestos.
Y esto aterroriza.
Una víctima dependiente es controlable. Una víctima autónoma, que oye la voz de Dios dentro del propio corazón y la sigue - esa no puede ser controlada.
La Voz Primordial
Cuando hagas el trabajo profundo - y va a llevar tiempo, va a costar - vas a descubrir:
Hay una voz dentro de tu corazón.
No es la voz de la Iglesia (que dice "vuelve a la comunidad"). No es la voz de la familia (que dice "no dividas la familia"). No es la voz del terapeuta (que dice "tienes que perdonar para sanar").
Es la voz de Dios. O, si no crees, es tu voz más profunda. La verdad primordial en ti. Cuando comiences a seguir esa voz como primordial y vigente de ahora en adelante, van a intentar impedirte:
- "Estás confundido" (no lo estás)
- "Necesitas más ayuda" (tal vez, pero no la de ellos)
- "Dios quiere comunidad" (¡Dios quiere verdad, con justicia!)
Van a proyectar. Para mantenerte controlable.
Y tendrás que elegir: ¿Me elijo a mí o lo que esperan de mí que ya no soy?
Si te eliges a ti, si sigues la voz interior como primordial - vas a quedarte solo. Soledad no elegida pero necesaria.
Y en esa soledad vas a descubrir profunda alteridad. Acceso al "otro" desde ti. Sin pedir permiso a nadie.
El Testimonio
De mi experiencia - 36 años de silencio, siete de terapia - ¡SÍ, valió la pena!
Porque descubrí: cuando naces por primera vez, cuando ya no petrificas sino liberas - es de ahí que nace la acción. No de la reacción. No del sufrimiento. Del milagro de haber nacido.
Para Ti
No te pido que hagas nada específico. Cada recorrido es único.
Pero planto esta raíz:
Cuando la voz dentro de ti se vuelva más alta que las voces a tu alrededor. Cuando descubras que eres capaz de ser independiente, de oír la verdad en tu corazón. Cuando ese descubrimiento se vuelva primordial y vigente - ¡Cuenta tu historia!
No para destruir. No para vengarte. ¡Para nacer!
Vas a convertirte en amenaza. Van a proyectar. Van a intentar controlarte. Pero ya no serás Medusa maldecida. Serás Medusa que conoce la verdad primordial. Que ya no petrifica. Que libera.
Y esa - esa - ningún sistema puede controlar. La vida es demasiado bella y merece arriesgarse. La autonomía es sagrada, no pecado.
Y Dios - o la verdad - espera por ti. Hace silencio. Da espacio. Aunque tarde años.
Porque el Amor verdadero espera.
¿Eres capaz de elegirte?
Yo testimonio: ¡lo eres!
Y cuando lo hagas - nosotros, supervivientes que ya nacimos, estaremos aquí. Para celebrar contigo el milagro.
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Pero Joséres es el pseudónimo de un superviviente de abusos sexuales; actualmente trabaja en una empresa de servicios, habiendo hecho un recorrido profesional siempre acabando por "inventar" y crear su propia función en los empleos por donde pasó. Estuvo gran parte de su vida inserto en un movimiento eclesial de la Iglesia Católica, en Portugal e Italia, hasta 1995, donde conoció los escritos de Simone Weil (1909-1943). Si desea contactar al autor, puede hacerlo a este correo personal: pero.joseres@icloud.com
