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"Sigamos orando para que el Evangelio de la paz pueda ser anunciado libremente en cada rincón de la península coreana y del mundo"

León XIV recibió en el Vaticano a los sacerdotes, religiosas y religiosos coreanos residentes en Roma. “La Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires. El pueblo coreano ha demostrado a lo largo de su historia una extraordinaria fortaleza de espíritu: ha atravesado persecuciones, guerras, pobreza y divisiones, sabiendo levantarse y mirar hacia adelante"

El Papa, con los religiosos coreanos
El Papa, con los religiosos coreanos | Vatican Media
05 oct 2026 - 18:43

(Alvaro Vargas Martino, Vatican News).- “Aquí, en el lugar donde se conserva la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo, la fe que recibieron en Corea encuentra sus raíces y puede recibir un nuevo impulso misionero. Vienen de lejos, es cierto, pero aquí están en casa”, les dijo el Papa León XIV a los sacerdotes, religiosas y religiosos coreanos residentes en Roma, a quienes recibió en audiencia este lunes en el Vaticano.

Tras saludar, en particular, a quienes están trabajando en la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027, y recordar que se cumple el vigésimo quinto aniversario de la inauguración de la sede del Pontificio Colegio Coreano, el Papa expresó a la comunidad del Colegio sus mejores deseos y su agradecimiento por el servicio prestado a la Iglesia en Corea y a la Iglesia universal.

La Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires

“La historia de su Iglesia es verdaderamente singular”, resaltó León XIV, quien destacó que la fe germinó en Corea “espontáneamente” y se desarrolló también “a través de la búsqueda sincera de la verdad por parte de hombres que conocieron los textos cristianos y quisieron saber más sobre Jesucristo”, y “de esa búsqueda surgió el deseo del Bautismo y, del Bautismo, una comunidad que recordaba a la Iglesia de los orígenes”.

“Esta historia nos deja dos palabras: memoria y esperanza”, subrayó el Pontífice, quien reiteró que la memoria cristiana “no es nostalgia, sino gratitud por lo que Dios ha hecho y responsabilidad por lo que Él nos confía hoy”, mientras que la esperanza “no es mero optimismo, sino la certeza de que Cristo resucitó y de que ninguna oscuridad puede tener la última palabra”.

“La Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires. El pueblo coreano ha demostrado a lo largo de su historia una extraordinaria fortaleza de espíritu: ha atravesado persecuciones, guerras, pobreza y divisiones, sabiendo levantarse y mirar hacia adelante. Iluminada por el Evangelio, esta tenacidad se ha convertido en fortaleza cristiana: la capacidad de atravesar las pruebas sin perder la esperanza y sin permitir que el sufrimiento endurezca el corazón”, remarcó el Papa.

El Papa da inicio a la audiencia (VATICAN MEDIA)

Custodiar la memoria de los mártires

“Custodiar la memoria de los mártires significa permitir que su fe siga viva en nuestras decisiones, en el servicio, en el perdón y en la entrega de nosotros mismos”, les dijo León XIV, quien recordó, en particular, al Venerable Tomás Choe Yang-Eop, el segundo sacerdote de la historia de Corea, recordado como el “mártir del sudor”, pues durante once años recorrió incansablemente los caminos del país “para llegar a comunidades cristianas lejanas y escondidas, llevándoles la Palabra de Dios y los Sacramentos, hasta consumir su vida en el servicio”.

“Su testimonio nos recuerda que existe el martirio de quien ofrece su vida en un instante y aquel, más escondido, de quien la entrega día tras día. Sí, a esto están llamados todos los cristianos”, a “entregar la vida con amor, cada día”, recalcó el Pontífice, quien indicó que “nuestro tiempo necesita precisamente esto: hombres y mujeres que tengan el valor de hacer el bien incluso cuando les cueste”.

La caridad cotidiana hace creíble el anuncio del Evangelio

En este sentido, el Papa los exhortó a hacerse prójimos de “quienes están solos”, a apoyar a “quienes están cansados” y a buscar a “quienes se han alejado”, teniendo “el valor de perdonar, de volver a empezar y de dialogar”, recordando que “el bien no siempre se reconoce y a menudo cuesta esfuerzo, pero es este valor cotidiano de la caridad lo que hace creíble nuestro anuncio del Evangelio”.

“La fuerza para vivir así proviene de la amistad con Jesucristo, quien les dijo a sus discípulos: «Los he llamado amigos»”, resaltó León XIV, invitándolos a cuidar esta amistad, alimentándola en la Eucaristía, en la escucha de la Palabra, en la oración y en el silencio ante el Señor, pues “es al estar con Él que redescubrimos la alegría de nuestra vocación y aprendemos a amar como Él”.

“Y la amistad con Cristo nos abre a la fraternidad”, subrayó el Pontífice, quien, recordando que provienen de diferentes diócesis, institutos, congregaciones y experiencias, los invitó a hacer de esta diversidad un recurso para la sinodalidad, pues “una Iglesia sinodal es una Iglesia que camina unida tras el mismo Señor, escuchando, acogiendo y reconociendo en el otro a un hermano y un compañero de camino, nunca a un competidor”.

Un momento de la audiencia (VATICAN MEDIA)

Abrir caminos de encuentro para el Evangelio de la paz

“Esto asume un significado particular al pensar en su tierra. La península coreana aún lleva la dolorosa herida de la división. Por eso les pido que sean siempre hombres y mujeres de reconciliación. La paz comienza en el corazón y en las relaciones cotidianas, cuando escuchamos en lugar de juzgar, perdonamos en lugar de guardar rencor, elegimos la comunión en lugar de la confrontación”, indicó el Papa, quien los invitó a manternese unidos y a ser “artesanos de la paz”.

“Sigámonos esforzando y orando para que se abran nuevos caminos de encuentro y para que el Evangelio de la paz pueda ser anunciado libremente en cada rincón de la península coreana y del mundo”, exhortó León XIV, quien, recordando que “Corea, que en otro tiempo fue tierra de misión, se ha convertido hoy en patria de misioneros”, destacó que la próxima Jornada Mundial de la Juventud hará visible todo esto, pues jóvenes de todas partes del mundo llegarán a “una tierra donde el Evangelio ha crecido gracias al testimonio de los mártires”.

“Me gustaría que fuera un gran encuentro entre la memoria y el futuro: los mártires entregan la fe a las nuevas generaciones y los jóvenes la reciben para llevarla por los caminos del mundo”, dijo el Pontífice, quien les pidió que escuchen a los jóvenes, que caminen con ellos y que los ayuden a descubrir que “seguir a Cristo no limita la libertad, sino que la colma” y “que la fe no restringe la vida, sino que le abre un horizonte más amplio”.

El Papa concluyó invitándolos a seguir preparando la JMJ “con pasión” y, en este mes dedicado al Santo Rosario, los encomendó, junto con el camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud, a la Virgen María Inmaculada, Patrona de Corea, pidiéndole a San Andrés Kim Tae-gon, a San Pablo Chong Ha-sang y a todos los santos y beatos mártires coreanos que los acompañen y los hagan “custodios de la memoria, testigos de la esperanza y artesanos de la paz”.

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