En Uruguay, el actual contexto de crisis causada por la pandemia mundial, la mentalidad herodiana se apodera de varias decisiones políticas, económicas y sociales, que dejan a la intemperie a muchas personas que son los inocentes de hoy. 28 de diciembre: ¡La inocencia no nos salva!

28 de diciembre: ¡La inocencia no nos salva!
28 de diciembre: ¡La inocencia no nos salva!

"Esta celebración nos recuerda como el miedo a perder el poder y el egoísmo extremo, se pueden adueñar del corazón humano y, centrado en sus intereses, pueden llevar al punto de matar inocentes".

"    No se decide en favor de los inocentes cuando recién ahora hay preocupación por la sanitización del transporte urbano, por haber encontrado la presencia del virus".

"Hace unos días, el Papa Francisco se refirió al obispo brasileño Helder Cámara, como santo, recordando aquella famosa frase “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

          En el día de ayer, el texto del Evangelio de Mateo (2, 13-18) nos acercaba a la tradicional fiesta de los “Santos inocentes”. Esta celebración nos recuerda como el miedo a perder el poder y el egoísmo extremo, se pueden adueñar del corazón humano y, centrado en sus intereses, pueden llevar al punto de matar inocentes. Esto fue lo que dominó a Herodes, según el texto, y es lo que sigue dominando el mundo de hoy transformado en lo que quiero llamar de mentalidad “herodiana” que sigue vigente en muchos de nosotros, y que no nos salva de la responsabilidad que tenemos ante nuestros próximos.  

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            En Uruguay, el actual contexto de crisis causada por la pandemia mundial, la mentalidad herodiana se apodera de varias decisiones políticas, económicas y sociales, que dejan a la intemperie a muchas personas que son los inocentes de hoy. Ya no podemos hablar solamente de los eternos pobres que genera el sistema capitalista y que los gobiernos siguen dejando a su suerte, sino que hoy hablamos de la sociedad en su conjunto ante el virus del Covid-19. La realidad nos muestra quienes son los inocentes y como nos afectan las decisiones que se toman.  

            No se decide en favor de los inocentes cuando se decide aumentar al doble los sueldos de los presidentes de los directorios de empresas públicas (aproximadamente de $120.00 a $240.00), bajo el argumento de que se necesita a “los mejores” en las cabezas de equipos. Tampoco se decide en favor de los inocentes, con el gasto monumental (aproximadamente de 22 millones de euros) de la compra de aviones usados, en este contexto de hambre e incertidumbre.

No se decide en favor de los inocentes cuando se anuncia una nueva suba de las tarifas (la segunda de este gobierno en menos de un año) mientras el salario real de los trabajadores sigue en descenso. Nuestros sueldos cada vez valen menos y la vida cada vez es más cara. Tampoco se decide en favor de los inocentes con el “ida y vuelta” de las decisiones de los gobernantes, por ejemplo, con el cierre y la reapertura de los gimnasios, o la suba, baja y suba del precio del peaje, generando una gran inestabilidad en toda la población.

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No se decide en favor de los inocentes cuando la mayoría de los países están comprando las vacunas contra el Covid-19 y nuestro gobierno no da las explicaciones del porqué aún no tenemos respuesta. Lo peor, fue la noticia de que un funcionario del MSP envía un email a Pfizer, rechazando la compra de la vacuna, y el presidente lo destituye por actuar de “forma unilateral”. ¿Cómo un funcionario decide solo sin control del gobierno? Tampoco se decide en favor de los inocentes cuando siguen aumentando las ollas populares (más de 200 y de aproximadamente 40.000 personas) y las decisiones del gobierno (de las últimas tan esperadas) pasaron por la extensión del horario de los shoppings. Si a esto le sumamos la promoción del uso de tarjetas de crédito y los préstamos ofrecidos por las empresas usureras, queda a la vista que se piensa en beneficiar a los grandes empresarios que sostienen el capitalismo.

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            No se decide en favor de los inocentes cuando recién ahora hay preocupación por la sanitización del transporte urbano, por haber encontrado la presencia del virus. Desde que comenzó la pandemia los que utilizamos los buses para ir a trabajar, venimos denunciando que viajamos en unidades repletas de gente, todos apretados, y que si el virus andaba en la ciudad, los buses son un foco de transmisión. Tampoco se decide en favor de los inocentes cuando se suspenden las celebraciones religiosas que son las que sostienen, por la fe, la esperanza de un cambio, de una vida mejor, incluso, de seguir con vida. Limitar la reunión de los fieles de los diversos grupos religiosos, sean católicos, umbandistas, evangélicos, judíos, musulmanes, etc.; bajo la excusa de cuidar el contagio, y seguir promoviendo el turismo, es muy incoherente.

            En el caso de la iglesia Católica no todos estuvieron de acuerdo con la respuesta de los pastores. Algunos sacerdotes más valientes, manifestaron en las redes que faltó defensa a los derechos de la grey. Pero un tuit del Ministro de Salud se robó la atención de la farándula al responder a una persona que le preguntaba por qué impedía la celebración de la misa, respondió citando a Mateo 18, 20 que dice: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. De todas maneras, creo que Dios nos habló, así como le habló por medio de la burra, a Balaán. Para completar la telenovela, después de una respuesta cuestionadora de un sacerdote -también por twitter- una foto mostró el choque de puños amistoso entre ambos. No siempre es fácil estar en contra del César y con Dios. Mejor es llevarse bien con los dos.

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No se decide en favor de los inocentes cuando los intelectuales de los medios y las redes sociales, solo intentan entretener a la población con discursos academicistas, tocando temas que no son de la necesidad del pueblo y que únicamente llenan su propio ego y necesidad de la fama pasajera. Sin hablar de los que, por votar este gobierno, lo defienden, o aquellos que estando en contra se callan, por miedo de perder sus “status” o su trabajo. Hablan de pensamiento crítico, pero no son consecuentes. Sólo les preocupa que su nombre, su rostro y su voz salga en los medios.

            No se decide en favor de los inocentes cuando vemos las fotos del hombre más importante del país, el Sr. Presidente al cual le depositamos toda la confianza en la guía de los orientales, vacacionando en Rocha justo en este tiempo. Este punto es polémico y seré claro: afirmo que está en su derecho y quizá lo merece. ¿Pero en el peor momento de la pandemia? ¿En días donde mueren 8 personas por Covid, lo vemos disfrutando en la playa? Nadie quita que se tome vacaciones, pero muchos de nosotros no podemos, sea por motivos económicos o por cuidarnos del contagio, sin hablar de los miles que no tienen para comer. ¿Está cansado? Muchos de nosotros también, sobre todo los maltratados docentes que hemos trabajado todo el año con miedo y bajo presión, expuestos todo el tiempo al contagio, y no podemos darnos el lujo de irnos unos días. Pero, como siempre, muchos defienden al César. Será porque llevan su misma vida y comparten la misma mentalidad.

            Hace unos días, el Papa Francisco se refirió al obispo brasileño Helder Cámara, como santo, recordando aquella famosa frase “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”. Lo mismo pasa hoy: quien da algo por caridad a los pobres es un buen ciudadano o una buena persona religiosa (más aún quien lo publica en la redes), pero quien critica al gobierno es comunista. La mentalidad herodiana limita la radicalidad que debe vivir hoy el cristianismo.

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            Decía san Pablo: “Todo está permitido, dicen, pero no todo conviene. Todo está permitido. Pero no todo edifica” (1 Co 10, 23). Esta es una verdad que puede ser regla de vida. O le mentimos al Herodes de hoy que lo controla todo (hasta con la aplicación del Covid) como hicieron los magos para cuidar el tesoro de la vida, o le mentimos por un miedo egoísta; o nos seguimos mintiendo a nosotros mismos, ante una realidad que rompe los ojos, y nos cuidamos de tomar conciencia, porque tenerla nos complica la vida. Ver la realidad y juzgarla desde la Palabra de Dios no obliga a actuar en consecuencia a favor de los inocentes, que somos nosotros mismos, pero muchas veces corremos el peligro de ser juzgados. En la mentalidad herodiana, la inocencia tiene una doble cara: o la vivimos como víctimas, o como cómplices (como Pilatos). Pero de la muerte de nuestros hermanos, la inocencia no nos salva.

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