"Lázaro", de Cernuda, bello y conmovedor poema

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
15 nov 2010 - 10:21
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EL POEMARIO “Las nubes”, “el libro más completo y armonioso de Cernuda” (L. F. Vivanco), dedicamos el post de hoy a presentar un emocionante poema escrito en difíciles tiempos (entre el final de la Guerra civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial). Exiliado en Inglaterra, con el corazón muy herido por la orgía de sangre que se estaba derramando en tantos frentes de muerte y destrucción, buscando acaso luz y serenidad, se asoma curiosamente Cernuda al Libro Sagrado de los cristianos y descubre la emocionada belleza y fuerza de la resurrección de Lázaro (Juan 11, 1–44). Identificándose, sin duda, con el amigo de Jesús, muerto que vuelve a la vida, medita en un largo poema de 117 versos los fascinantes versículos de tan extrañísima historia.

Más tarde, en el relato autobiográfico “Historial de un libro” se refiere a estos versos en los siguientes términos:

“Lázaro, una de mis composiciones preferidas, quiso expresar aquella sorpresa desencantada, como si, tras de morir, volviese otra vez a la vida.”

Por su extensión, nos fijaremos tan solo en algunas estrofas más representativas. Quien esté interesado en leer el poema completo, lo encontrará pulsando aquí.

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"ALGUIEN DIJO PALABRAS DE NUEVO NACIMIENTO..."

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En primera persona y tiempo pasado, no sabe uno bien quién habla, si Lázaro resucitado, o el poeta, o probablemente los dos... El estilo de escritura es narrativo y pausado. "Era de madrugada..." Había pasado ya la noche y amanecía la luz, la vida... Fue entonces cuando los que me acompañaban "oyeron una voz tranquila / llamándome"... Comenzó pausadamente a latir mi corazón y a respirar mi pecho. Y fui abriendo los ojos..., y descubriendo los sorprendidos rostros y el silencio de todos. "Alguien dijo palabras de nuevo nacimiento..." El cielo rojo se abría hacia lo lejos... "Y hundí la frente sobre el polvo / al sentir la pereza de la muerte..."

LÁZARO

Era de madrugada.

Después de retirada la piedra con trabajo,

porque no la materia sino el tiempo

pesaba sobre ella,

oyeron una voz tranquila

llamándome, como un amigo llama

cuando atrás queda alguno

fatigado de la jornada y cae la sombra.

Hubo un silencio largo.

Así lo cuentan ellos que lo vieron...

Era otra vez la vida.

Cuando abrí los ojos

fue el alba pálida quien dijo

la verdad. Porque aquellos

rostros ávidos, sobre mí estaban mudos,

mordiendo un sueño vago inferior al milagro,

como rebaño hosco

que no a la voz sino a la piedra atiende,

y el sudor de sus frentes

oí caer pesado entre la hierba.

Alguien dijo palabras

de nuevo nacimiento.

Mas no hubo allí sangre materna

ni vientre fecundado

que crea con dolor nueva vida doliente.

Sólo anchas vendas, lienzos amarillos

con olor denso, desnudaban

la carne gris y fláccida como fruto pasado;

no el terso cuerpo oscuro, rosa de los deseos,

sino el cuerpo de un hijo de la muerte...

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"PERO ÉL ME HABÍA LLAMADO..."

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"Quise cerrar los ojos, / buscar la vasta sombra...", regresar a la muerte. Se rebelaba el alma levantando "mareas febriles por la sangre"... Apagada la luz del hombre que la portaba, "vi unos ojos llenos de compasión...", y temblando su alma como la mía... En lo alto, aquellos ojos. Y más cerca, sus pies y su túnica "resbalando hasta rozar la fosa..." Y tuve miedo de volver al "error de estar vivo", a sufrir día a día... (Impresionante la versión de Rembrandt de un Jesús poderoso y un Lázaro que se incorpora perezosamente a vivir de nuevo.)

Quise cerrar los ojos,

buscar la vasta sombra,

la tiniebla primaria

que su venero esconde bajo el mundo

lavando de vergüenzas la memoria.

Cuando un alma doliente en mis entrañas

gritó, por las oscuras galerías

del cuerpo, agria, desencajada,

hasta chocar contra el muro de los huesos

y levantar mareas febriles por la sangre.

Aquel que con su mano sostenía

la lámpara testigo del milagro,

mató brusco la llama,

porque ya el día estaba con nosotros.

Una rápida sombra sobrevino.

Entonces, hondos bajo una frente, vi unos ojos

llenos de compasión, y hallé temblando un alma

donde mi alma se copiaba inmensa,

por el amor dueña del mundo.

Vi unos pies que marcaban la linde de la vida,

el borde de una túnica incolora

plegada, resbalando

hasta rozar la fosa, como un ala

cuando a subir tras de la luz incita.

Sentí de nuevo el sueño, la locura

y el error de estar vivo,

siendo carne doliente día a día.

Pero él me había llamado

y en mí no estaba ya sino seguirle...

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"SENTADO A SU DERECHA ME VEÍA COMO AQUEL QUE FESTEJAN AL RETORNO"

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Somos testigos de una segunda escena muy tierna, que nos evoca, por un lado, el regreso del Hijo Pródigo y el banquete que organiza el Padre (Lucas 15, 20-24) y, por otro, la Última Cena, cuando recuesta Juan su cabeza sobre el pecho del Maestro (Juan 13, 25). Los primeros versos nos describen un Lázaro/Cernuda corporalmente vivo, pero anímicamente muerto. A pesar de todo, descansa su frente sobre la tierna mano de Jesús. Y afirma su fe en Dios más allá, o más acá, de templos, de mares y de cielos; cercano, muy cercano al hombre "que está solo"... Y le pide, en silencio, "fuerza para llevar la vida nuevamente".

Todos le rodearon en la mesa.

Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,

el agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;

la palabra hermandad sonaba falsa,

y de la imagen del amor quedaban

sólo recuerdos vagos bajo el viento.

Él conocía que todo estaba muerto

en mí, que yo era un muerto

andando entre los muertos.

Sentado a su derecha me veía

como aquel que festejan al retorno.

La mano suya descansaba cerca

y recliné le frente sobre ella

con asco de mi cuerpo y de mi alma.

Así pedí en silencio, como se pide

a Dios, porque su nombre,

más vasto que los templos, los mares, las estrellas,

cabe en el desconsuelo del hombre que está solo,

fuerza para llevar la vida nuevamente.

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"POR UNA VERDAD EN AQUELLOS OJOS ENTREVISTA..."

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La verdad, la belleza, es lo único que tiene permanencia, que asegura futuro al hombre. La mirada salvadora de Cristo que ha descubierto Cernuda en su honda meditación sobre Lázaro, le abre camino de esperanza en la inhóspita selva del vivir. Al fin y al cabo la belleza, la verdad, son "un vislumbre de eternidad en el mundo, una imposible y momentánea redención de la vida, liberada así de la muerte" (Philip Silver).

Disfrutar la hermosura requiere un talante, un ejercicio y una paciencia. No eleva su blanco surtidor el humilde lirio hasta que, venciendo la ansiedad, ha enriquecido sus raíces en la noche de la tierra. Me parece lúcida, aunque matizada, la valoración de García de la Concha cuando define los versos de "Lázaro" como "sólida, si problemática, poesía religiosa".

Así rogué, con lágrimas,

fuerza de soportar mi ignorancia resignado,

trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,

mas por una verdad en aquellos ojos entrevista

ahora. La hermosura es paciencia.

Sé que el lirio del campo,

tras de su humilde oscuridad en tantas noches

con larga espera bajo tierra,

del tallo verde erguido a la corola alba

irrumpe un día en gloria triunfante.

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E INFORMO casualmente de que ha fallecido hace veinte días, a sus 89 años, en Moguer, su lugar de nacimiento, el poeta Francisco Garfias López, importante humanista cristiano. Como me temo que, desgraciadamente, serán pocos los que se acuerden de él, como es frecuente, escribiré para los amigos de Religión Digital varios post sobre su extraordinaria poesía religiosa.

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POEMAS CON INQUIETUD RELIGIOSA

DE LUIS CERNUDA

A lo largo de siete entregas comentaremos poemas de Luis Cernuda que nos hablan de Dios.

1. Un 5 de noviembre falleció Luis Cernuda. Nos asomamos a sus versos:

DOS DE NOVIEMBRE

EL CEMENTERIO

SENTIMIENTO DE OTOÑO

2. “La visita de Dios”, dramáticos versos de Luis Cernuda:

LA VISITA DE DIOS

3. “Apología pro vita sua”, de Luis Cernuda: ensayo para la buena muerte

APOLOGÍA PRO VITA SUA

4. Realidad y memoria en Luis Cernuda:

EL RETRAÍDO

VIOLETAS

EL PERFUME

5. “Atardecer en la catedral”, de Luis Cernuda:

ATARDECER EN LA CATEDRAL

6. Se enfrenta Luis Cernuda a su muerte un 5 de noviembre

EPÍLOGO

DESPEDIDA

7. "LÁZARO", de Cernuda, bello y conmovedor poema

LÁZARO

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