ORAR 2: la lectura rezada

ORAR 2: la lectura rezada
ORAR 2: la lectura rezada

ORAR 2: la lectura rezada

Dios buscando al hombre, el hombre buscando a Dios”: este es el relato central de nuestra peripecia existencial. Si a Dios no se le ve, no se le oye (el silencio de Dios), ¿será posible a la criatura ponerse en camino hacia su Creador? Aunque científicamente no pudiera demostrarse la existencia de Dios, su amor nos envuelvey hay que ser muy distraído para no descubrir, en la existencia personal de cada uno, señales, intuiciones, clarividencias, llamadas...

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Porque, del otro lado de las gafas y la mirada de su amado hijo, se manifiesta Dios en la Naturaleza, en la Biblia, la Belleza, la Justicia, el Amor, la Música, los Niños... Y en la búsqueda y culto del Creador en las civilizaciones de todos los tiempos, sin olvidar la poderosa presencia de Testigos de la Divinidad, muy especialmente en la vida, predicación y milagros de Jesús de Nazaret. No parece infrecuente descubrir llamadas internas a hacer el bien, alumbrar esperanzas de Vida más allá de la vida, sufrir inquietantes anhelos de otra Realidad Trascendente y Absoluta... Se acerca Dios a nosotros por muchos caminos y nos invita a su amistad y a la dicha. Él llevará siempre la iniciativa. La Oración es el punto de encuentro, la respuesta del ser humano a la seducción de Dios.

  ORAR ES LA RESPUESTA HUMANA A LA SEDUCCIÓN DE DIOS

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A lo largo de alguna entrega más, ofreceremos cinco modalidades de Oración:Lectura rezada, Respiración y Oración, Orar con el cuerpo, Oración contemplativa y Lectura oracional de poemas. Dedicaremos el post de hoy a iniciar en la “Lectura rezada”, muy practicada a lo largo de siglos en su versión de lectura bíblica o “Lectio Divina”. Después de leer el texto religioso o el poema, se sugiere un segundo momento, que nos puede resultar extraño, de repetición de palabras o frases para sentirlas, para vivirlas muy personalmente.

TRES PASOS DE LA LECTURA REZADA

1. LECTURA DEL TEXTO. Lectura reposada, atenta, reverente de un texto preferentemente bíblico que, en la antigüedad, incluso en privado, se pronunciaba en voz alta. Así resultaría más fácil su memorización; y así se acogería fielmente, con el oído del corazón, la hermosa voz del texto. Moviendo los labios, saboreará mejor el piadoso lector el alimento espiritual “más dulce que la miel”. Antes y durante la Lectura, pedirá la luz, porque solo en el Espíritu se llega a descubrir el sentido profundo del texto. Cuando alguna frase o palabra conmueve al devoto, detiene la lectura y pasa a meditarla.

 2. MEDITACIÓN DEL TEXTO. “La boca del justo meditará la sabiduría” (Sal 37,30). Se refiere el salmista, suponemos, a la recitación constante de la Ley de Dios que, en este segundo momento de la “Lectura” el orante pronuncia. No se trata de una actividad mental al estilo, por ejemplo, de la meditación clásica, sino de la simple repetición –en voz alta, en voz baja o sólo subvocalmente– de la palabra o frase escogida.Se repite muchas veces, reduciendo la reflexión sobre su significado al mínimo posible. Por medio de la repetición desciende la frase o palabra al pozo del corazón y se degusta, se personaliza, se hace carne y sangre y alma del orante. Algo así como van haciendo suyos, van asimilando, los rumiantes el bolo alimenticio, la saludable hierba que ingirieron.

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María, la madre de Jesús es modelo, para nosotros, de rumiación espiritual, al ir “meditando en su corazón” (Lc 2,19) lo que vio y oyó de su hijo. Diríamos con san Ambrosio: “Cuando leo las Santas Escrituras es Dios quien se pasea conmigo por el Paraíso”. Estamos llegando a la Oración, respuesta del corazón al texto espiritual.

y3. ORACIÓN DEL TEXTO. Ahora sí: ya podemos estar con el Señor expresándole sentimientos, necesidades, deseos... desde la palabra o frase rumiada y asumida: hablando espontáneamente con el Padre, o manteniéndonos delante de él en silencio amoroso.

Podíamos hablar espontáneamente, sin pasarnos de palabrería (“Cuando oréis no multipliquéis las palabras... no recéis de ese modo, porque antes que pidáis, ya conoce el Padre vuestras necesidades”: Mt 6,7s). Teresa de Jesús explicaba que orar es “tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”. A lo mejor lo que más deseamos, en vez de hablar, es simplemente disfrutar en silencio su Presencia, contemplar al Dios vivo con los ojos del Corazón.

¡Atención! Siendo fieles a esta modalidad de la “Lectura rezada”, volveríamos a leer el texto inicial, deteniéndonos en una nueva frase o palabra que meditar y orar... Y así hasta decidir la finalización.

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LECTURA DE UNOS VERSOS DE “POESÍA PARA MEDITAR”

Veamos un ejemplo de “Poesía para meditar”: el poema “Universo abreviado”, de Jesús Mauleón (en la sección primera, “Dentro de mí”). Aunque esta modalidad oracional se refiere originalmente a un texto bíblico, podemos escoger cualquier otro libro de devoción que nos ayude a orar, que es el objetivo último de este método. Para acceder a “Universo abreviado”, pulsar aquí. Leemos:

UNIVERSO ABREVIADO

Estás. Estás. Estás.
La plenitud florece
ante tanta evidencia.
Cierro los ojos:
no me pesa la nada.
Perfumas Tú mi cuarto,
lo levantas en alas,
lo llenas del mismo aire
que sostiene a los pájaros,
lo ensanchas con el mundo
traspasando paredes,
introduciendo ríos,
fronda, caminos, mares,
astros lejanos
dentro de mí
                    para decirme
que estás y que sostienes
lo que existe
felizmente conmigo.

Estás.
Tan alto ritmo tienes, que este cuarto
abrevia el Universo.

PERFUMAS TÚ MI CUARTO, LO LEVANTAS EN ALAS

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MEDITACIÓN DEL TEXTO. Supongamos que, leído lo anterior, las dos últimas estrofas han impresionado al orante. Se detiene y repite, en voz alta o voz baja, si le es posible: “Perfumas Tú mi cuarto, / lo levantas en alas...” Apenas necesita pensar en el significado de las palabras. Pero repetirá el párrafo una y otra vez. Recuerda el verso inicial: “Estás. Estás. Estás.”, que sugiere que Dios existe y está presente en el hogar y en la vida. Ya sabe lo que significa “Perfumas Tú mi cuarto, / lo levantas en alas...” Y juega con el texto. Se detiene en el primer grupo de palabras: “Perfumas Tú mi cuarto... perfumas Tú mi cuarto...”  Saborea y gusta cada palabra, que repite: “Perfumas Tú... Tú... Tú... perfumas Tú mi cuarto...” Acorta la frase: “Perfumas Tú... perfumas Tú...” Y prosigue: “Lo levantas en alas... alas... alas...”, etc.

Por medio de la repetición, está permitiendo el lector piadoso que estas palabras se siembren en su corazón y en su mente, se conviertan en alimento espiritual...

ORACIÓN DEL TEXTO. Ahora, en total libertad, dialoga con Dios. Le habla. Le escucha. Le ama en silencio... Algo así: Perfumas Tú... Perfumas tú mi cuarto... Perfumas, Señor, con tu presencia, mi corazón, mi vida... Porque soy templo tuyo... Gracias por tu amor de Padre... Me huele tu presencia a incienso y rosas... Aquellas fervorosas oraciones del mes de mayo en la capilla del colegio... La solemne liturgia de las misas cantadas... Respiraré en silencio tu olor, Rey de la Creación... Perfumas Tú mi cuarto, lo levantas en alas... ¿Será verdad, Dios mío, que tengo a mi lado un ángel que me protege?... Pero mejor que un ángel es la compañía del Espíritu Santo... ¡Llora mi corazón tantas veces hundido en el desaliento!... Lo levantas en alas... Lo levantaste en alas tantas veces... Gracias, Señor, por tu bondad y tu ternura...

Nuevas lecturas del poema. Siendo fieles a esta modalidad de la “Lectura rezada”, volvemos a leer el poema “Universo abreviado”, deteniéndonos de nuevo en una nueva frase o palabra que meditar y orar... Y así hasta decidir la finalización.

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