Un entretenimiento literario de Txenti García D. Mateo , cap. 10

D. Mateo , cap. 10
D. Mateo , cap. 10

D. Mateo comparte con su amigo Benito asuntos que tiene entre manos 

Cap 10 Jueves por la mañana 

 D. Mateo afronta un día más de esta semana cargada de acontecimientos e imprevistos. Tras una buena ducha se dirige a la cocina para desayunar. 

- Vaya se está acabando la mermelada. Bueno, a ver donde tengo la lista de la compra. Aquí está. Mer -me -la -da. Tengo que reponer esta despensa que al ritmo de visitas, Mateo, te duran poco las viandas.  

Mateo hace la compra de la semana los jueves, así aprovecha a pasearse por el mercadillo que ponen en la plaza ese día de la semana. Dedica la mañana casi a la pastoral de la compra: La carnicería de Antonio, la pescadería de Jóse, la frutería de los padres de Luis, la mercería de Blanqui, y el mercadillo. En todos los puestos se paraba con su carro, en todos compraba algo y se llevaba propina, para todos tenía una palabra, una broma y si la ocasión lo requería hasta una frase del evangelio. Las mañanas de los jueves su parroquia era todo el pueblo y la pastoral de la compra era ya una institución en el pueblo. Algunas mujeres se sabían el recorrido y a D. Mateo le encantaba cambiarlo de vez en cuando para despistar.  

Cuando llegó a la frutería había solo dos clientes y el padre, Juan se dirigió a D. Mateo.

- Buenos días D. Mateo 

- Buenos días Juan, Buenos días Luis. 

- D. Mateo, puede acompañarme un momento a casa, quisiera que nos bendiga una imagen del Sagrado Corazón.  

- Luis miró sonriente a D. Mateo. 

- Sí, Juan cómo no.  

- Deje ahí el carro D. Mateo. 

- Gracias Luis 

- Pase D. Mateo. Hasta la cocina. 

- Gracias. Marta, buenos días, que bien huele. 

- Buenos días D. Mateo, hoy toca cocido y me gusta ir haciéndolo con tiempo. 

- Siéntese D. Mateo. ¿un vino? 

- No gracias, y habla, luego igual si te pido el vino. 

- Bueno lo primero confesarme una pequeña mentira. 

- ¿La de la imagen del Sagrado Corazón? Si es esa, quedas absuelto. Sigue que estoy desando escucharte. 

- Ayer habló Luis con nosotros, nos contó todo, lo de Adam, lo de su homosexualidad, la conversación con usted, … El chiquillo no se calló nada. Y nosotros tampoco. Lo de su homosexualidad lo sospechábamos desde hace años, pero como él nunca dijo nada, decidimos callar nosotros y respetar su silencio. Al principio no fue fácil asimilarlo, incluso llegamos a pensar que sería algo pasajero, que al final una chica le cambiaría. Este último año ya no nos quedaron dudas. Llegamos a saber por un amigo que frecuentaba cierto tipo de locales en la ciudad y cuando empezó a quedarse en la ciudad en casa de un amigo, dimos por hecho que podía ser su pareja. Una vez asumido que Luis es diferente lo que nos preocupaba era que nadie le hiciese daño. Ya nos ha dicho que Adam y él lo tienen todo muy pensado y ¿Qué vamos a decirle nosotros D. Mateo? Lo que nos dejó más tranquilos era saber que las dominicas y usted están apoyándoles. De cara al pueblo, y sobre todo sabiendo que piensan quedarse a vivir aquí, el apoyo de ustedes puede ser muy importante.

- Saca ese vino Marta, y saca tres vasos. 

- ¡Ay padre, yo a estas horas! 

- ¡Saca tres vasos, Marta! Y en el tuyo pon al menos un culín. 

- Ahí los tiene.  

- Coged. Vamos a brindar por vuestro hijo y por Adam. Hoy es un gran día, sois unos grandes padres y tenéis un gran hijo. Cuando estuvieron en mi casa puedo aseguraros que pocas parejas he visto tan enamoradas como la que hacen Adam y Luis. Vamos a arroparles con todo cariño. ¡Chin chin! 

- ¡Chin chin! 

- Bueno voy a seguir con la compra, y ahora sí que tenéis que comprar un Sagrado Corazón, pero para la casa de estos. Y buscad una imagen moderna, que las hay, algo que pegue con la casa que pongan los chavales. 

- Gracias D. Mateo.  

- Gracias a vosotros. 

- Luis, ¿me toca, o se me ha pasado el turno? 

- Termino con Dña. Sofía y le pongo a usted. 

- Hombre Dña. Sofía. Mira que bien que la veo. El otro día al final firmé el acta de la reunión y no la leí, ya sabe que me gusta darle un vistazo, ¿puede venir a casa a las cinco y media con el acta?  

- Por supuesto D. Mateo. Luego se la llevo. 

- Gracias.  

- Dígame D. Mateo. 

- Dos kilos de tomate, que no estén muy maduros que todavía tengo alguno. Una lechuga, cinco cebollas, un manojo de zanahorias, un kilo de manzanas, tres plátanos, una piña, y … ah sí, unas patatas.  ¿Me lo podrías llevar luego todo a casa? Es que se me está haciendo tarde y quiero hacer un par de recados más.  

- No se preocupe luego se lo llevo. ¿A qué hora?

- A las cinco. 

- Y patatas ¿Cuánto? 

- Pues mira ya que vas a ir tú con la carga pon un saco de 25 y así tengo para una temporada.  

- A las cinco se lo llevo todo D. Mateo. 

- Gracias hijo. Adiós señoras. 

- Hoy D. Mateo pasa por el mercadillo casi por compromiso, saluda a los tenderos, se para en un par de puestos y sigue para su casa. No quiere que llegue Benito y tenga el resto de la compra sin colocar. Así pueden ir a comer tranquilos. 

- Bueno, la compra colocada y me va a dar tiempo de leer la prensa y todo. 

Llaman a la puerta

- Ya me parecía a mí que no podía ser ten bonito. ¡Voy! 

- ¡Mateo, ya estás listo! Vamos a comer.  

- ¡Vamos! Te estaba esperando. Tengo hasta las cinco. 

- Bien, es buena hora. Podremos seguir con el cuestionario. ¡que no me he olvidado! 

- Bueno. Ya veremos, hay más temas de los que hablar. Tengo que contarte algunas noticias. 

- Fenomenal. Si quieres de camino me vas contando algo.  

- Luego, mientras comemos. 

Hoy el Mesón es un restaurante que sirve platos típicos de la zona. Tinín heredó la taberna de su padre y poco a poco la ha ido ampliando y mejorando. Dejó una parte de tasca para los de siempre y cuando compró el local de al lado hizo el restaurante. Azu, su mujer tiene muy buena mano en la cocina. Tienen dos camareros y el chaval, Sergio, que también desde hace años colabora mucho en el negocio. 

- Hola Tinin, y la compañía. 

- Hola D. Mateo. Y… D. Benito ¿verdad? 

- Sí Tinin, muy buenas. Venimos a ver si dais de comer a estos dos pobres curas.  

- Faltaría más. 

- Tinin, ¿te importaría servirnos en el comedor pequeño? 

- Ningún problema D. Mateo. ¡Sergio! Prepara una mesa para dos en el comedor de los cuadros. 

- Mejor ahí, hoy vamos a estar solos y podremos hablar tranquilos. 

- Joder Mateo, me tienes en ascuas. ¿vas a saltarte el secreto de confesión?

- ¡Vete a la mierda Benito, tu siempre igual! No, simplemente que me apetece contarte cosas que afectan a gente del pueblo y tampoco quiero que nadie nos escuche. Hola Sergio, gracias. 

- Aquí les dejo la carta ¿Qué van a beber? 

- Sácanos un vino crianza de la tierra.  Y espera, no te vayas, que te decimos lo que queremos. ¿Tu Mateo? 

- Pues voy a pedir una ensalada de puerros de primero y unos callos de segundo. 

- Yo quiero un revuelto de setas y merluza a la romana. 

- Muy bien, enseguida les traigo el pan y el vino. 

- Gracias Sergio, ah y saluda a tu madre. Pues te cuento. Lo primero lo del hijo de Marcela. 

- ¿Le pasa algo? 

- No. Estuvo su madre hablando conmigo sobre un tema del que yo no había caído. El crío necesitará un padrino o una madrina para su confirmación. Sí, ya sé y se lo dije, que nadie mejor que ella, pero entiendo sus miedos y tiene toda la razón del mundo. Pero he pensado una treta que luego voy a ver si me sale. Le voy a proponer a una de las beatas de la parroquia que sea su madrina. Dña. Sofía tiene mucho peso entre ellas y si acepta será una baza perfecta. 

- ¿Qué consigues con ello?  

- Tapar la boca al resto de beatas. A ver, son buena gente pero hay cuestiones por las que su conciencia, su mentalidad o lo que sea no les permitiría pasar. Salvo que estén ellas implicadas aunque sea como obra de caridad cristiana.  Marcela tiene miedo de que alguien sepa ya de lo tuyo con ella y puedan irle con cuentos al obispo. 

- Pues mira un problema que me quitan. 

- Benito, no seas animal. Además si quieres que el obispo se entere que sea de tu boca. 

- Perdona Mateo, tienes razón. Sabes. Tenía pensado venir a la confirmación del crio. Pero quería saber tu opinión.

- No sé. Somos amigos, ese día se presta a una celebración con varios curas. Mientras no quedes con Marcela a la salida de misa y os vayáis de la mano. Más te diría, tengo pensado proponer a los chavales una celebración para ellos y que con la familia lo celebren al domingo siguiente cada uno. Eso a vosotros os vendría bien. 

- Es una buena idea. 

- Tomen. El pan, el vino y estas croquetas de parte de mi madre.  

- Son de las de queso. ¡Cómo huelen! Dale las gracias a tu madre chaval. 

- Bueno pues, tú veras, si vienes, perfecto pero compórtate  y dile a Marcela que no os andéis cruzando miradas como dos adolescentes, ah y a ninguna de sus compañeras. Me imagino ese día la iglesia, va a ser de lo más entretenido. En fin mejor no pensarlo. 

- Bueno ya veré lo que hago. Te aviso antes si vengo.  

- Otro de los chavales que hará la confirmación será éste, Sergio. Benito, solo le pido a Dios que les ayude a estos chavales. Son muy majos, pero creo que no les está tocando buenos tiempos. 

- Ni buenos ni malos, Mateo, ellos tendrán su tiempo como nosotros el nuestro. Eso no quita para que les podamos acompañar en la medida que sepamos y que se dejen.  Mi padre se murió cuando yo tenía mueve años. Siempre he notado su ausencia. A veces creo que lo del seminario fue una forma de suplir la figura paterna. Pero no es lo mismo. Yo he tenido que vivir con eso como otros con otras cosas.  

- No,  me refiero a que la sociedad no acompaña en lo religioso. 

- ¿Y antes acompañaba? ¿De verdad crees que antes acompañaba? ¿Cuántos rebotados con la Iglesia conoces de nuestra edad? Muchos, y cuántos rebotados habrá en la suya. Menos, muchos menos porque el que acepta hoy ser cristiano lo hace por iniciativa propia. Habrá más indiferentes con la religión, pero el que sigue lo hace más convencido que persuadido. Y si estos chavales siguen ten por seguro que lo harán por que quieran ellos. 

- Y porque tienen unos padres que les apoyan, acompañan o al menos respetan. Sí, es posible que sea como dices. 

- D. Mateo, los puerros. D. Benito su revuelto.  ¡Qué aproveche! 

- Gracias hijo.  Come Benito que lo tuyo se enfría. Mientras te voy contando el otro tema que quería compartir contigo. El otro día la hermana Clara, la de las Dominicas, me pasó la pelota de un tema que al principio me dio … miedo, rechazo, no sé, me sentía incómodo. Han pasado 48 horas y creo que es un regalo de Dios. Te cuento. Resulta que Luis el hijo de los de la frutería, es homosexual. Nunca había dado muestras de ello por lo que en el pueblo nadie sabe nada, ni sospecha nada. El caso es que tiene un novio de la ciudad desde hace dos años y han decidido que quieren venir a vivir al pueblo. Son muy creyentes. Más de lo que me podría imaginar, y son una pareja preciosa. Están enamorados. Les gustaría empezar su vida con una celebración de su unión dentro de un acto religioso. Ellos saben que no pueden pedir el sacramento del matrimonio, pero quieren tener el respaldo de la Iglesia y la opción de que Dios bendiga su amor. 

- Mateo. Te escucho y no te reconozco. Ya veo que te ha dado fuerte este tema. 

- Sí Benito. Me ha abierto una interpretación del amor humano desconocido por mí hasta ahora. O al menos que no lo había conocido tan de cerca. Sigo sin tener las ideas claras, pero lo que sí tengo claro es que el Amor de Dios está presente en la vida de los hombres de más formas de las que pensamos. Y que no soy quien para juzgar a otros. Estoy ilusionado con ayudar a esta pareja. Ya los llegarás a conocer porque van a ser vecinos míos. Esta semana pensaban formalizar la casa.

- ¿Una que tiene un trozo de huerta o de jardín bastante hermoso? 

- Sí esa. 

- Pero qué piensas hacer, ¿casarlos en secreto? 

- No. Lo primero que les he propuesto es un cursillo de novios, pero adaptado a ellos. Quizá tú puedas darme alguna idea. Y cuando hayamos hecho unas cuantas sesiones prepararemos una celebración, una paraliturgia con el tema del Amor de Dios como tema central. Espero contar con las Dominicas, y contigo. Esta mañana he hablado con los padres de Luis. Sospechaban todo aunque no sabían con certeza nada. Han reaccionado de manera increíble. Una bendición. 

- Si se me ocurre algo ya te diré. Pero Mateo, en principio si es un curso de novios no haría muchos inventos. Al final la vida en pareja es la vida en pareja, ya sea esa pareja de personas de distinto o del mismo sexo. Hombre, ahora que lo pienso, quizá el capítulo de los hijos sí haya que abordarlo de alguna manera diferente. 

- Lo tienen más claro que nosotros te diría. Se adelantaron a decirme lo que piensan al respecto y me dejaron impresionado. Defienden que los hijos han de tener un padre y una madre y creen que las parejas homosexuales, más que adoptar niños al modo de una familia heterosexual su labor podría volcarse en proyectos de acogida temporal. Ya lo tienen pensado el apuntarse a un programa de acogida para niños de países pobres en vacaciones y para el cuidado por motivo de operaciones o tratamientos médicos. Ya me he informado, hay una ONG que se llama Tierra de Hombres. Tengo que ponerme en contacto con ellos, si admiten curas lo mismo me animo a tener un crio en unas vacaciones. 

- ¡Uff pues sí que te ha dado fuerte! Te dejo dos días solo y no hay quien te conozca. 

- D. Mateo los callos. Ahora les traigo más pan. D. Benito la merluza a la romana. Le dejo limón y mayonesa para que lo acompañe con lo que desee.

- Gracias Sergio. Por cierto dile a tu madre que el revuelto estaba delicioso. 

- Gracias, ahora se lo digo. 

- Y ahí no acaba todo. 

- ¿Más? 

- Sí. Me contó Marcela la historia de Zarina, la última chica que ha entrado en el local.  

- Ah sí. Una preciosidad. No va a tener problema en su trabajo. Además Paco la cogió como camarera y así tiene un trabajo que le ha permitido regularizar sus papeles y no estar de forma ilegal en el país.  Bueno ¿Qué pasa con Zarina? 

- Pues qué va a pasar Benito, que es una cría y que si podemos ayudarla a salir de ese mundo hay que hacerlo.  

- Ya. Y cómo. No le veo con intenciones de meterse monja. 

- Nunca se sabe. Mira no había yo pensado en esa posibilidad. No, quizá con el tiempo consigo que trabaje de asistenta en casa de la pareja, de Luis y de Adam. Ellos tienen trabajo como para que no les dé tiempo de atender la casa, y si tienen que coger una asistenta,… matamos dos pájaros de un tiro. Umm ¡que ricos y como pican estos callos!!! 

- Bueno, veo que lo tienes todo pensado.  

- No, lo tengo todo listo para rezarlo. A ver,  sé que son sueños, pero si Dios pone de su parte, seguro que salen las cosas.  

- ¿Hay alguna sorpresa más? 

- No eso era todo. ¿Quieres que retomemos lo de las preguntas? 

- Si nos da tiempo bien. Ahora confesión por confesión. Te cuento yo también un caso que tengo en mi parroquia. El lunes a la noche me vino un feligrés. Es el pequeño de cuatro hermanos, tres chicas y él, está soltero y trabaja de viajante, por lo que para por el pueblo muy poco. De hecho tiene una casa en la ciudad. Últimamente está viniendo más porque su madre está ya muy mayor, y cada vez le cuesta más valerse por sí misma. El caso es que las hermanas le están presionando para que o bien se vaya a vivir con su madre o bien la metan en una residencia entre todos. De las tres hermanas solo una vive en el pueblo pero con el marido, sus tres hijos y la tienda no da abasto y las otras viven lejos, fuera de la provincia. El hombre vino buscando consuelo y una palabra. Me decía que él es consciente de que las condiciones en las que vive su madre, en una casa vieja y con las limitaciones que la edad le va dando, pues no es lo que se podría entender por calidad de vida, pero que cree que su madre es feliz viviendo así. Que si a su madre la meten en una residencia la matan en cuatro días. Que su madre moriría más feliz en su casa. Él no puede dejar su trabajo, puede intentar estar más tiempo con su madre, más pendiente, pero… la señora de la cabeza está bien todavía. Yo la conozco. Viene por la parroquia de vez en cuando. Me pidió que hablase con su madre. Que intentase averiguar si estaría dispuesta a ir a una residencia o a meter alguien a vivir con ella en su casa. Accedí y esta mañana me he presentado en su casa. La verdad es que la casa es vieja, como su dueña, pero la tiene arreglada, sin lujos. Con la radio y la tele le sobra compañía. Le he sido muy directo, le he dicho que sus hijos estaban preocupados por que viviese sola a su edad y que me habían dicho que ni quería ir a vivir con ninguno de los hijos, ni quería ir a una residencia donde le cuiden. Mientras me escuchaba ella fue haciendo cosas en la casa, despacito, pero fue colocando ropa, doblando unos trapos. De vez en cuando me miraba, con los ojos fijos, hundidos. Yo le vendí las excelencias de las residencias y veía que ella no cambiaba el gesto. Cuando terminé, ella se sentó en su butaca de mimbre, y más o menos me dijo: mire padre, yo sé que mis hijas están presionando al pequeño para que venga a vivir conmigo. Yo no quiero que deje su trabajo por cuidarme. Tampoco quiero ir a una residencia ni que nadie venga a vivir a mi casa. Sé que estoy mayor y que cada día me valgo con más dificultad, pero tengo una cosa que mis hijos no tienen. Fe. Creo que Dios me va a permitir seguir viviendo en mi casa mientras me pueda, aunque sea con dificultades, valer mínimamente. Y un día me llevará al cielo con mi esposo. Acabaré mis días con la satisfacción de no haber sido carga para nadie. Y habré vivido en mi casa, sin dar cuentas a nadie y sin depender de nadie.    Vi que lo tenía tan claro que no quise decirle más. Por una parte con su actitud está siendo carga para sus hijos, pero por otra no seré yo quien le quite esa seguridad de que Dios la llevará antes de que su situación requiera medidas drásticas que ella no quiere ni contemplar. Tiene que ser muy duro hacerse mayor Mateo. No sé que voy a decirle a su hijo cuando venga la semana que viene. 

- Dile que has cumplido con hablar con su madre y que la señora tiene las cosas muy claras. Que le acompañe en la medida de sus posibilidades y que si un día su madre aparece muerta que no sienta remordimientos ni sentimientos de culpabilidad, que habrá cumplido la voluntad de su madre.  

- ¿Y qué le dice este hombre a sus hermanas? 

- Lo mismo que tú le digas a él tendría que servirles a ellas.  

- ¿Vas a tomar postre? 

- No, me paso al café directamente. 

- Yo también. ¡Sergio! 

- Díganme.  

- Buenísimo todo. No queremos postre, tráenos dos cafés y dos copas de orujo de hierbas. 

- Perfecto. 

- Y me traes la cuenta con todo también. 

- La verdad es que son casi las cuatro y media ya. Tomamos el café y marcho para casa que tengo que estar para las cinco. 

- La verdad Mateo, nosotros que tenemos que escuchar a tantas personas necesitamos de personas que nos escuchen y con las que compartir tantas cosas. Yo tengo a Marcela, con ella a veces desahogo mis preocupaciones, pero ¿y tú Mateo? Tú a quien tienes. 

- Te tengo a ti.  

- Ya pero yo solo estoy una vez por semana, y no siempre.  

- Y otras semanas nos vemos dos días como esta. Para compensar. 

- Mateo, sabes de qué estoy hablando. 

- Sí, Benito. Sé de qué estás hablando. Yo hablo mucho con Dios y conmigo mismo. 

- Ya pero… eso a veces no ceo que sea suficiente.  

- Bueno Benito, mira, si Dios piensa que necesito una Marcela en mi vida pues ya la pondrá. Mientras tanto me voy arreglando bien. La soledad muchas veces se cubre con soliloquios, con la oración o escribiendo. Y por Dios, Benito, no me des la vuelta a las cosas. Yo estoy cumpliendo con el compromiso que hice, y lo hice libremente. Eres tú el que no estás cumpliendo con tu compromiso.  

- A ver si la Zarina…. 

- Benito, que podría ser nuestra hija. ¡Pero serás! ¡Que te estoy hablando en serio! 

- Los cafés y la cuenta. 

- Gracias Sergio. Felicita a tu madre por toda la comida. 

- De su parte. 

- ¿Vas a estar con Marcela?  

- No. Hoy no nos vemos. Marcho ahora para el pueblo, quiero mirar unos papeles, unos planos para remodelar los locales de la parroquia. Un feligrés me ha dejado una propuesta para sacarle más partido a los locales parroquiales y con poco dinero. Quiero estudiarlo antes de decidir nada o de pedir dinero al obispado para la obra. Bueno, vamos si quieres, ya le he dejado el dinero en el plato. 

- Bueno, vale.  Vamos 

- Tinin tienes en la mesa el dinero, si sobra algo es para el crio que nos ha servido como un profesional. 

- Gracias padre. Luego se lo digo que ha subido ya a casa. 

- Adiós. 

- Bueno Benito. Gracias por la comida y por la conversación. 

- A ti. Y nos queda pendiente el cuestionario  

- Te digo las preguntas y te las contestas tu mismo: ¿Qué verdades en tu vida te hacen libre de verdad?, y si ¿aceptas a Cristo como la Verdad en tu vida? 

- ¡Joder Mateo! Vale, las voy rumiando de camino  a casa. Cuídate. 

- Lo mismo. 

 D. Mateo aceleró el paso, no quería hacer esperar a Luis con la compra. 

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