¡Que Dios te bendiga! ¡Y yo también! ¿La fórmula para salir de la crisis y abandonar la polarización en la Diócesis de Vitoria?

Carta(s) abierta(s) a TODA la comunidad (y a cada uno de sus miembros y colectivos) que peregrinan en Vitoria

Si consideras que estas cartas pueden ayudar a alguien, ¡comparte! 

Diocesis-Vitoria_
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Llevo meses dándole vueltas a cuál sería la palabra idónea que aportar para volver a caminar juntos todos, todos, todos, en la Diócesis de Vitoria. De hecho le llevo dando muchas vueltas a este texto que ha tenido varias correcciones determinadas por los acontecimientos que se han ido sucediendo. 

Se han cumplido diez años de la llegada del nuevo pastor elegido por Roma, como viene siendo tradición desde hace siglos, aun cuando haya voces que piden recuperar casi la elección por aclamación en cada comunidad. Y el Sínodo ha abierto esa puerta según lo publicado recientemente, no por aclamación popular pero sí con una mayor participación de la comunidad.  

Hace diez años muchos deseábamos que la Diócesis viviera un revulsivo que la sacase de una sensación de apatía, cansancio y “estabilidad sin crecimiento” que afectaba al presbiterio y a la comunidad en general. Porque discrepancias siempre las ha habido. Concepciones diferentes de Iglesia y desencuentros con el obispo los he conocido en todas las épocas. Pero se convivía y se aceptaba que la feligresía se pudiera decantar por un modelo u otro de entender la liturgia, los sacramentos y la piedad popular. Desde el obispado siempre se defendía una línea oficial, ortodoxa, ajustada a las normas pero también se entendía que los sacerdotes, aunque fuese “a su manera” estaban atendiendo al Pueblo de Dios. El secularismo era un fenómeno social y global que nos había pillado a todos, y todos podríamos tener una parte de responsabilidad pero no toda la culpa. 

El nuevo obispo, Juan Carlos Elizalde, llegó con ideas claras que no compartió pero fue dejando ver con el tiempo. Traía un modelo de Iglesia que sintonizaba con un modelo ya existente en España, pero que chocaba en el contexto de la Iglesia en Vitoria, esta con una tradición de Iglesia de pastoral más social que sacramental. Y la sacramentalidad era una de las prioridades para el obispo. Era una Iglesia atascada pero no una Iglesia muerta. Cierto que era una Iglesia en la que algunos grupos no tenían el protagonismo que quizá hubiesen deseado pero tampoco se podría decir que había una tendencia dominante. Los curas, como los califiqué en más de una ocasión eran “francotiradores”, pero todos, los que tenían más afinidad por la ortodoxia y los que preferían cambiar el derecho canónico y la liturgia por la imaginación y la creatividad pastoral. 

Por otro lado para Juan Carlos Elizalde el disponer de un Seminario vacío pasó a ser un reto el llenarlo desde una concepción de la Iglesia Universal, católica, sin fronteras, sin razas, … y como fuera! Y así fue buscando los recursos que le permitieran cumplir su proyecto de un Seminario con seminaristas. Y lo ha logrado pero también hemos sido testigos de cómo los seminaristas de las diócesis vascas hermanas han sido enviados a Pamplona y no a Vitoria. Se ha ganado la confianza de Camerún pero … no parece que la de las diócesis vecinas con las que se podría haber recuperado el Seminario de Vitoria como Seminario de concentración solicitado por Roma y que ya lo fue hasta 1950. 

Vista Seminario exterior _1660
Vista Seminario exterior _1660

Elizalde concibió una Diócesis abierta a cualquier propuesta que cuidase de manera especial los dos campos anteriores: una vida sacramental y una pastoral vocacional sin límites. Ello no supone un desprecio de la dimensión caritativa de la Iglesia Diocesana y tanto Cáritas, como Jeiki, Berakah, … han recibido el respaldo del obispo, pero no esa trayectoria de pastoral social de cercanía que viene de tiempos de Bueno Monreal y sus paseos con los obreros desde las fábricas hasta el Casco Viejo donde estaba el obispado. Esa dimensión de pastoral social que hizo de Vitoria un referente con los proyectos de Carlos Abaitua que bien le vendrían a los gobiernos de hoy para darle salida al problema de la vivienda; una pastoral social y de compromiso que se manifestó en la empatía con la lucha obrera en el final del franquismo y en la transición. Eso parece querer dejarse en las hemerotecas y centrar los esfuerzos en la pastoral sacramental y vocacional como únicos referentes para la diócesis. Y ahí ha chocado con una diócesis de profunda vocación misionera. Pero es que también ha chocado con una Iglesia que celebró la llegada de Francisco; ha chocado con una iglesia preocupada por Laudato Sí; ha chocado con una iglesia que valora y participa en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia; ha chocado con una iglesia que se postula en favor de un discipulado de iguales; ha chocado con la Iglesia que celebró 25 jornadas del Foro Religioso Popular y lleva ya 4 de Krisare; ha chocado con miembros de la comunidad LGTBI, ha chocado con las instituciones públicas, ha chocado con colectivos varios, …. Elizalde no solo ha chocado con una parte importante del clero diocesano, también con una parte de su iglesia diocesana. 

Desde estos presupuestos se propuso caminar acompañado de cuantos quisieran compartir su proyecto diocesano. Por que proyecto diocesano solo podría haber uno, el suyo, no se contemplaba la coexistencia de varios estilos de concebir la Diócesis. Y hace diez años era muy pronto para usar el término sinodalidad. Por lo que quien no compartiera con él su proyecto mejor que se hiciera a un lado. Y se encontró con una parte importante del presbiterio que no entendía ni compartía ni las formas ni el fondo de su manera de gestionar la diócesis. Así unos se fueron escorando y de otros prescindió directamente él. Al ir apartando a curas diocesanos vió la oportunidad de ir acogiendo a sacerdotes de otras diócesis, unos llamados expresamente por él, otros acogidos por circunstancias personales, y otros traídos con un contrato de por medio con el obispo de su diócesis de origen. A día de hoy los sacerdotes diocesanos en total creo que son 125, los sacerdotes incardinados en otras diócesis 53. 

Esto llevó a desencuentros y enfrentamientos, esto fue creando un clima de tensión y acusaciones mutuas, esto provocó la denuncia pública de muchas decisiones (una denuncia en la que yo he participado desde mi personal visión y posicionamiento). Pero lejos de solucionar nada, entre todos, todos, todos, por acción u omisión, fuimos empeorando las cosas en lugar de mejorarlas. Porque los que salen defendiendo al obispo y criticando a los curas al final participan del mismo “pecado”. Y lo seguimos haciendo. Con la mejor intención, dejando ver que así no se puede seguir y que hay que buscar una salida a esta situación, que estamos siendo un escándalo para gentes de fe humilde y un disfrute para quienes se frotan las manos viendo una Iglesia dividida. Pero ocultarlo o mirar para otro lado no era ya la otra opción. 

Así la carta abierta de los 57 curas- número incrementado de 52 a 57 - (aunque siguen siendo más los que sintonizan con la mayor parte del escrito) tenía que llegar tarde o temprano. 

Sinceramente las sucesivas reacciones del obispo y del obispado a la carta no parecen las más acertadas: declaraciones en Radio Vitoria, Homilía el día de la presentación del PDE. Vuelven a dejar en evidencia la brecha existente y las pocas ganas de acercar posturas, porque sus palabras no concuerdan con sus hechos. La homilía que rescatan de 2017 es recordarnos la génesis de toda esta situación: una homilía dura y crítica con los sacerdotes (que quizá era necesaria en su momento, incluso el hacerlo público, eso no lo critico; pero esa homilía estaba cargada también de buenos deseos e intenciones que no se vieron correspondidos con los actos que se estaban haciendo ni los que se siguieron haciendo: el bloqueo al reconocimiento de Pagola en la Facultad de Teología, la llegada del Seminario Redemptoris Mater sin consulta con el presbiterio, traer sacerdotes de otras diócesis sin dar explicaciones del motivo de su traslado y encomendarles responsabilidades diocesanas, acumular responsabilidades en una única persona, criticar al clero alavés cada vez que impartía ejercicios en otras diócesis, y sobre todo insistir en que el es “el padre” y sean muchos, sacerdotes y laicos los que no perciben esa “paternidad”… en fin detalles que no ayudaron a que se le fuese ni queriendo ni aceptando por parte del clero diocesano autóctono apartado) ¡A ver! que muchas de sus decisiones son legales porque la ley canónica le asiste para hacerlo. (bueno lo de hablar mal de sus curas en el marco de los ejercicios a otros sacerdotes no creo que lo respalde ningún canon). Tiene el poder para hacerlo. Pero ha perdido la autoridad y la confianza de muchos por hacerlo “a su manera”. 

Al querer minimizar el tema con las “sólo dos firmas hechas públicas” de los sacerdotes, sabiendo que muchos no firman por miedo a represalias de alguien que tiene el poder para sancionarlos, lo que ha provocado es, nuevamente, la polarización de la feligresía concretada en dos campañas de recogida de firmas, una a favor de los curas de la carta y otra a favor del, a pesar de todo, “el gran trabajo” del obispo. Yo no he firmado ninguna de las dos porque creo que mi papel en esta historia es otro. Aunque claramente estoy más cerca de mis amigos sacerdotes que del obispo que ha llegado a insultarlos. 

La campaña alojada en change.org ya ha alcanzado las 608 firmas. 

Por eso llevo meses dando vueltas a la palabra que yo podría y debería aportar llegados los diez años y la posibilidad de abrirnos a una nueva etapa diocesana. Y esta palabra ha sido compartida, orada y meditada para ser compartida desde los mejores deseos de recuperar la paz y la reconciliación. Todos hemos sido el problema y entre todos hemos de encontrar la solución. Cada cual sabrá la cuota de responsabilidad para la solución que le corresponde o que se corresponde con su cuota de responsabilidad en la génesis de esta situación.

Cuando entré en mi trabajo me enseñaron que “los de arriba solo quieren que no demos problemas”, y estoy convencido que es una máxima aplicable a cualquier institución de este mundo. Podríamos volver a tener un San Prudencio de Armentia, pero quizá nos valga con su solo recuerdo, ejemplo y testimonio para encontrar la mediación precisa a la polarización diocesana que vivimos. No obstante también comparto la opinión de muchos de que Roma tiene que tomar cartas sobre este asunto en Vitoria. La Santa Madre no puede dejar abandonados a su suerte a sus hijos. 

Soy consciente de que las trincheras son profundas, las posiciones enconadas, y que cuando los milagros no dependen de Dios sino de la libertad humana para cambiar son muy difíciles. Pero quizá siga siendo así de ingenuo y creo en los milagros. 

Así, que tras este preámbulo me dispongo a escribir varias cartas abiertas a mis codiocesanos. Cartas que buscarán recordar lo bueno de cada uno, de cada forma y manera de seguir a Jesús de Nazaret. Cartas escritas para ser publicadas y leídas en el marco de la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu se hace más presente en la Historia de la Salvación, cuando empezamos a ser Iglesia.

Ah. Gracias a aquellos sacerdotes y comunidades que han hecho suya mi propuesta de incluir en las preces pedir por la paz en la Diócesis. 

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Querido Juan Carlos Elizalde:

Más allá de como haya sido tu historia hasta llegar a ser nombrado obispo de Vitoria, el hecho es que aquí estás y aquí te tenemos. Y desde ahí es donde debemos partir. Salvo que Roma proponga otra cosa. 

Eres obispo, pero eso no te hace perfecto y lo sabes. También has podido escuchar ya mil veces los errores que se te achacan, tus debilidades. Pero… ¿Y tus fortalezas? ¿Y tus valores? ¡Claro que los tienes! pero los hemos opacado con las críticas hacia tí. De igual manera las fortalezas y valores de los demás han sido difuminadas en las críticas vertidas hacia cada cuál y cuándo se han dirigido a un colectivo. Es hora de cambiar la estrategia, es hora de empezar a aceptarnos unos a otros y empezar por bendecirnos unos a otros. Así de simple y así de complicado. Es hora de que el pueblo diocesano de Vitoria vuelva a ser el primer protagonista de su historia y que los que quieran acompañarnos sean bienvenidos. 

Esa es mi primera y principal propuesta, recuperemos la bendición de unos a otros, bendecir - decir bien del otro. Por eso Juan Carlos yo te bendigo. Sí, quiero darte mi bendición, no porque la necesites tú de mí, sino porque yo necesito dártela para aceptarte como mi obispo. Y las bendiciones más importantes que puedes recibir no son las de quienes comulgan contigo y de tu mano; sino precisamente las de quienes se han apartado o tu has apartado de tu lado, las de quienes consideras que son personas “siniestras” y “tóxicas” por decir lo que piensan y dar cauce a las denuncias. 

A ellos especialmente invito a que te bendigan y lo hagan en algún momento de manera expresa ante tí. Hay gestos que valen más que mil palabras. Y por eso empiezo yo dándote mi bendición.

Pero la bendición no se queda ahí, porque de igual manera pido tu bendición para mí. Desearía tu bendición como obispo de Vitoria, sí, pero también la bendición de Juan Carlos Elizalde hermano en la fe. Porque ante el mundo tú estás “por encima de mí”, pero sabes que ante Dios participamos de un discipulado de iguales. Te recuerdo que somos “hermanos de Emaús”.

Quizá baste sólo con esta petición para cambiar las cosas, luego los detalles del cambio habrá que construirlos en el día a día. Me reafirmo en esta carta dirigida a tí con pedir que instaures y promuevas las bendiciones entre nosotros, peregrinos de esta Iglesia que camina en Vitoria. 

Y por empezar por algún lado, empiezo destacando algún párrafo de tu pasada homilía del día de San Prudencio. Aun cuando otros destacaron párrafos que no eran apropiados ni para el día ni para el momento, yo quiero recordar aquellos que me parecen acertados para decir y para cumplir especialmente en el marco de la situación que estamos viviendo: “La paz se hace presente cuando se perdona, cuando se dialoga, cuando se escucha, cuando se renuncia a la violencia de las palabras y de los gestos y cuando se deja de odiar a quien no tiene mi visión de las cosas.” 

O párrafos que describen la realidad con acierto: “No se ve al oponente como alguien con quien se discrepa, sino como una amenaza existencial. Se cultiva la sensación de que, si el otro bando gana, el estilo de vida propio o los valores fundamentales desaparecerán. Esto es visible en nuestra sociedad, lo vemos, lo palpamos.”

O este párrafo que puede ayudarnos a la autocrítica a todos: “la superioridad moral otorga la satisfacción narcisista de sentir que uno posee la verdad absoluta y que los demás son ignorantes o están manipulados, esa superioridad refuerza la «cámara de eco» como alivio emocional de estar rodeado de personas que piensan igual, lo cual refuerza la sensación de seguridad e inmovilismo.”

Y este párrafo que es un precioso preludio para la fiesta de Pentecostés en la que he querido enmarcar este nuevo artículo: “Con frecuencia, lo que les falta a las personas es un lugar donde experimentar que juntos es mejor, que juntos es hermoso, que es posible vivir juntos. Facilitar el encuentro, ayudar a reunirse con quienes de otro modo no se conocerían nunca y acercar a los contrarios está íntimamente unido a la celebración de la Eucaristía y la Reconciliación. Reunir es, siempre y nuevamente, establecer la Iglesia.”

Estos párrafos son palabras que has pronunciado tu y que podemos suscribir contigo, que podemos convertirlas en hechos. No solo centramos la mirada en tus palabras de crítica al Gobierno, también recogemos las que son una bendición. 

Querido Juan Carlos tú tienes la llave para acabar con esta situación, abre la puerta. 

Diocesis Grito Africano  15)
Diocesis Grito Africano 15)

Queridos sacerdotes diocesanos alaveses

Queridos amigos, en el pasado maestros y compañeros del Seminario muchos de vosotros. Soy de los que salieron del Seminario pero no lo hicieron rebotados con la Iglesia, antes bien mi militancia ha sido permanente y en diversos foros, dentro de la Diócesis y fuera de ella. En cierto modo, y salvando las distancias de no haber sido ordenado sacerdote, soy uno de vosotros por participar no solo de un mismo bautismo, un sacerdocio común a todos los fieles, y una pertenencia a la misma diócesis. Soy uno más porque también empatizamos, al menos con muchos, en la manera de entender el Evangelio y la Iglesia. 

Pero soy un laico y como laico he de deciros: ¡os necesitamos! Y necesitamos ver al presbiterio diocesano unido, conectado, sí conectado entre sí y con el obispo y con los fieles. Es muy triste veros quemados, desanimados, derrotados, en salida, “jubilados”, maltratados, … sobre todo cuando os sabemos buenos pastores, porque sabemos de vuestras buenas obras, de la cantidad de gente que habéis llevado a Dios, y podéis seguir llevando. No pasareis horas de confesionario pero es que hoy las confesiones se escuchan paseando por la ciudad o por el monte; no ireis a cursos de formación programados por el obispo, pero pertenecéis (y con algunos pertenecemos) a una generación en la que el Seminario nos dió una formación crítica y selectiva para elegir con libertad la formación más provechosa; no es cierto que no os dediqueis a los pobres y vulnerables porque de muchos sé que no haceis públicas vuestras acciones y vuestra mano izquierda muchas veces no sabe lo que hace la derecha; no acudis a retiros porque esa libertad en la que fuimos educados permite discriminar el tiempo de calidad que dedicamos a nosotros, y a los demás también. Os recuerdo las palabras de un santo sacerdote, sus últimas palabras conocidas en el retiro que dió a sus hermanos sacerdotes en la Residencia sacerdotal: “El mejor servicio que un sacerdote mayor puede ofrecer a los que conoce, trata o acompaña está en que vean a su cura, en su atardecer, viviendo con tono de Pascua” (Satur Gamarra). Bien, pues ese tono Pascual es el que queremos ver en vosotros a cualquier edad. Pero verlo más allá de vuestros círculos de confort, de “vuestras comunidades”, hay una comunidad más amplia que os quiere y os necesita, y os quiere en puestos de responsabilidad, y os quiere aportando vuestra visión de iglesia, os quiere sumando, no restando. 

La unidad en la diversidad y hasta en la discrepancia, esa es la que hemos de salvar entre todos. Muchos laicos queremos daros nuestra bendición y recibir la vuestra. Con todo lo que ello supone. Queremos que el obispo os bendiga, como hicieron los anteriores que os ordenaron a sabiendas de cómo era cada uno, y que vosotros, cada uno de vosotros otorgue su bendición al obispo. Ya sabemos lo que nos separa a unos de otros, luchemos partiendo de lo que nos une, que es mucho. Estamos a las puertas de Pentecostés ¡Hagamos Iglesia!

Queridos amigos sacerdotes diocesanos alaveses, sois herederos de una hermosa tradición sacerdotal, sensible a una pastoral social que ha sido seña de identidad, defenderla ante quien sea, no la escondais porque es una lámpara que ha guiado a esta diócesis durante décadas. Defended vuestra visión del rito y de lo sacramental, buscad cómo hacerlo compatible con la comunión, sois teólogos, ¡argumentad teológicamente vuestras opciones pastorales! Porque yo sé que no son caprichos sino coherencia evangélica inspirada por el Dios que os eligió y lleva inscrito vuestro nombre y misión en la palma de su mano. 

Queridos amigos, estáis llamados a ser santos sacerdotes, y lo sabéis. Como sabéis de vuestros errores y pecados, pero ahora necesitamos de vuestros valores y fortalezas. Es la hora de seguir poniendo los talentos a producir. Y para eso contaís con la bendición de muchos, y sin duda con la mía la primera.  

Diocesis  (17)
Diocesis (17)

Sabéis que en muchas ocasiones no he ahorrado críticas hacia vosotros, sabéis que he rechazado que en algún tiempo ( y aún ahora) os cerraseis a nuevas propuestas pastorales y evangelizadoras. El otro día recordaba con uno de vosotros cómo en esta Diócesis se le ha cerrado la puerta por ejemplo a la Adoración Nocturna en algunas parroquias y hoy sois reacios a conocer de primera mano propuestas como Emaús o Effetá, y el argumento que me daba uno de vosotros era que también tiene derecho a tener su propia opinión y decidir en qué implicarse o no. Como persona quizá sí, como sacerdote quizá no me valga del todo el argumento porque si le doy validez a ese argumento entonces tengo que dársela también al obispo, y si legitimas tu opción entonces estás legitimando la del obispo que criticas. Ni él ni tú podéis cerrar puertas ni en la Diócesis ni en las parroquias, ni al pasado, ni al presente ni al futuro. Si buscamos una Diócesis que siga pudiendo presumir de pluralidad y diversidad la actitud de todos ha de ser otra. Acabo de encontrar una referencia que aparentemente es el modelo de camino a seguir, la parroquia de San Juan en Vitoria. Esta parroquia acaba de aprobar su Plan Pastoral Parroquial para los próximos 5 años. Esta parroquia ha experimentado un duro proceso pero ha logrado que la vieja feligresía heredera de la pastoral diocesana pre Elizalde haya evolucionado acompañada con pastores puestos por Elizalde hacia un modelo integrador y a marcarse como objetivo pastoral “que seamos uno” Jn. 17, 21. Un proceso con cesiones por todas las partes, con tacto para el acompañamiento espiritual, con tensiones cuando ese acompañamiento pretendía ser más dirección que acompañamiento. El camino recorrido por San Juan nada que ver con el ocurrido en la Esperanza o en Santa Clara. En el caso de San Juan, Elizalde acertó o le salió bien la jugada o los mimbres que ha usado han sabido hacerlo bien. Esto no le disculpa de usar el insulto y el descrédito con vosotros, esto no le disculpa de haber realizado cambios y seguir haciéndolos a “baculazo” limpio y algunos cuestionables. Pero al César lo que es del César. 

Sabéis que algunos de vosotros, también fueron injustos con un sector de la feligresía al que habeis tachado de fachas en otros tiempos. Yo tampoco quiero una Iglesia atrapada por el discurso de ninguna ideología. Por eso apuesto por una Iglesia plural y diversa con igualdad de oportunidades en su visibilización. Por eso apuesto por espacios de encuentros para todos. Y con vosotros también. Por eso demando un líder que sepa aglutinar diversidad de sensibilidades. Y de momento Elizalde o no ha sabido o no ha querido hacerlo. 

Y al igual que recojo las palabras de Elizalde y aporto mi comentario a las mismas, no merecen menos las vuestras máxime cuando han sido elaboradas en comunión por un significativo número de sacerdotes diocesanos. Ni más ni menos que 57. Sé que sois todos los que estáis, pero también sé que no estáis todos los que sois. Y no por falta de sintonía en muchos de los sentimientos expresados en la carta que le fue entregada al obispo el lunes 4 de mayo y que había sido refrendada y fechada el Día de San Prudencio. No obstante, algún día las firmas ocultas deberán hacerse visibles. 

Para quien quiera conocer la extensa carta pongo el enlace de su publicación en Religión Digital. 

Es una carta tristemente necesaria, es una carta honesta, es una carta que refleja el sentir de un presbiterio diocesano rechazado y criticado por el obispo, acusado públicamente de vago e inoperante. Es una carta que reclama el reconocimiento al pasado de esta Diócesis, porque nunca deberíamos olvidar que todos caminamos a hombros de gigantes; es una carta que a mi juicio abusa del uso del término sinodalidad para dejar en evidencia la falta de sinodalidad precisamente. Pero, siempre se puede encontrar algún pero, es una carta que pone en evidencia que las trincheras son muy profundas, que el análisis que hice y publiqué precisamente el mismo Día de San Prudencio no era una noticia inventada. Y es una carta en la que se sigue hablando más desde el “yo”, aunque sea en grupo, que desde “nosotros” incluyendonos a todos, todos, todos. Es una carta en la que echo en falta, aunque sé que es muy complicado a estas alturas, un párrafo propositivo donde “con nombres y apellidos” se den pasos al frente para asumir responsabilidades que se han dejado en manos de otros o que han puesto en manos de otros. 

Es una carta que demanda cambios, no sé si necesariamente los que la carta deja entrever, u otros que hoy estarían más en el campo de los milagros. Pero yo sigo creyendo en los milagros. En todo caso Vitoria, la Diócesis de Vitoria necesita abrir una nueva etapa y en esa nueva etapa yo quiero que estéis muy presentes vosotros. Todos, los que han respaldado la carta y quienes no se han querido sumar al grupo de los 52 inicial pero forman parte del mismo presbiterio descartado. 

ROSARIO AURORA 03 -1
ROSARIO AURORA 03 -1

Queridos codiocesanos laicos y laicas, hermanos y hermanas en el laicado y en la fe:

Creo que estamos repitiendo el patrón que San Pablo se encontró en las primitivas comunidades a las que tuvo que recordarles que no seguimos a ningún apóstol ni sucesor de los apóstoles, seguimos a Cristo. 

Sí, todos lo sabemos, pero al final todos caemos en tomar partido, posicionarnos a favor o en contra, y fomentar la polarización dentro de casa. Quizá haya llegado el momento de dejar de maldecir, criticar cuestionar, … y empezar a bendecir. Dar la bendición no es un patrimonio ni una exclusiva de nadie ni de ningún cargo, o dignidad. Todos podemos, y debemos, bendecir. Es una lástima que hayamos perdido la costumbre de bendecir los padres a los hijos, y los hijos a los padres también, de bendecirse las parejas mutuamente, de bendecirnos los hermanos en la fe entre nosotros. (sí ya sé que mis hermanos de Emaús pueden levantar la mano, pero somos minoría de momento)

Hemos hecho de nuestras diferencias espadas cuando teníamos que hacer arados. Hemos convertido nuestras opciones pastorales en equipos rivales. Hemos presentado nuestra manera de vivir y entender la fe como verdades absolutas y no como propuestas de evangelización. Se lo hemos puesto fácil al maligno “construyendo” un Reino de Dios DIVIDIDO. 

Hemos encasillado una teología como de “la liberación" cuando toda la teología debe ser liberadora. 

Hay que cambiar los discursos, ya el Concilio Vaticano II habló de la hora de los laicos, no esperemos a que nos la “den”, tomemosla porque esa “hora” es nuestra. Hemos comenzado una Iglesia sinodal que promulga y persigue un discipulado de iguales. Dejemos de soñar con esa Iglesia y empecemos a hacerla realidad entre todos, todos, todos. 

Y para ello, quizá un primer paso sea ofrecernos mutuamente la bendición. Una bendición persona a persona, pero también bendigamos las iniciativas, las que perviven y se mantienen heredadas del pasado y las que llegan de nuevo cuño. Sin desdeñar el control necesario para que no se repliquen errores cometidos (y que se siguen cometiendo). Pero de los errores se aprende, y cada pecado es una oportunidad para mejorar. 

Sepamos colocar y colocarnos cada uno en nuestro lugar, servicio y denominación. No disfracemos de lo que no es realidades, por muy hermosas que nos parezca presentarlas de una manera que no se ajusta a la verdad. Concedamos a cada cosa su tiempo y su espacio y bendigamos la autenticidad para evitar las falsificaciones. Los laicos tenemos el poder de impulsar o frenar iniciativas pastorales. Que no impulsemos las de Pablo, Apolo o Cefas, que sean solo las que sean de Cristo, porque esas serán toda una bendición. Recordemos el principio que se marcó la Iglesia con Benedicto XVI, “Tolerancia 0”. No olvidemos que el demonio se viste de Prada (o de hábito se le interesa). 

Entiendo las dos campañas de recogidas de firmas y aunque no he firmado en ninguna de ellas las respeto y reconozco su valor. Aunque también sean un reflejo de los altos muros que hay y nos separan. Pero esas mismas firmas tendrían que ser las que estén dispuestas a demoler los muros cuando llegue el momento, esas mismas firmas han de colaborar en la construcción de puentes. Y ese trabajo también nos corresponde a los laicos. 

Diócesis Grito Africano (19)
Diócesis Grito Africano (19)

Queridos sacerdotes y seminaristas llegados o traídos de otros lugares a estas tierras:

Recibid de inicio mi bendición, y solicito la vuestra para mí. Sin duda sois una oportunidad y no sois responsables de cómo ni por qué habéis acabado aquí. Pero ya que estáis entre nosotros dejadnos pediros y desear que seáis una bendición. 

Una bendición acompañada de compromiso con la comunidad a la que habéis venido a servir, al menos por un tiempo. 

Esta diócesis tiene su historia y su idiosincrasia, y necesariamente tenéis que conocerla. Conocerla para amarla, y amarla para servirla. Somos una Iglesia que camina en Vitoria, en Álava, en el País Vasco, … no somos una Iglesia que camine en ningún otro lugar del planeta de donde vengais. Y eso tiene su particularidad. Nos gustaría que lleguéis a conocer toda la amplia y rica variedad de Iglesia que camina en Vitoria, que no os conforméis con la imagen que os trasladen quienes os han traído. La Iglesia en Vitoria es mucho más de lo que os han ofrecido como primer plato. La “gastronomía diocesana” es tan rica o más que la verdadera gastronomía vasca. 

Muchos valoramos lo que cada uno de vosotros puede aportar desde su identidad cultural, pero nadie mejor que vosotros, que muchos procedeis de países donde fueron a evangelizar desde nuestras tierras, sabéis de la importancia de la inculturación, de respetar las costumbres, no solo culturales y sociales, sino también las religiosas. En algunos de vuestros países los misioneros siguen conviviendo con un sincretismo religioso. Esta tierra ya no solo es un crisol de culturas y religiones, dentro de la misma Iglesia católica existe una diversidad que es bueno conozcais y respeteis. 

Reconozco que hay algunos puntuales gestos racistas de personas y que alguno habeis sido objeto de comentarios impertinentes e inoportunos. Pero son casos puntuales, importantes aunque solo fuera uno, pero que nada tienen que ver con una crítica que se ha hecho pública al modo en el que estáis siendo incorporados e impuestos como “la única solución viable” para la atención pastoral de las parroquias en un contexto de falta de vocaciones autóctonas  

Esta Iglesia peregrina inició una travesía con el Papa Francisco y continuada, con su sello personal, pero continuada por el Papa León XIV. Una Iglesia sinodal, y que reclama un discipulado de iguales. 

Algunos en vuestros países el hecho de ser sacerdote os sitúa en un status social y eclesial que aquí cada vez se rechaza más y se considera poco acorde con el Evangelio. Esta realidad teneis que aceptarla y asumirla. 

Algunos, venidos de tierras donde cultural y eclesialmente se rechazan ciertas realidades que aquí se acompañan y están normalizadas, no podéis imponer vuestro discurso sobre esas realidades. Y si no os veis capaces de respetarlas cumplid vuestro objetivo académico y regresar donde podáis vivir vuestra manera de ser iglesia sin conflictos. 

Este y otros aspectos del modo de ser y de entender la Iglesia es lo que muchos reconocemos como un tesoro que queremos salvaguardar. Vuestra integración pasa por bendecir toda esta realidad pastoral también. O reconocer con sencillez la incapacidad de servir a esta comunidad. No hay racismo, es defensa de la propia identidad e insisto rechazo al modo en cómo se os ha traído hasta nosotros. 

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Queridos nuevos vecinos llegados de otros lugares. 

La realidad de muchas parroquias y de la vida de la Iglesia en Vitoria es cada vez más interracial e intercultural. Son varias las parroquias en las que un toque africano o latino impregna las celebraciones. 

Habéis llegado con vuestra “mochila” donde también metisteis vuestras tradiciones religiosas, algunas han logrado instaurarse y formar parte del paisaje y el calendario celebrativo. Pero también estáis haciendo el esfuerzo de integrar nuestra cultura en vuestra vida y poder compartir advocaciones marianas o devociones, especialmente entre los dos lados del charco y el legado de una historia y una lengua común. 

Aunque vuestra presencia ha dado como fruto ya primeras y segundas generaciones, habéis sabido transmitir a las nuevas generaciones vuestras tradiciones religiosas y eso ha enriquecido, sin restar nada, nuestro patrimonio material e inmaterial. Estáis siendo una bendición. Y precisamos también de una especial bendición por vuestra parte para esta tierra que os ha acogido y que ya es vuestra. 

Nos necesitamos unos a otros y la Iglesia del Tercer Milenio será la que entre todos construyamos. Sé que muchos sois ajenos a las “batallas internas en esta diócesis”, pero podéis ser parte de la solución a las mismas. Por eso yo os bendigo y reclamo vuestra bendición. Ojalá entre vuestros hijos e hijas, que hablan euskera y beben kalimotxo se encuentren las futuras vocaciones de esta tierra. 

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Y concluyo con unas líneas para los agentes de pastoral, a esa Iglesia militante, a todos aquellos que en poco o en mucho teneis (tenemos) un papel, una misión. Todos somos consagrados por el bautismo, por lo tanto todos somos consagrados, pero aquellos que han asumido un papel en la gestión de las parroquias, de los movimientos, de las asociaciones de fieles, de las comunidades, del mismo obispado, tenemos un punto añadido de responsabilidad de bendecir y de ser bendecidos. De decir bien y de que digan bien de nosotros. Agentes de pastoral para evangelizar, y también para traer la paz a esta Diócesis. 

Pilgrimaps con lema y correo
Pilgrimaps con lema y correo

Non solum sed etiam

Creo sinceramente que la Diócesis de Vitoria estamos viviendo un momento histórico, que tenemos una oportunidad de volver a hacer historia dentro de la Iglesia. 

Queremos alguien que ejerza el poder del que ha sido investido desde la autoridad concedida a través del respeto y la confianza ganada en el buen ejercicio de su servicio; porque cuando se pierde la confianza y el respeto ya no se reconoce la autoridad y el poder que se ejerce no es poder sino dictadura. Y si ese reconocimiento no es dado por todos, para aquellos que hayan perdido el respeto y la confianza en el poder toda decisión resultará autoritaria e injusta. 

Por eso ciertos cargos de poder han de cuidar primero el ganarse el respeto y la confianza que les otorgue la autoridad para acompañar y ejercer su servicio que en su caso lleve aparejado el poder y la responsabilidad de tomar decisiones. 

Si lo primero no se obtiene todo lo demás pierde mucho valor, y caminar solo con el consenso de unos pocos es ejercer un poder a medias, y un poder a medias es un poder mediocre, y un poder mediocre no sirve para nada. 

Y para ganarse el respeto y la confianza la persona investida de poder ha de mostrar primero respeto y confianza en aquellos a quienes pretende acompañar con autoridad desde su poder y responsabilidad de tomar decisiones. 

Y esto ha de suceder en todas las escalas, estos principios son válidos para un obispo, un párroco, un abad, una madre superiora, el hermano mayor de una cofradía o el director de un secretariado diocesano. 

Hago públicas estas cartas en puertas de Pentecostés, una fiesta grande que nos recuerda el comienzo de la Iglesia. Por eso pido a Ruah, al Espíritu Santo que en forma de viento, fuego, paloma o como quiera manifestarse nos ilumine para encontrar el camino hacia una comunión diocesana de todos con todos. 

En la esperanza de que estas cartas abiertas lleguen a ser un soplo de aire fresco que ayude a crear un clima más amable, en definitiva una bendición. Con mi bendición para todos, atentamente 

Vicente Luis García Corres (Txenti)

Comunicador Cristiano / Kristau komunikatzailea

Nota1: consciente de que esta comunicación está muy centrada en la realidad local de la Diócesis de Vitoria ello no quita que pueda ser de ayuda también para otras realidades diocesanas donde la discrepancia y la polarización también están presentes.  

Nota2: Como el sistema lo permite en los comentarios si lo deseas puedes hacer tuyas estas cartas y firmar, o por el contrario libremente discrepar

Nota 3: Las recogidas de firmas es una opción de pronunciarse, pero también la voz individual de cada uno puede ser, expresada desde el respeto, una aportación. En internet están los contactos del obispado y de las parroquias, quizá alguien se sienta animado a escribir su carta personal. 

Cartel Summer Camp 2026   (Cartel (A3 vertical))
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CARTEL MATRICULACION 26-27 (Cartel (A3 vertical))
CARTEL MATRICULACION 26-27 (Cartel (A3 vertical))

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