Crisis en Vitoria, reconocerla el primer paso

¡San Prudencio de Armentia, ruega por nosotros!

Polarización en la Diócesis de Vitoria: desde todos los frentes la dejan en evidencia, así como la responsabilidad en la misma del obispo tanto en su gestación como para su solución

San Prudencio Patrón de las Tierras de Álava y de la Diócesis de Vitoria
San Prudencio Patrón de las Tierras de Álava y de la Diócesis de Vitoria | VLG

Vitoria/ En su día me comprometí a no hacerme eco de ningún comunicado anónimo que se diese en la Diócesis de Vitoria, fuera cual fuera el contenido del mismo.

Bien, los últimos textos van firmados. Desde hace meses hasta ahora me he limitado a ser un respetuoso observador. Sin dejar de ser el “incómodo observador diocesano” como me tacharon en su día en uno de los escritos de hace unos años. Ostento el “título” de haber incomodado con la verdad, al menos tal y como yo la percibo, a varios frentes, según quien se sintiese incómodo con mis palabras. Pero afortunadamente son más las voces que valoran mis juicios y análisis, mi equilibrio y criterio de otorgar a cada cual su parte. Vamos a intentarlo una vez más. 

Estos días las lecturas de la misa giran todas en torno a la figura del pastor, del Buen Pastor, y esta historia va precisamente de eso, del cuestionamiento de cómo está siendo pastoreada la Iglesia en Vitoria. 

Pero antes de analizar cronológicamente los artículos que se han ido publicando voy a empezar por el final, o por la conclusión a la que quiero llegar:

Es una pena cómo estamos y hasta aquí hemos llegado con el aporte de todos y entre todos. Tengo la sensación de que nos hemos acomodado, todos, a vivir en una Diócesis dividida. Hemos normalizado la falta de comunión y caminamos ignorando al que no piensa como yo. Aquí ya no vamos en un único rebaño, el Buen Pastor tiene a sus ovejas dispersas por grupos y algunas que van por libre.

Por un lado la Diócesis como institución está en manos de aquellos que le bailan el agua al obispo, la mayoría de fuera de la Diócesis; por otra los sacerdotes diocesanos alaveses apartados o excluidos, o autoexcluidos también, del gobierno diocesano se han enrocado en sus pequeños reinos de taifas, caminan con sus comunidades haciendo Iglesia pero no haciendo Diócesis. 

El obispo “lamenta”, pero da la sensación de que con la boca pequeña, estas diferencias con el clero autóctono, pero lleva diez años construyendo sin ellos, sin la inmensa mayoría de ellos para ser más precisos.

Los sacerdotes “lamentan” que no se cuente con ellos para diseñar el modelo de diócesis que queremos pero les pesan más los años, el desprecio vertido hacia ellos, y la posibilidad de “dejarse de líos y vivir “como un cura” hasta la jubilación. Se conforman con su “porción de Iglesia”. 

El obispo pone la carga de la prueba en los sacerdotes alaveses discrepantes y ellos en su modo de ejercer el gobierno de la Diócesis.

Y los laicos, pues aquí estamos de todos los tipos: los que se sienten a gusto con la deriva conservadora del obispo y ni lamentan la crisis, a ellos le va bien y punto; están también los que discrepan de la línea tradicionalista como seña de identidad para la diócesis y se buscan la vida para seguir celebrando la fe “con los suyos” y “a su manera”; Un grupo que va creciendo. Los que, la mayoría recién llegados, ni saben ni entienden lo que está pasando, son fieles dominicales y de prácticas religiosas traídas de sus tierras y mientras puedan desarrollarlas las luchas internas de la Iglesia no les afectan; hay otro sector del laicado militante que intenta compaginar una vida diocesana de servicio con una militancia crítica; y luego hay otro sector del laicado que vive su fe sin hacerse mucho problema de lo que puedan ser “luchas palaciegas” que no sienten que les afecten ni les importan. Y por si alguno se pregunta dónde me siento yo incluido, diré que muy próximo a aquel sector de laicado militante que sigue participando de la vida diocesana en la medida que puede y que siente que le aporta también algo, que observa con dolor la división y que, desde su condición de comunicador cristiano aporta una visión y un análisis crítico buscando provocar reacciones para no acomodarnos en una división normalizada. Soy alguien que busca el regreso a una vida diocesana, desde la diversidad pero diocesana. Y reconocer que tenemos un problema creo que es el primer paso. Necesitamos a alguien que lidere esta comunidad aunando todas las sensibilidades no sólo de palabra sino de obra, que todas sean reconocidas y tengan presencia pública, que en todas nos podamos reconocer miembros de la Iglesia Diocesana. 

Ahora sí hagamos el recorrido cronológico de artículos que han ido dejando en evidencia la crisis diocesana en Vitoria:  

Empecemos por el artículo de Maite Olazagoitia. Maite, que tan solo hace en voz alta un análisis que muchos comparten pero pocos se atreven a hacerlo público. Repoblar el Seminario diocesano con jóvenes traídos desde África sin un criterio pastoral consensuado con el clero diocesano y la comunidad cristiana local, en el más puro estilo sinodal como debería ser, ha resultado un problema en más de uno, dos, tres, … casos. Y no solo porque vienen con una mentalidad más clerical que sinodal, que eso, en un apadrinamiento y tutela llevada a cabo por sacerdotes, diáconos y laicos y laicas diocesanos se podría ir educando, sino porque sus intereses y objetivos chocan con la realidad local. No se integran, primero por la barrera del lenguaje y las costumbres, y luego porque a la primera de cambio “enseñan sus cartas”, las del modelo de Iglesia que ellos entienden y la de la realidad que más les preocupa y para la que piden dinero que luego envían a sus familias en África. El africano viene escarmentado del colonialismo sufrido, lo reconocen ellos mismos, y su paso por Europa es tan solo un requisito para recuperar parte de lo “robado”, o robado sin comillas. No faltan las excepciones que confirman la regla y que con otra mentalidad llegan con la idea de ser uno más entre nosotros. Pero son los menos. La mayoría acaban siendo un trabajador para la mies que hace bulto y permite alardear de cifras, pero que pastoralmente da poco fruto o incluso produce desbandadas en algunas comunidades. 

https://www.religiondigital.org/opinion/carta-papa-leon-xiv-vii-diocesis-vitoria-obispo-error_1_1442467.html 

A la carta de Maite respondió el Vicario de ciudad y Rector del Seminario Unai Ibañez quien con una grandísima falta de delicadeza y sentido del respeto hizo alusiones a la edad del todo improcedentes. Pero además con su carta pública de respuesta dejó más en evidencia si cabe la polarización y división de la Diócesis de Vitoria y la responsabilidad en esa fractura del obispo. A mi modo de ver en lugar de arreglar las cosas las puso peor. 

https://www.religiondigital.org/opinion/rector-vitoria-responde-maite-saez_1_1442683.html 

Más tarde salió la carta de un sacerdote alavés, Javier Mtz de Bujanda, donde se preguntaba en voz alta por la realidad de la formación de los Seminarios y cuestionaba la situación de los dos seminarios que hay ahora en Vitoria. 

Haciendo uso de sus plenos poderes, no olvidemos que un obispo reúne en su persona la máxima autoridad legislativa, ejecutiva y judicial de una diócesis, el obispo de Vitoria sin encomendarse a nadie, porque sabía o intuía la respuesta como llegó a confesar en algunos círculos, se apuntó “el tanto” de traer a Vitoria al Seminario Redemptoris Mater, un seminario de inspiración neocatecumenal que ha dado muchas vocaciones a la Iglesia. Pero su llegada se hizo por la puerta de atrás. 

(Recuerdo que al año de llegar a Vitoria entrevisté para un 8 de diciembre a los seminaristas de ambos seminarios y de los del Redentoris Mater saqué una impresión de aires de superioridad siendo tan solo seminaristas que miedo sentí al pensar qué serían una vez investidos del poder sacerdotal.)

Bujanda se hace algunas preguntas sobre el modelo de formación sacerdotal para nuestros días y sobre el modo de afrontar la crisis vocacional en la diócesis de Vitoria. 

https://www.religiondigital.org/opinion/cartas-papa-leon-xiv-cuatro_1_1443475.html 

Poco después el Delegado de Medios de Comunicación de la Diócesis salía con un artículo de opinión en el Diario El Correo, haciendo ejercicio de su libertad faltaría más, pero no tengo claro si ajustándose a sus funciones que indican más propio el perfil de un hombre discreto. 

Sin duda el triunfo del Baskonia con su plantilla de extranjeros puede ser una oportunidad para alzar la bandera de la diversidad y el valor que puede alcanzar la llegada de personas extranjeras a nuestra ciudad, tal y como hace Jose Antonio Rosado en su artículo en El Correo. Pero al equipararse con la política pastoral de incremento de clero extranjero en la Diócesis de Vitoria se incurre, a mi juicio, en la no toma en consideración de algunos aspectos importantes.

La contratación de jugadores extranjeros en los equipos de los “grandes” deportes es una medida de inversión económica que llegó cuando los equipos locales pasaron de ser proyectos deportivos de ciudad a ser proyectos empresariales que aprovechan el nicho del deporte y la afición para ganar dinero, crecer como empresa y usar la marca deportiva y de ciudad como plataforma publicitaria del negocio. Esto no quita valor ni a la afición ni a los valores deportivos. Pero no pensemos que el Baskonia, por ejemplo, es un proyecto sinodal, para nada, que hay mucho dinero en juego. Es un proyecto empresarial pensado para sacar un balance de resultados deportivos que inciden en el balance de resultados económicos. 

Por otro lado los deportistas de élite no suelen incardinarse, inculturarse y en muchos casos ni siquiera hacen el esfuerzo de aprender el idioma,, porque sus objetivos están fuera de aquí. Aquí están de paso. Y en ese sentido sí que puede haber un cierto paralelismo en algunos casos con otra población extranjera que viene a Vitoria. ¿En cuántos bazares chinos no han acabado contratando latinos para atender al público? por ejemplo. Y la mayoría de sacerdotes extranjeros que vienen para completar sus estudios de teología y regresar a sus diócesis donde les espera un cargo o una encomienda pastoral se limitan a cumplir con un servicio sacramental de mínimos y acudir a eventos diocesanos mirando el móvil. 

En el País Vasco, en el mundo del deporte, y en otros ámbitos también, siempre se ha apreciado el valor de “la cantera”. Eso ha distinguido durante años a los equipos vascos y el Atleti de Bilbao lo mantiene como seña de identidad. Eso no ha impedido tener a los hermanos Williams en la alineación porque son de Bilbao. Y esa realidad de personas llegadas de otro país y sus descendientes que se han identificado con la tierra que les acogió es más habitual cada día. Yo mismo he podido comprobar en Marruecos el sentimiento de pertenencia bereber y euskaldun en hijos de un bereber nacido en el desierto de Merzouga. Pero siguen existiendo los “guetos” y los que no se integran porque no está eso dentro de sus objetivos. Y sobre todo en colectivos africanos. Eso es un hecho. Cierto que el obispo también ha pensado en esa posible futura cantera de vocaciones procedente de las segundas o terceras generaciones de nuestros nuevos vecinos. 

Y este amor por la cantera es lo que más frecuentemente se critica, en el mundo del deporte también. Ni amor por la cantera, ni amor por el producto km 0 podríamos decir si cogemos el símil de la agricultura.  

Sin duda que en la Diócesis de Vitoria hay honrosas excepciones como ya he citado antes pero que venían de fábrica ya con un don de gentes que han sabido poner al servicio de la comunidad y han hecho un esfuerzo de integración, aunque sea alguno solo por un tiempo. 

Respecto de garantizar la oferta sacramental en las parroquias me surge la reflexión de si no será, la escasez de clero nativo, un signo de los tiempos que nos tenga que llevar a pensar en fórmulas de participación laical que algunas voces demandan y que en algunas iglesias particulares ya han experimentado. Pero para eso hay que estar en sintonía con la Iglesia más vanguardista y atrevida, la de la Revuelta de Mujeres, la de Fiducia Supplicans, la de Laudato Si, la del Sínodo de la Amazonía, la de Dilexit nos y Dilexi te. 

Si lo que buscamos es presentar un balance de números el modelo baskonia puede servirnos sin duda. Aunque sin resultados deportivos se resienten los resultados económicos. Pero si buscamos un proyecto sinodal quizá el modelo sea otro muy diferente y sin duda alguna tiene que empezar por no olvidarse de la cantera, del producto km 0. Un Km 0 que hoy ya tiene piel cobriza porque no son migrantes, son mis vecinos. Y lo que se está importando para atender la pastoral a día de hoy son migrantes, gente que aún viviendo aquí siguen en modo “de paso”, “de tránsito”, migrante. 

Siempre puede haber un caso como el de Jorge Valdano que se acabó casando con una vitoriana aunque logró cumplir su sueño madridista, pero lo habitual, y en el basket especialmente, es que ninguno de los jugadores del Baskonia acabe saliendo en el paseillo de blusas o en el Rosario de los Faroles. Aunque estaría bien que eso pudiese llegar a pasar. 

Nos quedaremos en la ofrenda floral cuando consiguen un triunfo o los brindis al sol. Ni espero ni les pido más. Quienes los traen lo hacen por intereses particulares y tangencialmente deportivos y patrios. 

Por eso es importante preguntarnos cuando salimos del ámbito deportivo: ¿Qué queremos un proyecto empresarial o un proyecto sinodal?

A Rosado le respondió en el mismo diario Luis María Pérez Corcuera que básicamente negaba la mayor que se hacía por parte de Rosado acusando de “racismo” a una parte de la feligresía. 

En otro capítulo de este culebrón, porque siempre podemos esperar uno más, viene de parte de un grupo de nombre “Abetxuko” y firmado por Benin De Ayala, Ángel Albaina, y Félix Placer en su nombre. El artículo es amplio y realiza un análisis bastante realista de la situación de la Diócesis de Vitoria y del discurrir del gobierno de la misma desde hace diez años por parte de su obispo. 

https://www.religiondigital.org/opinion/felix-placer-analizando-trayectoria-pastoral_1_1446149.html 

Recuerda las demandas que ya se expresaron antes del nombramiento y que se le hicieron llegar al obispo tras la ordenación episcopal. Las mismas demandas que hoy siguen sin ser atendidas. 

Si tras la etapa de Asurmendi y Gonzalo-Bilbao muchos reconocíamos y deseábamos que alguien viniera para darle un revolcón a la Diócesis y sacarla de su letargo, también hubo quien con visión profética, o conocimiento de causa, vaticinó cómo estaríamos diez años más tarde. (Yo fui de los que no quiso dar crédito a esas profecías.) 

El texto hecho público el 15 de marzo de 2026 también reconocía que no toda la culpa es del que la mata sino que también hay responsabilidad del que la agarra de la pata. O como dice literalmente el texto: “Ciertamente el Obispo no es el único responsable. Quienes le apoyan, elegidos por él para cargos diocesanos, comparten su responsabilidad en esta situación. También nosotros nos consideramos responsables y asumimos nuestras deficiencias con sinceridad y humildad.”

Voy a detenerme en este párrafo porque si bien suena un golpe de pecho tampoco se especifican esas responsabilidades. Y tampoco está de más recordarlas: Una obsesión por un nacional catolicismo vasco, un posicionamiento partidista en los años del plomo, una politización de la pastoral y una pastoral politizada, que sí, que respondía a una demanda social de significarse como se significó una parte del clero a favor de la lucha obrera en 1976. Pero que si había que haber elegido una sola pancarta para ponerse tras ella esa era solo la de la paz. O en todo caso haber estado detrás de todas las pancartas. Eso en cuanto a la imagen y el papel social de la Iglesia en el País Vasco, porque sí, sí hay una “Iglesia vasca”, (me ha costado reconocerla pero hoy creo que existe, aunque no como la han presentado muchos hasta ahora) pero no es exclusivamente la que reza en euskera, sino la que reza; no es la que adora al Santísimo con un Aurresku, sino la que adora al Santísimo 24/7 en castellano, en euskera y en silencio. El clero de los nacidos en los 40, los 50 y los 60, salvo algunas excepciones, ha dejado de ser una referencia para nuevas vocaciones. Y algunos acaban sus días reconociendo que si volviesen a nacer no escogerían el sacerdocio. ¡Ya es triste final!

Está siendo triste despedir a sacerdotes que se van con la sensación de no haber sido reconocido su trabajo al final de sus días. Y algunos que no ven cumplidas ni sus últimas voluntades para su funeral. 

Como está siendo triste que la Iglesia no recupere a tanto sacerdote secularizado para el trabajo pastoral. (Pero esto forma parte de mi forma de entender la Iglesia.)

La polarización se sigue demostrando en cada documento, artículo o noticia que se hace pública. Y en esa misma línea de dejar en evidencia la división, especialmente entre el clero, nos encontramos con la nota del nuevo Consejo Presbiteral que expone como una necesidad de que se sepa públicamente que el obispo tiene “todo el apoyo y respaldo” del nuevo Consejo Presbiteral. Así como la imperiosa necesidad de esa comunión del presbiterio. Comunión que implícitamente se reconoce hoy no existe. Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

https://diocesisvitoria.org/wp-content/uploads/2026/03/Comunicado-del-Consejo-Presbiteral-en-su-constitucion-16-Marzo-2026.pdf 

El documento contiene párrafos que están muy bien, y que se vienen cumpliendo desde siempre como la tarea de “anunciar a Jesucristo, acompañar a las personas, sostener la vida de nuestras comunidades y servir con especial cercanía a los más pobres, vulnerables y necesitados.” Aunque luego en el párrafo siguiente parecen apuntar como que antes de diez años atrás no se había hecho nada y solo en los “últimos años” se pueden contabilizar logros. 

Está muy bien reconocer que existen “diferentes sensibilidades presentes en la Diócesis”, el problema y la denuncia que se está haciendo es que no todas están representadas en los órganos diocesanos. Y deseos de promover “una cultura de escucha, corresponsabilidad, respeto y discernimiento” si no son un hecho real y quien tendría que hacerlo realidad es el primero en incumplirlo: Párrafos como el siguiente: “Entendemos que la vida diocesana se fortalece cuando se cultiva el diálogo sincero, se acogen con caridad las distintas sensibilidades eclesiales y se orientan todos los esfuerzos hacia lo esencial: hacer presente el Evangelio en medio de nuestro pueblo.” Acaban siendo mera literatura. 

La insistencia en el texto de cerrar filas en torno al obispo, de celebrar su décimo aniversario de ordenación, en este caso es, a mi juicio una nueva puesta en evidencia de que el obispo no cuenta ni con el apoyo de todo el clero diocesano ni tampoco de toda la feligresía. En muchos ámbitos, de dentro e incluso de fuera de la Diócesis ni se entiende ni se comparten sus decisiones para repoblar el Seminario, “renovar” la Facultad de Teología apartando a buenos teólogos de la casa; a poner en manos de entidades que aún no han recibido el placet de Roma tareas pastorales de relevancia. Marginar y apartar a los críticos para rodearse exclusivamente de los fieles, sumisos y palmeros, esa es la imagen que se ofrece, y donde cualquier gesto de comunión, de escucha, de aceptación de lo diferente es tan pequeño que queda opacado por lo que es más cotidiano y evidente. 

También las intervenciones públicas del obispo en muchos casos no han ayudado nada: Cuando el 3 de marzo salió intentando lavar la imagen de un obispo del que todo el mundo sabemos que era franquista y que el mismo día del funeral fue reprochada su actitud por el pueblo. Y 50 años después intenta blanquear la imagen de alguien a quien no conoció. Y las víctimas del 3 de marzo lógicamente se sintieron molestas.

Por el contrario en la entrevista que se le hizo el Lunes de Pascua en la Cadena Ser sí, y como siempre a mi juicio, estuvo acertado al desear un memorial “justo”. Ese es el término que destacó y que comparto. Entendiendo para mi como “justo” la inclusión en la memoria de la Historia de la parroquia de San Francisco y del papel de la Iglesia en su conjunto en aquella época, con sus luces y sus sombras. 

Más recientemente en una entrevista en Radio Vitoria y al hilo de los acuerdos entre la Iglesia y el Estado para la indemnización de las víctimas, nuevamente se equivoca en el planteamiento de poner el foco en los demás, dando la sensación de tirar balones fuera. Que no sería su intención, pero lo pareció. Y eso molestó nuevamente a las víctimas de abusos en la Iglesia. Y se lo hicieron saber. 

En esa misma entrevista ponía distancias con la clase política argumentando que él no tiene que preocuparse por conseguir votos. ¡Claro! luego se queja si alguien comenta que “si dependiera de votos su elección otro gallo cantaría”. (Desde luego no tendría mayoría absoluta y habría una alta abstención seguramente)

El domingo de Resurrección salía otra entrevista con Elizalde en el Diario de Noticias de Álava. La mayor parte del discurso es acertado y aceptable, pero hay cuestiones que no responden a la realidad, y o bien se engaña a sí mismo o intenta vender lo que no es. Cuando habla de cuestiones supradiocesanas su discurso responde a una palabra de pastor, pero cuando se refiere a cuestiones de la diócesis el discurso no se sostiene con la realidad que muchos percibimos. Por ejemplo esta respuesta recogida en la entrevista: 

“Cabe que todos en la Iglesia —y yo tengo que alegrarnos de que haya variedad de ideas, e incluso críticas y oposición— todos somos Iglesia. Hombre, no me resigno ante el hecho de que algún grupo proponga su estilo como pensamiento único. Yo tengo que garantizar la universalidad, la variedad y la pluralidad de la Iglesia.” (No creo que esta afirmación aguantase una encuesta en la Diócesis)

En otras ocasiones ha repetido un discurso que sacerdotes traídos de fuera están copiando sin contrastar datos. Presume el obispo de que ahora tienen espacio quienes antes no lo tenían y que hoy la diócesis es más plural. Con todos los respetos pero en esta diócesis llevamos años conviviendo personas de ideologías antagónicas, curas abertzales con votantes de Fuerza Nueva, y había espacio para ambos. El clero alavés ha sido un clero francotirador y han buscado y trabajado para ser Iglesia de mil maneras diferentes. Es hoy y ahora cuando está extendido el sentimiento de que solo se acepta un modelo, y no es el de Pablo, Cefas o Apolo, sino el de Elizalde. 

Esta otra declaración también sería revisable: 

Hablando del Consejo Presbiteral: “Es un órgano especialmente importante. Al tener una representatividad tan grande entre los sacerdotes elegidos por sus compañeros, es como el Senado del Obispo en las materias de gobierno. Se van trabajando temas de futuro, proyectos de evangelización... Son cuestiones vitales para la Diócesis. Y sí, puede haber discusiones sobre algunos temas. Es normal porque la Iglesia de Vitoria es muy plural y nadie callará a nadie. Y aunque la última palabra la tiene el Obispo, no es la única. Hay que decidir después de escuchar a todo el mundo.”

El obispo tiene un problema de comunión con la gran mayoría del clero diocesano alavés y parece ignorarlo. No está caminando con todo el pueblo y lo sabe, y parece no importarle, parece conformarse con “cubrir los bancos” de sus celebraciones. No hay peor enfermo que el que no reconoce su enfermedad. 

Y así con muchas de sus declaraciones. Alguien me hizo el comentario de que el obispo es “una máquina de fabricarse enemigos”, y algo de razón hay que dar a este comentario. 

Una de sus últimas respuestas, a mi juicio, también es discutible. Hace una comparativa entre la figura del Papa Francisco y el Papa León XIV: 

“Pero lo cierto es que se ha bajado el souflé de la polarización de la Iglesia. Es un hecho que desde el principio se manipulaba mucho la figura carismática del Papa Francisco, y cada uno arrimaba el saco (el ascua) a su sardina, y que nos peleábamos entre todos por hacer una lectura sesgada de su(s) pontificado(s). Eso es un hecho, como también lo es que eso ha desaparecido.” 

A poco que se asome uno a las redes sociales se percibe que esa polarización se mantiene, que los ultraconservadores no estaban contentos con Francisco y siguen sin estarlo con León; que la misma Iglesia en España sigue dividida aunque se esfuercen en dar una imagen de unidad; que en el seno de la Iglesia siguen existiendo las pugnas de poder; que seguimos leyendo el mismo Evangelio de formas diferentes; que las iglesias locales siguen reclamando una desromanización para dar paso a un reconocimiento de la Iglesia en cada contexto; que la Iglesia en África no traga con algunos postulados de esa iglesia de “todos, todos, todos”; y que esa polarización se manifiesta también en las mismas diócesis. 

La realidad es que el obispo de Vitoria hoy camina acompañado solo de una parte de su pueblo, de una parte muy pequeña de su clero diocesano alavés, y que el número lo ha solventado con clero de importación. 

Pero sin negar todo lo dicho hasta ahora también es justo reconocer la existencia de brotes verdes, porque la naturaleza es tozuda y cuando se le deja tranquila como en tiempos de pandemia vuelve por sus fueros y recupera el espacio que era suyo. 

Así proyectos como Berri Ona, Berakah, Krisare que nacieron desde una apuesta por las periferias, o la llegada de Bartimeo, Effetá y Emaús que nacieron del laicado y desde el laicado tienen que seguir existiendo, están dando pequeños frutos. Mientras funcionen alejadas de un clericalismo tóxico. (¡cuidado con los nuevos clérigos que creen saber más que los laicos!) En todas estas propuestas evangelizadoras y de servicio hay brotes verdes que están surgiendo al margen del gobierno de la Diócesis y la vida saldrá adelante, no tengo la menor duda. 

En la Iglesia hoy lo que se demanda de los sacerdotes es un correcto acompañamiento, acompañamiento espiritual, no dirección espiritual, eso ya no queremos. Hoy somos una Iglesia con voz para todos, todos, todos. Ese es el miedo que suscitan algunos nuevos sacerdotes preparados más para dirigir que para acompañar. El obispo presume de haber ordenado ya 10 nuevos sacerdotes. Pero de algunos de ellos no se ha hecho un seguimiento de su proceso vocacional, se han dado por buenos los informes presentados por los padrinos de estos candidatos.  

Y sí, me repito, creo que la falta de vocaciones no pide la importación indiscriminada de migrantes que nos hagan bulto en las celebraciones, sino respuestas audaces, imaginativas, creativas, renovadoras, … es la hora de cambiar el modelo sacerdotal, de eliminar el celibato como requisito obligatorio para el ejercicio del sacerdocio, de incentivar el diaconado permanente, de dar el paso del acceso a los ministerios ordenados a la mujer y de poner las parroquias bajo el gobierno de comunidades. 

Pero para eso soy consciente de que quizá quedan décadas. Mientras tanto Diócesis como Vitoria seguirán funcionando a trompicones con una parte del rebaño sin pastor. Esa es la realidad actual. 

Ahora más que nunca debemos rezar para que Dios envíe un nuevo San Prudencio, pero esta vez a Burgo de Osma no, a Vitoria. 

El último texto que incorporo a este largo análisis es la carta “Centinelas de la mañana” de Juan Carlos Elizalde. De inicio me alegro que haya iniciativas que aborden el tema vocacional, ha sido una de las obsesiones del obispo desde su llegada y es una obsesión no solo legítima sino necesaria. Esta sociedad ha ido perdiendo la palabra vocación no sólo como llamada de Dios sino como llamada secular a ejercer una profesión en muchos casos. Por lo tanto, que la Iglesia lidere una campaña vocacional me parece bueno. Lamento que una vez más para acompañar estas iniciativas el clero elegido sea de fuera y no autóctono. Vale, sí a estas alturas y con la división efectiva que tenemos ni uno les convoca ni los otros acuden. Y así no hay manera de salir de este embrollo. 

Valoro positivamente que esta iniciativa vaya de la mano de la tomada en la diócesis hermana de San Sebastián. Creo que necesitamos recuperar esa dimensión territorial de la Iglesia EN el País Vasco y Navarra porque siguen existiendo muchas cosas que nos unen. 

Valoro igualmente un párrafo donde se reconoce que “Nuestra Diócesis siempre ha trabajado intensamente por las vocaciones aunque a mi llegada, hace 10 años, no hubiera ningún seminarista.” Es evidente que la pastoral vocacional no dió los frutos deseados, aunque los sacerdotes alaveses ordenados por Elizalde tengan su génesis en los años previos al relevo episcopal y con el acompañamiento de sacerdotes como Pepe Garmendia, al que se le debe un reconocimiento en esta DIócesis, dicho sea de paso. 

Dicho de otro modo, en diez años la pastoral vocacional tampoco ha dado frutos locales, son todos importados. Que no niego que el objetivo haya sido crear un efecto llamada y que quizá en breve empiecen a surgir vocaciones autóctonas, y de manera especial entre las segundas o terceras generaciones de migrantes como también reconoce la carta en uno de sus puntos. 

Si las ideas no son malas, insisto, el error ha sido el modo de llevarlas a cabo: prescindiendo del consenso con el clero diocesano (¿que habría ralentizado el proceso? es posible, pero sería un camino sinodal con todos, no solo con los que dicen amén amén); Han sido impuestas más con el báculo, prerrogativa que tiene un obispo, sí, pero que cada día es menos apreciada por una parte importante de la comunidad que desea una iglesia con un discipulado de iguales; traer sacerdotes de otras diócesis de España para asumir responsabilidades diocesanas ha generado recelos y preguntas, más cuando en la Iglesia durante años los traslados a veces eran la solución a problemas. Lo mismo ocurre con sacerdotes vinculados a organizaciones de corte ultraconservador. No es mala fe, es consecuencia lógica que surjan estas preguntas. El obispo de Vitoria ha tomado muchas decisiones que muchos no terminamos de entender, y si fueron proféticas las palabras de León XIV que le dió, señalando que los frutos los verá su sucesor, … pues … solo se me ocurren dos posibles futuros y confiar en Ruah. 

De lo que discrepo en esta carta también es de cómo se sigue alimentando un falso discurso de racismo en la Diócesis por parte de los que critican el modo como se ha incorporado a la vida diocesana a estas personas, en particular a las procedentes de África. Un modo que ha dado también como consecuencia en algunos casos quejas, porque no “todo vale” con tal de hacer números, que es la sensación que queda. Las quejas, al menos las que me llegan a mi, se basan en la toma de decisiones por decreto y a veces por la puerta trasera; la falta de criterios consensuados para la incorporación diocesana de estas personas; los efectos negativos que en algunas comunidades ha provocado la entrada sin una tutela necesaria de sacerdotes con una mentalidad que choca de frente con la comunidad que atienden; y las quejas por comportamientos que no son de recibo. Que otros están haciendo un buen trabajo ¡pues claro! pero muchos de los errores se podían haber evitado. Es que cuestiona los términos de un acuerdo que recoge la misma carta : “La colaboración, según se afirma en la declaración fechada el 25 de enero de 2024, «se extenderá a la formación y al discernimiento comunitario, llevados a cabo con espíritu de humildad y respeto mutuo entre nuestras iglesias». 

En resumen, la carta pastoralmente es oportuna, acertada en lo que al tema de las vocaciones se refiere y necesaria en el contexto social y eclesial en el que vivimos. Pero nuevamente falla en el análisis de la realidad diocesana y en la falta de clero diocesano al frente de la misma. Creo sinceramente que no todo vale y no se puede seguir en esta dinámica. 

Non solum sed etiam

Llevo días dándole vueltas a este escrito y lo que he ido recogiendo en él antes de decidir si hacerlo público o no. Y lo que más me duele es ver cómo al final lo que subyace es la omnipresencia del pecado de las ansias de poder del género humano. Cada uno defendemos una postura, un modo de hacer y entender las cosas porque si lo que sale triunfador es mi “equipo”, mi grupo, partido, ideología, “mi iglesia”, yo conservaré mi cuota de poder. 

¡Encuentro tantas similitudes entre el sistema de funcionamiento de la política de hoy día y la Iglesia, que si la política me defrauda, cuánto más la iglesia (con minúsculas y referida al micromundo diocesano)!

Sin duda que hacer todo cenizas y construir sobre ellas un resort maravilloso y donde antes había un desastre ahora ponemos “un paraíso”, está muy de moda, pero no sé si es la mejor opción, entre otras cosas porque esas ruinas tiene dueños, son sus ruinas, su desastre, sus cenizas, su caos, y con ellos es con quien hay que decidir qué y como contruir. 

¡Ojalá un San Prudencio para el siglo XXI fuese capaz de solucionar el problema! 

Pero veo un funcionamiento tan absolutamente mundano que solo un cambio, un volver a empezar, con otros protagonistas, con otros actores en los papeles principales se me antoja que hoy pueda ser ya la solución. Cambiar los corazones o cambiar las personas, no hay otra, salvo seguir tirando en esta situación y cada cual por su lado. 

Es así de paradójico e incoherente que quienes predicamos la conversión de corazón seamos los primeros en resistirnos a cambiar nuestro corazón de piedra. 

Si consideramos un milagro que un político pida perdón, que un alto cargo dimita por iniciativa propia, que alguien que ha subido baje, que alguien a quien se le ha ensalzado se humille, qué tendrá que ser que quien predica el Evangelio lo cumpla el primero dando ejemplo, la palabra “milagro” se queda corto. 

Pero nos queda la palabra “Esperanza”. Aunque la esperanza debe ir acompañada de gestos. El primero sería reconocer que vivimos en una Diócesis que está en crisis, y desde este espacio propongo a todos los sacerdotes de la diócesis de Vitoria, a todos; a todas las comunidades religiosas, a todas, que en las peticiones, lo mismo que pedimos por la paz en el mundo incluyamos una nueva petición, la de encontrar el camino de la unidad diocesana y al pastor que sepa liderarla. (que puede ser el que ya tenemos, pero tendrá que haber gestos para lograr esos objetivos)

Por eso y rompiendo la dinámica habitual de este blog hoy quiero acabar con una oración, y como no podía ser de otra manera, a San Prudencio, ángel de la Paz, de quien este 28 de abril, un año más volvemos a celebrar su memoria y su patronazgo sobre las tierras de Álava y la Diócesis de Vitoria.

Querido San Prudencio, patrón de estas tierras de Álava y de la Diócesis de Vitoria,

hoy son tus paisanos los que viven una crisis de comunión de difícil salida.

Solo encontramos en el cambio la solución a esta situación.

O cambian los corazones, las actitudes, las decisiones y las estrategias. (por parte de todos)

O entonces que cambien a las personas, si las personas no están dispuestas a cambiar.

Ponemos en Manos de María, bajo sus advocaciones de Estíbaliz y la Blanca la salida 

a todo este follón. Aunque somos conscientes que habrán de ser los elegidos en este mundo quienes acaben teniendo que tomar las decisiones. 

San Prudencio, ilumínanos a todos desde tu sabiduría, prudencia, humildad y talante pacificador. 

Y que la fiesta de San Prudencio de 2027 sea una acción de gracias de todas las personas por haber vuelto a ser el Ángel de la Paz.

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