“Este es mi cuerpo”, objetivo: acabar con los estereotipos de la mujer en la Iglesia

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia con representación en Vitoria-Gasteiz presenta el libro “La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, alzamos la voz” y realizará un gesto por el 8M

Alzamos la voz y nos manifestamos porque vivimos una profunda discriminación en la Iglesia y ha llegado el momento de decir “¡Basta ya!”. Ni podemos ni queremos callarnos. Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismo que percibimos a diario

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Un año más, y serán seis desde su nacimiento en 2020, la Revuelta de Mujeres en la Iglesia se moviliza, ahora en los 35 territorios donde está presente en España: Alacant, Almería, Asturias, Badajoz, Barcelona-Alcem la Veu, Bilbo-Gure Hitza, Burgos, Cádiz, Cantabria, Ciutadella-Alcem la Veu, Córdoba y Cabra, Donostia-San Sebastián-Emakunmen Aldarria, Granada, Huelva, Huesca, Jaén, Las Palmas de Gran Canaria, León, Logroño, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Pamplona-Iruña, Salamanca, Santiago de Compostela-Mulleres Cristiás Galegas-Exeria, Sevilla, Tenerife, Teruel, Valencia-Alcem la Veu, Valladolid, Vigo, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza.

Pero en cada localidad los actos, si bien se unen a los celebrados en estos 35 puntos en el lema y las reivindicaciones, se suele tener algo particular. En Vitoria-Gasteiz será la presentación de un libro: “La Revuelta de Mujeres en la Iglesia, alzamos la voz”. La ponencia correrá a cargo de Mabel Ruiz Ruiz, coautora del libro e integrante de Mujeres y Teología de Zaragoza. 

Los actos en Vitoria-Gasteiz se organizan de la mano también de la comisión de mujer laica del servicio diocesano del laicado de la Diócesis de Vitoria. El viernes 6 de marzo, a las 19:00 h, tendrá lugar la presentación del libro y el gesto por el 8M en el local de los Padres Franciscanos (C/ Castillo de Villamonte, n.º 2, barrio Ariznabarra)

Non solum sed etiam

Mi aportación, desde el respeto y el atrevimiento, es añadir unas glosas al manifiesto de la Revuelta de Mujeres, que para distinguirlo lo pongo en cursiva. Aporto, “desde la mirada de un hombre”, mi grano de arena. 

Manifiesto

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Somos mujeres creyentes. Vivimos con pasión el seguimiento de Jesús de Nazaret en muchos grupos, parroquias, organizaciones, movimientos eclesiales y congregaciones. Estamos comprometidas con la causa de Jesús y luchamos por la renovación de la Iglesia y la transformación social desde la perspectiva de las mujeres.

Doy fe y soy testigo de la pasión con que muchas compañeras viven su fe, su seguimiento a Jesús. Y puedo recordar desde el ejemplo de mujer creyente de mi madre, o la madre de mis hijos, al testimonio de tantas amigas con las que he podido caminar en mi proceso de fe. 

Alzamos la voz y nos manifestamos porque vivimos una profunda discriminación en la Iglesia y ha llegado el momento de decir “¡Basta ya!”. Ni podemos ni queremos callarnos. Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismo que percibimos a diario, por eso:

Queremos denunciar las múltiples formas de injusticia e invisibilización que sufrimos en la Iglesia. La institución, con su estructura y organización, está quedando al margen de las conquistas sociales en igualdad y corresponsabilidad y está cometiendo un error. 

No puedo menos que respaldar esta demanda. Hacerme eco de ella. Yo también quiero una Iglesia con un discipulado de iguales. Y aunque el protagonismo de la voz ahora lo tengan ellas, mi voz quiere sumarse también, cada 8 de Marzo y el resto del año. 

Reivindicamos la necesidad de un cambio imprescindible: el acceso al diaconado y al presbiterado femenino, para atender a las comunidades cristianas. Denunciamos la desproporción entre el número de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades de Teología y en otros puestos de responsabilidad.

Cuánto miedo se percibe en dar el paso para estos cambios. Debemos caminar hacia una Iglesia plural donde tengan cabida todos, todos, todos y todas, todas todas. Todas las opciones y que cada cual se sienta libre de vivir la fe en el entorno que más le ayude a hacerlo. Sin cismas ni polarizaciones absurdas. ¿Cuál sería el problema en Vitoria-Gasteiz de que hubiera parroquias y comunidades con un perfil y otras con otro? ¿Si eso ya ha existido siempre? En lugar de uniformizar abrir las puertas a la pluralidad. Y sí, que haya parroquias donde presida la mujer. Y el que no quiera acudir que no lo haga y que tenga su opción más tradicional y conservadora también. 

Queremos hacer visible nuestro trabajo incansable y gratuito. Las mujeres somos mayoría aplastante en el voluntariado, en las celebraciones religiosas, en la catequesis, en la pastoral, en la acción social con las personas más empobrecidas, en los movimientos eclesiales, en la enseñanza, en la vida religiosa… Somos las manos y el corazón de la Iglesia, pero se nos niega la palabra, tener voz y voto, la toma de decisiones y el liderazgo en los ámbitos oportunos, como se ha puesto de manifiesto, una vez más, en el Sínodo de la Amazonía.

Si la Iglesia se moviese por porcentajes las mujeres, que sois mayoría, es un hecho y tendríais un peso importante. Aunque no todas piensan lo mismo y son muchas las que no comulgan con los postulados de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. También hay que decirlo y también merecen su espacio. Dentro de ese ejército de servicios en la Iglesia no todas las mujeres comulgan con las reivindicaciones expuestas. Pero eso no deslegitima las demandas de igualdad en la Iglesia, al contrario, son un argumento más para la aceptación de la pluralidad. 

¿Qué sería de la Iglesia y de las iglesias si dejáramos de hacer todos estos trabajos, porque estamos cansadas de la invisibilidad y de la injusticia?

Si me permitís una respuesta: si eso se hiciese perderíamos todos. Y perderíamos porque el servicio dejaría de estar basado en el Evangelio y se priorizaría las demandas y las reivindicaciones. Y creo que ninguna, ni ninguno, servimos por ser reconocidos en la Tierra, y a veces ni siquiera en el Cielo. Servimos porque nace de una vocación. Y la Vocación está por encima incluso de las injusticias que se comentan contra uno mismo. Por lo tanto esta “huelga” la veo inviable, imposible, porque perderíamos todo y todos. 

Trabajamos en la Iglesia, porque es nuestra comunidad de referencia para vivir el Evangelio. Seguiremos trabajando en ella para que podamos recuperar la comunidad de iguales que trajo Jesús. 

Vosotras mismas respondéis a vuestra pregunta con esta afirmación que está en sintonía con mi comentario. 

Hace años abrimos una brecha en el muro que nos impedía el acceso a los estudios de teología, no pararemos hasta que se reconozca y valore la riqueza de teología feminista, como motor de cambio. No pararemos hasta que se elimine el lenguaje patriarcal y sexista en las homilías, textos litúrgicos y documentos; hasta que la moral sexual de la Iglesia se preñe de ternura y misericordia y deje de culpabilizar a las mujeres.

¡Animo! somos muchos los que estamos con vosotras. Pero tened identidad propia, no todo el feminismo es constructivo, que vuestro feminismo, que nuestro feminismo sea Evangelio puro. 

Seguiremos trabajando con empeño para que la Iglesia dialogue con los movimientos de liberación de las mujeres y reconozca la diversidad de familias, identidades y orientación sexual. 

Con que de inicio simplemente las respete y deje que una parte de la Iglesia al menos las acoja (mos) e integre (mos) ya estaríamos dado un paso importante. 

Trabajamos con ahínco para que la Iglesia denuncie el sistema económico neoliberal que impide que las personas tengamos unas condiciones de vida acordes con nuestra dignidad, porque este sistema expolia a la tierra, fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres

Para estos temas hombres y mujeres, una sola voz. 

Trabajamos y trabajaremos para recuperar una Iglesia donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas partes y valoradas por nuestros talentos y carismas.

Un discipulado de iguales, ya lo he dicho. Tan simple como eso. 

No estamos solas. Formamos parte de una red que crece cada día y se entrelaza con mujeres de iglesias de Europa y del mundo que también han dicho “¡Basta ya!” y alzan su voz, hasta que la igualdad sea costumbre, como María 2.0 o el Movimiento internacional Voices of faith. 

La unión hace la fuerza, y el Pueblo (de Dios) unido, jamás será vencido. 

En el año 2000 celebramos el Jubileo de las Mujeres, manifestándonos ante la catedral de Madrid. Hoy, 20 años después, damos un paso más: nos hemos organizado para expresar nuestra Revuelta en la Iglesia, para que la Iglesia vuelva a ser una comunidad de iguales Y LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE.

¡Amén!

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