El desalojo de la iglesia de San Francisco fue el más cruento llevado a cabo por la policía del régimen, pero no el único

Serie 50 años del 3 de marzo El Derecho de Asilo en las Iglesias

He usado como fuente de gran parte de la información la recogida en los dos tomos del libro “Crónica, la voz del clero vasco en defensa de su pueblo (1939-1975)” editorial EKIN del claretiano Josu María Alday. Sirva esta serie de artículos como homenaje a su memoria por mi parte

Vitoria 3 M 04 a
Vitoria 3 M 04 a | VLG

El 3 de marzo y su contexto

Estamos a punto de recordar los 50 años de la matanza que se produjo el 3 de marzo de 1976 en Vitoria debido a la actuación policial para el desalojo de los trabajadores reunidos en asamblea en la iglesia parroquial de San Francisco de Asis. 

El hecho es sobradamente conocido y a lo largo de estos 50 años el pueblo de Vitoria, con los familiares de las víctimas a la cabeza y el arropo de agrupaciones sindicales, ha recordado, con sus matices, ausencias, derivas y sesgos ideológicos, cada 3 de marzo estos hechos y la necesidad de justicia que determine las responsabilidades penales y políticas de las personas implicadas en aquellos hechos. Memoria, Justicia y Reparación siempre han estado presentes, pero también otras reivindicaciones que poco o nada tenían que ver con los hechos del 3 de marzo. 

Pero aquellos acontecimientos no fueron un hecho puntual, se produjeron en un contexto social, político y también eclesial. 

El Memorial que tendrá como sede lo que fuera la iglesia parroquial de San Francisco de Asís debería aprovechar a recoger toda la información vinculada con estos hechos. Toda, Toda y sin prevalecer un sesgo o una lectura sobre otra. 

A lo largo de este mes de febrero y hasta el 3 de marzo he empezado a publicar una serie de artículos con cuestiones relacionadas con el contexto de aquellos tristes hechos del 3 de marzo de 1976.

En el texto de hoy voy a hablar del Derecho de asilo que recogía el Concordato vigente y que fue violado sistemáticamente en varias ocasiones. Aquel 3 de marzo no era la primera vez que la policía entraba (sin autorización) en un templo y lo desalojaba a base de porras y botes de humo.

Tampoco era la primera vez que la policía acababa con la vida de una persona en el entorno de una iglesia.

El primer artículo trató sobre la figura controvertida del obispo de Vitoria, Don Francisco Peralta Ballabriga a quien se le reprochó su sistemático silencio en este caso, y en otros.

Hablaré de la implicación de tanto clero vasco, y de otras diócesis, en la lucha obrera.

Y hablaré de la cárcel concordataria de Zamora que el gobierno de Franco preparó para los curas rebeldes, en especial para los curas vascos rebeldes. La única cárcel para sacerdotes en el mundo. 

Estas y otras cuestiones son, a mi juicio, datos para la memoria que la antigua iglesia de San Francisco, hoy Memorial San Francisco 3 de marzo, debería conservar, custodiar y divulgar. 

Vayamos con el tema de Derecho de Asilo o Derecho a Sagrado

Con la Constitución Española de 1978 quedaba derogado el Concordato con la Santa Sede a expensas de uno nuevo, y con ello desaparecía el viejo derecho de asilo en sagrado. Era una ley medieval por la cual cualquier perseguido por la justicia podía acogerse a la protección de iglesias y monasterios. Se basaba en el concepto jurídico de que cualquier oprimido por las leyes de su país podía ser protegido por otra autoridad, fuese civil o religiosa, y derivada de la antigua costumbre de la hospitalidad.

En el Concordato de 1956 se recogía expresamente en su artículo XXII:

“1) Queda garantizada la inviolabilidad de las iglesias, capillas, cementerios y demás lugares sagrados, según prescribe el Canon 1.160 del Código de derecho canónico.

2) Queda igualmente garantizada la inviolabilidad de los palacios y curias episcopales, de los seminarios, de las casas y despachos parroquiales y rectorales y de las casas religiosas canónicamente establecidas.

3) Salvo en caso de urgente necesidad, la fuerza pública no podrá entrar en los citados edificios, para el ejercicio de sus funciones, sin el consentimiento de la competente autoridad eclesiástica.”

El 3 de marzo de 1976 ese derecho de asilo estaba recogido en el Concordato con la Santa Sede, pero fue conscientemente vulnerado con el trágico resultado de cinco muertos de la clase trabajadora.

Pero no era la primera vez que la policía nacional al servicio del régimen franquista se saltaba este Derecho a Sagrado. Vamos a recordar otras intervenciones llevadas a cabo:

En la Catedral del Buen Pastor de San Sebastián tras el encierro protagonizado por unas cuatrocientas personas en la noche del 24 de diciembre de 1967 y en el marco del estado de excepción decretado por el franquismo para las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya.

La persecución al nacionalismo y al clero vasco era reiterada desde el final de la Guerra Civil en 1939. Paulatinamente el franquismo fue articulando su maquinaria para someter y “españolizar” en el sentido más triste y fascista del término a la población vasca, y particularmente vascoparlante. Porque el problema en muchas personas no ha sido pertenecer civil y administrativamente a España, para otras si, el problema vino cuando se intentó “españolizar” por las bravas, por la fuerza y la prohibición que algunos vivieron en primera persona. 

De forma casi diaria muchos jóvenes, militantes del nacionalismo y muchos sacerdotes, pastores de su pueblo y sensibles a la cultura y tradiciones de esta tierra, fueron detenidos, juzgados, condenados, encarcelados, torturados, y recibieron penalizaciones civiles y canónicas por defender un evangelio encarnado e indígena. ¿Qué podía haber de malo hablar de Dios en euskera para quien era su lengua materna? ¿En qué incoherencia evangélica se incurría al denunciar proféticamente las injusticias y atropellos de los poderosos?

La jerarquía eclesiástica, que desde hacía años y por virtud también del Concordato, era seleccionada entre los afines al régimen franquista o al menos dóciles al poder civil, y la respuesta en muchos casos de algunos obispos era el silencio o mirar hacia otro lado. Aunque hubo sus honrosas excepciones, y en nuestra tierra los nombres de Mateo Múgica o Antonio Añoveros quedaron para la historia.

El hartazgo fue tan grande que provocó reacciones como el encierro en la catedral del Buen Pastor el 24 de diciembre de 1968 o el más sonado de los más de sesenta sacerdotes en el Seminario de Derio en abril de 1968. 

En la tarde del 24 de diciembre de 1968 cerca de cuatrocientas personas, religiosos, laicos y sacerdotes empezaron una huelga de hambre de 24 horas encerrados en la Catedral del Buen Pastor con el objetivo de celebrar juntos la misa de Nochebuena en la Catedral como parte del acto reivindicativo y de denuncia de todo lo que estaba pasando, el Estado de excepción y la vulneración de derechos que se estaban llevando a cabo con detenciones arbitrarias, torturas y abusos de todo tipo; y que la jerarquía de la Iglesia no estaba denunciando.

Policías de paisano se infiltraron en la catedral y fueron fotografiando a los asistentes al encierro; las fuerzas de seguridad de la policía nacional rodearon el templo y llegaron a introducirse armados en el mismo a pesar de recordarles el derecho de Asilo vigente. 

De este encierro se hicieron eco varios medios de la prensa extranjera, particularmente francesa: “Le Monde”, “Le Figaro”. 

Al día siguiente una multitudinaria manifestación se concentró en el entorno de la catedral para arropar la salida de los encerrados y disuadir a la polícia de tomar medidas contra ellos allí mismo. Una larga manifestación se desarrolló por las calles de San Sebastián hasta que las cargas policiales consiguieron disolver. 

El obispo de San Sebastián, recién nombrado, monseñor Jacinto Argaya, intentó mediar para evitar represalias contra los encerrados en la catedral pero en los días posteriores la policía llevó a cabo registros y detenciones indiscriminadas. Así mismo se siguió violando el Concordato con la entrada de la policía a efectuar registros en conventos, iglesias, ermitas y seminarios en varios lugares del País Vasco. 

El 21 de julio de 1968 la policía entraría en el monasterio benedictino de Lazkao (Guipúzcoa) mientras se celebraba la misa conventual.

En abril de 1969 la policía hace un registro sin autorización del obispo de Bilbao en el convento de las PP Sacramentinos de Villaro (Vizcaya). Estos son algunos de los casos recogidos por el claretiano Josu Alday. 

Asesinado el campanero por hacer su trabajo

Otra intervención policial, esta con el resultado de un muerto, tuvo lugar en el pueblo alavés de Urabain. donde un policía acabó con la vida del campanero de la localidad, un campesino alavés llamado Segundo Urteaga.

En el pueblecito de Urabain, próximo a Salvatierra-Agurain, en las proximidades de Navarra, ubicado en las faldas de la Sierra de Urbasa, fue asesinado dentro de la iglesia el campesino alavés y campanero de esta localidad, Segundo Urteaga. El autor de los disparos fue el policía Fernando Montolio Millán quien descargó una ráfaga de metralleta alcanzando a la víctima seis disparos. Era el 15 de mayo de 1969. 

La prensa dió una versión de los hechos donde responsabilizaba a la víctima con titulares como “Muerto al hacer frente a la policía” o el titular de la Gazeta del Norte del día siguiente: “agredió a un policía y resultó muerto”. 

Al parecer los hechos según los narra Josu Alday en el libro “Crónicas. La voz del clero vasco en defensa de su pueblo” en su tomo I, fueron los siguientes: “Inspectores de la policía y varios miembros de la Benemérita, acudieron al pueblo de Urabain para practicar una investigación relacionada con actividades terroristas. Al llegar a la casa de Segundo Urteaga Unzueta, de 55 años, éste alegó que tenía que hacer sonar las campanas anunciando un acto religioso. Un inspector que le acompañó declaró más tarde que la víctima hizo sonar las campanas de una manera extraña que interpretaron como una señal de aviso. Acusaron a la víctima de atacar con una navaja al policía tras el toque de la campana. Salvo los días de suspensión del policía implicado no hubo más sanción incluso después de un juicio que resultó una “farsa”.

Pero el agravio no quedó sólo ahí, la Iglesia también “colaboró”. Así lo recoge Alday: “Qué dijo la Iglesia de todo esto? El día 16 por la mañana el obispo de Vitoria Monseñor Peralta se personó en Urabain para llevar a cabo el obligado acto litúrgico de “reconciliación del templo”, devolviéndole su carácter de lugar sagrado y de culto (tras haber sido manchado con la sangre de un asesinato). Después celebró la Misa y pronunció una homilía de circunstancias.”

Pero un grupo de sacerdotes escribiría días más tarde al obispo para “pedir cuentas de lo sucedido y defender la verdad y la justicia”.

En 1974 otras violaciones del derecho de asilo se llevaron a cabo en Navarra: El 31 de abril y el 7 de mayo la policía desalojó por la fuerza una asamblea de trabajadores que se celebraba en la catedral de Pamplona.

El 3 de marzo de 1976 no se respetó el derecho de asilo, por la mañana en la iglesia de Los Ángeles y a la tarde en la Iglesia de San Francisco en Zaramaga. En 1979, en el nuevo Concordato del Estado Español con la Santa Sede, este derecho fue eliminado. ¡Total para lo que era respetado!

Non solum sed etiam

Siempre he defendido, y ahí están mis artículos para quien quiera verlos, que la Iglesia tendría que haber arropado más a las víctimas, tendría que haber liderado la iniciativa de un memorial dentro de la parroquia, y sin dejar de ser parroquia porque ese edificio es hoy la referenci porque era una parroquia y ese dato es la Diócesis la que ha dejado morir. Pero perdida esa batalla debería defender que en este espacio, civil hoy , porque ya está desacralizado y porque sospecho que las reformas que se le hagan dejarán ver poco la parroquia que fue. La Batalla es la de recoger todos los datos posibles en los que la Iglesia ha formado parte, para bien o para mal, en esta etapa de la historia y en estos acontecimientos y los que los rodearon .

Estos artículos pretenden ser una humilde aportación.

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