Error Humano ¿responsable Dios?
La libertad del ser humano y sus consecuencias
Dejar las últimas decisiones en manos de la tecnología ¿nos eximiría de responsabilidades?
Desde que se barajó la posibilidad de un error humano como posible causa primera del accidente no he dejado de pensar en la persona o personas que puedan haberlo cometido. No quisiera estar en su piel. Quiero pensar que también estará o estarán arropados y acompañados, asesorados psicológicamente y si lo demandan espiritualmente.
En una tertulia radiofónica una contertulia se escandalizaba de que a esas alturas la decisión última la tuviese un ser humano, y no la tecnología. Hace cuatro días nos alertaban de los peligros que puede tener dar rienda suelta a la IA, y León XIV demandaba humanizar este mundo.
Discrepo radicalmente de la contertulia y creo que siempre debemos defender que la decisión última la tome un ser humano. Y asumir que los seres humanos cometemos errores, y estos a veces cuestan vidas. Cada día muchos seres humanos tienen en sus manos las vidas de otros semejantes: el conductor de autobús, el piloto de avión, el controlador aéreo, los sanitarios, y todos aquellos que cogemos un volante.
La única diferencia radica en el número de víctimas que pueden ocasionar unos errores y otros. Todas son igualmente importantes, pero no todas copan titulares.
De la misma manera no todos los errores tienen repercusión política, aunque algunos se empeñen en adjudicar la autoría del error a su rival político saltándose cualquier principio moral y ético si es necesario y usar la tragedia para su beneficio electoral.
Acotar la responsabilidad y reconocer que su causa ha sido un error humano, o un fallo técnico, y no culpabilizar del error concreto a los poderes públicos no quita para exigirles a los mismos una investigación seria y adoptar las medidas que puedan evitar futuras desgracias. Pero aceptando que el error humano siempre, siempre va a estar presente en nuestras vidas.
El error humano es parte de la condición humana, y desde un punto de vista creyente es consecuencia de la libertad con la que nos creó Dios, libres hasta para equivocarnos. ¿Quizá ese fue Su gran error? Si valoramos la libertad del ser humano, también tendremos que aceptar sus consecuencias.