La alternativa al confesionario
Los escuchatonarios
La alternativa al confesionario
El escuchatonario es un espacio invisible, portátil, ligero, moldeable y adaptable a cada estación del año, climatología o circunstancias personales de los usuarios. No precisa instalación y cada sacerdote puede llevarlo incorporado las 24 horas del día. No precisa del uso de la estola aunque la misma en todos sus colores puede adaptarse y combinar en cada momento si se considera preciso y se tiene a mano.
El escuchatonario es la alternativa al confesionario que muchos sacerdotes han descubierto para poder ofrecer el sacramento del perdón en su vida diaria.
Es cierto que el escuchatonario no está de momento homologado y canónicamente para algunos sectores no puntúa como tiempo dedicado a la confesión. Pero es que realmente esta modalidad de propuesta del sacramento del perdón no pone el acento tanto en la confesión como en la escucha. De hecho algunos practican la modalidad del sacramento de “la escucha, la bendición y el abrazo”.
De momento no se conoce ningún caso que supere los récords alcanzados por el Santo Cura de Ars, en parte porque el escuchatorio es difícil de controlar en su uso, ya que unas veces surge la necesidad de usarlo en un viaje, en un paseo por la ciudad, o por el monte, en una visita hospitalaria o en una residencia, y puntualmente en el despacho de una parroquia.
Desde que el Papa Francisco, nos descubrió que el sacramento de la confesión (o reconciliación) es un encuentro de amor y un paso directo de la "miseria" personal a la "misericordia" divina, muchos sacerdotes descubrieron el escuchatonario como una útil herramienta pastoral. Aunque ya hacía décadas que algunos habían puesto en marcha versiones más simples y rudimentarias. El escuchatorio ha ido evolucionando y se han facilitado herramientas tecnológicas que pueden ofrecer una versión on line previa al encuentro personal que permite ya la modalidad de la escucha, la bendición y el abrazo.
El Papa Francisco hizo uso tanto del confesionario como del escuchatonario de manera indistinta y aleatoria demostrando una libertad de opciones posible en la Iglesia.
Evidentemente el texto anterior ha partido de un término inventado y ha sido un relato creativo pero que me ha permitido poner nombre a una práctica que en la Iglesia se lleva haciendo desde hace décadas. Especialmente después del Concilio Vaticano II los sacerdotes fueron descubriendo otras maneras de ser pastor en algunas de sus encomiendas ministeriales. Muchos lo descubrieron en el marco de sus experiencias misioneras donde sentados en un tronco de baobá se pasaban horas escuchando y bendiciendo.
En la época de los curas obreros muchos sacerdotes tuvieron la oportunidad de confesar a compañeros suyos trabajadores al pie de una mina o en un rincón de la fundición.
La mala praxis de algunos sacerdotes en los confesionarios hicieron de estos habitáculos un objeto relegado, y rechazado hasta el punto de que ya ni los bancos de la iglesia eran atractivos para muchas personas como espacio para la confesión. Así es como muchos curas se han ido encontrando con demandas de personas necesitadas de ser escuchadas y bendecidas, de sentir la misericordia de Dios allí y ahora, y se han ido adaptando con gusto a montar su “escuchatonario” sin pensar siquiera si alguien les computará o no esas horas sacerdotales, pero sabedores de que Alguien las lleva en cuenta.
En el marco de esas experiencias no me resisto a recordar a “san” José Ángel López de Lacalle con quien alguna vez me confesé en la sacristía y tras darme la bendición me daba un abrazo que es lo más parecido que he sentido yo en mi vida al Abrazo del Padre. Pues al igual que este santo sacerdote conozco muchos otros de mi diócesis y de otras que hace tiempo dejaron el confesionario cogiendo polvo y se metieron en el bolsillo en escuchatonario.
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