Serie 3 de marzo 50 años. La Cárcel de Zamora
La única cárcel para curas de la Historia en el mundo estuvo en España durante el franquismo
Serie 3 de marzo 50 años. La Cárcel de Zamora
El Concordato de la Iglesia Católica con el Estado Español en tiempos del franquismo recogía un tratamiento penal exclusivo para el clero. Ello llevó a convertir la cárcel de Zamora en la cárcel de los curas. Curas fundamentalmente vascos, aunque por aquellas celdas pasaron también madrileños, catalanes y segovianos. Y entre los vascos particularmente el clero vizcaíno.
También algunos conventos ejercieron la función de prisiones para sacerdotes y frailes, a quienes se les recluía en los mismos para separarlos de la vida activa y limitarles sus actividades a la oración, el estudio y la lectura.
Estos son los datos que sobre esa cárcel de Zamora recoge Josu Alday en los dos tomos que se editaron de un proyecto de trilogía inacabada: “Crónica, la voz del clero vasco en defensa de su pueblo”.
El concordato firmado entre España y el Vaticano en 1953 acordaba que un sacerdote no podía ser juzgado por un tribunal civil sin el permiso de la autoridad eclesiástica. De la misma manera, tampoco podían cumplir condena con el resto de la población reclusa, sino que serían recluidos en un convento o dependencia religiosa o, al menos, en localizaciones distintas en las que se encontrasen los reclusos laicos.
Es de señalar que, posiblemente, esta haya sido la única cárcel para curas en el mundo.
La cárcel para sacerdotes en Zamora se inaugura en el mes de agosto de 1968 con el ingreso como primer inquilino de Alberto Gabicagogeascoa, coadjutor de Ibárruri, una localidad vizcaína. Ingresa para cumplir una condena dictada por el TOP (Tribunal de Orden Público). Se da la circunstancia de que este sacerdote había comenzado su condena en el monasterio de Dueñas, pero precisamente a pesar de que existía la mencionada posibilidad de ser recluidos en una casa eclesiástica, no era fácil que esto se produjera realmente pues, si se trataba de un convento en algunos no estaban dispuestos a acoger reclusos antifranquistas y, si no lo era, sus miembros podían confraternizar con los presos. Es por este motivo por el que se decide crear una prisión exclusivamente destinada a sacerdotes: la cárcel concordataria de Zamora.
En el verano de 1968 “ingresaron varios sacerdotes vascos de las diócesis de Bilbao y San Sebastián, junto con algún religioso como el franciscano Felipe Izaguirre.
A lo largo de 1969 una nueva remesa de sacerdotes vascos llegó a Zamora, unos acusados de colaboracionismo con terroristas, por hacer huelga de hambre en el obispado de Bilbao, y dos que serían juzgados posteriormente en el conocido como “Proceso de Burgos; Julen Kalzada y Jon Etxabe. Así mismo ese año ingresaron cuatro sacerdotes catalanes, dos seculares, un jesuíta y un escolapio.
En 1970 es trasladado a Zamora por petición propia el párroco de la Montaña de Moratalaz, Mariano Gamo condenado por el TOP a tres años y 10 mil pesetas de multa. En junio de ese mismo año ingresaban nueve sacerdotes más de la diócesis de Bilbao que son llevados allí a causa de un sermón. Estuvieron escasamente tres semanas y entre ellos había un venerable anciano que murió al poco de ser excarcelado.
En 1971 ingresa Vicente Couce, de la parroquia de Santa María de Ferrol. Así mismo conocerán la cárcel de Zamora el asturiano Carlos García Huelga, párroco de Barreda y minero.
Algunos repitieron estancia como Paco García Salve quien se declaró en huelga y fue trasladado a Madrid.
En 1971 el indulto MATESA logró la libertad de cuatro de los sacerdotes reclusos en Zamora.
Durante 1972 siguen ingresando sacerdotes como el coadjutor de Valmaseda y el coadjutor de Amorebieta.
“En total cerca de cien estancias carcelarias distintas correspondientes a otras tantas causas judiciales o gubernativas”hicieron desfilar por la cárcel de Zamora a sacerdotes durante los años 1968 al 1976. Aunque no fue el único centro penitenciario que acogió sacerdotes, también los hubo en Basauri o Carabanchel.
Por número de sacerdotes la mayoría procedían de Vizcaya, después ,y a bastante distancia, Cataluña, Galicia, Madrid y Asturias.
El hecho de que fuese una cárcel para curas no supuso unas condiciones “de lujo” para sus inquilinos, casi al contrario se podría decir por los datos que los mismos presos llegaron a dar.
La cárcel estaba emplazada en el kilómetro 2 de la carretera de Almaraz y carecía de las condiciones más elementales para su habitabilidad:
En seis meses no da el sol. El único espacio libre es un patio de 22 x 11 metros. El frío debía ser insoportable, apenas había diferencia de temperatura con el exterior. Los espacios eran un comedor con fregadero, un estudio pequeño con un pequeño almacén de libros, un dormitorio común con sus servicios, y la habitación de duchas abiertas sin privacidad alguna. Solo disponían de un único retrete con lo que podía suponer incomodidad para una población de reclusos que llegó a albergar a 27 clérigos al mismo tiempo.
El régimen carcelario.
A la censura del correo y de las visitas había que sumar todo lo que entraba de lectura, y los paquetes que enviaban las familias.
Los sacerdotes encarcelados siempre denunciaron su régimen “especial” y su deseo de compartir suerte con los presos comunes y políticos, con la gente por la que se habían jugado el pellejo, por quienes habían dedicado sus homilías reivindicativas y de denuncia.
En el siguiente enlace se pueden encontrar más datos curiosos e interesantes de la prisión de curas de Zamora, como los intentos de fuga y los motines de protesta protagonizados por los sacerdotes que eran castigados con días y semanas en las celdas de aislamiento.
Aunque el clero no se posicionó mayoritariamente en contra del régimen franquista, sí que hubo sacerdotes que lo hicieron en contra de la represión, las torturas y los asesinatos. El régimen reaccionó ante ese clero, muy vinculado con los movimientos sociales y el sindicalismo, que, contestatario, disidente, combativo y rebelde, denunciaba en los púlpitos la violenta represión franquista.
Muchos de esos “curas rojos” eran abertzales, aunque también había comunistas gallegos, catalanes, madrileños y aragoneses, como Francisco García- Salve, militante del PCE y Comisiones Obreras.
Como ya he comentado, Alberto Gabikagogeaskoa fue el primer sacerdote recluido, en julio de 1968, en este pabellón de la cárcel provincial. ¿Su delito? Pronunciar una homilía subversiva por la que fue juzgado por propaganda ilegal. En este sermón el cura denunciaba que en las cárceles del País Vasco se torturaba a los presos. El Tribunal de Orden Público lo condenó a seis meses de cárcel y una multa de 10.000 pesetas.
A Gabikagogeaskoa le seguiría monseñor Olaechea, quien, en una homilía titulada “Ni una gota más de sangre de venganza”, pidió el perdón para el enemigo: “ No más sangre que la que quiere Dios que se vierta, intercesora, en los campos de batalla, para salvar a nuestra Patria”.
Primero llegaron las multas, que en algún caso multiplicaban por cien el sueldo del clérigo y, tras negarse a pagar, comienzan los internamientos en prisión.
El cura Periko Solabarria (Portugalete) acabó en prisión por tres homilías “subversivas”; los “curas obreros” Felipe Izaguirre y Zulaika también fueron juzgados por sus misas; los clérigos Lukas Dorronsoro y Mikel Zuazabeitia dan con sus huesos en la cárcel por participar en una manifestación de trabajadores. Juan Mari Arregui ocupa dos veces el Obispado de Bilbao y se encierra en el seminario de Derio junto a cuarenta compañeros. Su intención era forzar al obispo a denunciar la arbitrariedad con la que se decretaba el estado de excepción en Bizkaia y Gipuzkoa. Sus manifiestos propagandísticos eran emitidos por Radio París- que se hacía eco de sus denuncias contra la tortura, la represión policial, las detenciones y la situación del pueblo. Fueron juzgados en Burgos y condenados por rebelión militar a penas de entre diez y doce años de cárcel. Se imponía la ley de bandidaje y terrorismo.
Las condiciones que los eclesiásticos se encontraron en la cárcel de Zamora no fueron especialmente acogedoras. Los inviernos eran tan fríos que las tuberías acababan congeladas, y los veranos eran muy calurosos. Además, la comida era escasa y de mala calidad; las únicas lecturas de las que se disponían eran El diario de Zamora y el Marca, previamente censurados. Las visitas se hacían a gritos, a través de una doble malla con la presencia de un vigilante que podía oír las conversaciones; la correspondencia estaba limitada a una carta por semana y no se podían tocar temas sociales o políticos. Las cartas que se recibían pasaban por censura previa.
La situación llegó al punto de que diez sacerdotes planearon su huida de la cárcel construyendo un túnel de 16 metros, con sus manos y cucharas como únicas herramientas. Después de seis meses cavando y cuando habían programado la fuga para tres días más tarde, fueron descubiertos por los vigilantes. Con ocasión de una entrevista al sacerdote preso Nicanor Acosta (año 2021) éste rebelaría que – según su testimonio- fue Santiago Carrillo quien dio el chivatazo a la policía del intento de fuga de los sacerdotes. Asegura que, al salir de la cárcel varias semanas antes del día previsto para la fuga, pidió ayuda al Partido Comunista para dar cobertura desde fuera. Sin embargo, la Policía franquista se enteró y echó abajo el túnel. “Muchos años más tarde, en una presentación de un libro, fue el mismo Carrillo quien me dijo que había sido él quien había dado el aviso a la Policía”, relata Nicanor pensando que lo hizo por ganarse el favor de parte del régimen y “favorecer más tarde la legalización del PCE”.
Pero sería el 6 de noviembre de 1973 cuando la situación en el Penal llegara a un momento tenso, que se resolvió con seis sacerdotes levantándose contra la cárcel y protagonizando un motín que culminó con un altar en llamas en plena cárcel destinada a curas. La revuelta concluyó con una condena de 120 días en una celda de castigo.
Tras varias protestas, huelgas de hambre y lucha de los propios presos y de colectivos religiosos en el exterior la cárcel concordataria desapareció en 1976. Poco después también lo hizo el privilegio del fuero, que impedía procesar a miembros del clero sin el consentimiento episcopal.
Por ofrecer algunos datos locales sobre esta persecución que sufrió el clero en Vitoria recupero los recuerdos del monje benedictino de Estíbaliz Emiliano Ozaeta, quien pisaría los calabozos de la Dirección General de Seguridad en tres ocasiones. La primera en 1970, siendo Gobernador Civil de Álava Felipe de Ugarte Lambert de Sainte-Croix. Esta circunstancias precisamente fue la que le permitió a Ozaeta pasar solo unas horas en el calabozo gracias a la intervención de su tía que era amiga íntima de la esposa del Gobernador. Recuerda el detalle de que la esposa del Gobernador y sus padres eran públicamente republicanos.
La segunda ocasión fue con motivo de una redada en la que fueron apresados El P. Isidro Bastarrica y Emiliano Ozaeta entre los benedictinos, Antonio Armentia, Ciriaco Molinuevo y Antonio Quilchano, sacerdotes diocesanos y un jesuíta. Los seis fueron llevados a los calabozos y los separaron en dos celdas: en una el P. Bastarrica, Ozaeta y Antonio Quilchano; en la otra el resto que tuvieron menos suerte ya que ellos sí fueron objeto de palizas, según recuerda Emiliano.
La tercera fue poco antes de la muerte de Franco. Al parecer Arias Navarro Miranda dio la orden de detener a todos los sacerdotes y religiosos que ya habían sido detenidos anteriormente. La fecha de ingreso en prisión estaba prevista para el 20 de noviembre de 1975. La muerte de Franco supuso la anulación de esa orden y el “indulto” de sus acusaciones. En aquella ocasión contaron con el abogado José Ángel Cuerda Montoya, quien pocos años después sería el primer alcalde de la democracia, y hasta ahora el más popular y carismático de los que ha tenido la ciudad.
Muchos de los sacerdotes encarcelados por motivos políticos colgaron la sotana después de estos hechos. Cuarenta años después de aquel motín carcelario, en 2013, 16 de los sacerdotes que sufrieron la represión y la tortura decidieron sumarse a la querella argentina por los crímenes del franquismo que instruye la jueza María Servini de Cubría. Y aquí es donde se cruzan las historias de la Cárcel de Zamora con el 3 de marzo del que recordamos su 50 aniversario.
NOTA: La vida, la historia, los testimonios de estos “curas rojos” fue excelentemente narrada en la película documental de los directores vascos Ritxi Lizartza, Oier Aranzabal y David Pallarés, titulada “Apaiz Kartzela / la cárcel de curas”, año 2021.
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