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Hace 50 años se publicó El Gen Egoísta, de Richard Dawkins ¿Qué queda de aquella revolución?

Ciencia y religión ¿Son incompatibles? ¿Son posibles los puentes entre ellos?… ¿Qué queda del materialismo científico de Dawkins medio siglo más tarde?

Richard Dawkins

“Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células” R. Dawkins, El Gen Egoísta

Hace medio siglo, en 1976, se publica la primera edición inglesa de El Gen Egoísta de Richard Dawkins (1941-  ). En su momento, supuso una revolución cultural en muchos ambientes, debido a su apología del materialismo ateo y del cientificismo. Pero ¿qué queda de El Gen Egoísta? ¿Qué propuestas han pasado a la comunidad científica?

¿Quién es Richard Dawkins?

Clinton Richard Dawkins (Nairobi, Kenia, 26 de marzo de 1941) es un biólogo de la evolución, etólogo y zoólogo y divulgador científico británico. Fue el primer titular de la cátedra Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia en la Universidad de Oxford desde 1995 hasta 2008. Como divulgador científico ha publicado muchos libros que han tenido muchas traducciones. 

Como vemos en este trabajo, Dawkins es autor de El gen egoísta (The Selfish Gene), obra publicada en 1976, que popularizó una visión evolutiva según la cual son los genes (ni organismos, ni especies) los que estimulan la evolución. En El gen egoísta Dawkins introdujo los términos meme y memética. 

En su libro El espejismo de Dios, - publicado en 2006, hace 20 años - Dawkins sostiene que es casi una certidumbre la no existencia de un creador sobrenatural y que la creencia en un Dios personal podría calificarse como un delirio, como una persistente falsa creencia. Dawkins se muestra de acuerdo con la observación hecha por Robert M. Pirsig de que «cuando una persona sufre de un delirio se llama locura. Cuando muchas personas sufren de un delirio se llama religión». Hasta enero de 2023, El espejismo de Dios había vendido más de tres millones de ejemplares y había sido traducido a más de treinta idiomas.

Máquinas de supervivencia (El Gen Egoísta, 1976)

“Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células”. Así de rotundo es el comienzo del libro en el que el etólogo Richard Dawkins popularizó la teoría de que los genes son las verdaderas «unidades» centrales de la evolución, en vez de los individuos como los animales o las plantas. De esto hace ya casi cincuenta años, pues el libro El Gen Egoísta, se publicó en 1976. 

Según Dawkins, los genes primigenios nos crearon a las personas y los animales, quienes somos en realidad meras «máquinas de transmisión». Como máquinas podemos funcionar mejor o peor en nuestro entorno y de este modo continuar la cadena (garantizar la supervivencia y reproducción de los genes) a lo largo del tiempo, o perecer en una selección evolutiva. 

En su momento fue una forma de ver las cosas al revés sobre muchas ideas tradicionales sobre la evolución centrada en los individuos o las especies (por no hablar respecto a las ideas religiosas al respecto), pero actualmente hay cierto consenso en la comunidad científica sobre que esta idea es la que probablemente más se acerca a la realidad.

Cientificismo y teísmo: dos visiones del mundo

Con este título publicaba en la revista digital FronterasCTR en 2020 un artículo que tuvo en su momento cierta notoriedad referente al aparente conflicto entre la ciencia y la religión, entre la razón y la fe, entre las construcciones racionales y las experiencias espirituales. Algunos autores defienden que el problema de fondo que subyace a estos conflictos es el de la colisión (para algunos irremediable e irresoluble) entre dos visiones del mundo, dos cosmovisiones aparentemente excluyentes, dos paradigmas (Kuhn), dos programas de investigación (en el sentido de Lakatos): el del cientificismo y el del teísmo. ¿Son incompatibles? ¿Son posibles los puentes entre ellos? ¿Es posible el encuentro o al menos el diálogo?

La mayor parte de los artículos y de las reflexiones que aparecen en los medios de comunicación sobre ciencia y religión se centran en estos dos conceptos de un modo general como dos visiones del mundo. Con el título Ciencia y Religión, Dos Visiones del Mundo, Agustín Udías Vallina, jesuita y catedrático de geofísica en la Universidad Complutense de Madrid, publicó hace ya una década un libro (Santander: Sal Terrae, 2010) sobre las relaciones entre ciencia y religión.

Cientificismo y teísmo

Este es hoy en día un problema candente que tiene una gran tradición en la cultura anglosajona y está despertando un gran interés en nuestro país. Muchas preguntas están en el ambiente a las que no siempre se dan las respuestas correctas ¿Son ciencia y religión incompatibles y opuestas? ¿Ha perseguido la Iglesia a los científicos? ¿Murió Galileo en la hoguera condenado por la Inquisición? ¿Han condenado los papas la teoría de la evolución? ¿Son la mayoría de los científicos materialistas y ateos?

Este es el contexto social desde el que debemos leer el impacto, 50 años más tarde, de El Gen Egoísta (1976) de Richard Dawkins

El difícil encuentro entre ciencia y religión

Muchas afirmaciones negativas sobre la relación entre ciencia y religión se siguen repitiendo hoy, a veces, con enconada virulencia y algunos ven en la religión un virus maligno que se opone al progreso de la ciencia. 

El tema necesita de una reflexión seria y serena que examine la relación entre ciencia y religión como formas de conocimiento y fenómenos sociales, y cómo ha sido esta relación a lo largo de la historia, en especial, en relación con el cristianismo. Este es el enfoque de este nuevo libro.

Nadie puede hoy dudar que la ciencia y la religión son, sin lugar a dudas, las dos grandes visiones sobre el mundo. Aunque hay otras visiones, como la artística, estas dos tienen una extensión y fuerza que las sitúan como las dos más importantes maneras de mirar al mundo. 

En general, podemos decir que la ciencia trata de comprender la naturaleza del mundo material que nos rodea, cómo ha llegado a ser, cómo lo conocemos y qué leyes lo rigen. 

La visión religiosa del mundo

La religión, como elemento integrante de nuestro sistema de creencias, por otro lado, trata de lo que transciende el mundo material y pone al hombre en contacto con lo que está más allá, lo numinoso, lo misterioso, en una palabra, con el misterio de Dios y su relación con el hombre y el universo. Este es el enfoque que toma el autor y trata de analizar ambas visiones y establecer cuáles pueden ser las relaciones que hay entre ellas.

Pero el problema de fondo es este: qué es lo que entendemos por ciencia como visión del mundo y qué es lo que entendemos por religión como visión del mundo. En función de las respuestas a estas cuestiones, se puede inferir si entre ellas hay conflicto, desacuerdo, diálogo, encuentro y si es posible la integración interdisciplinar en un sistema común. Pero ambos conceptos son ambiguos y por ello es necesario matizar qué es lo que queremos decir con ciencia y religión.

Cientifismo | v

¿De qué ciencia estamos hablando?

La literatura sobre las relaciones entre ciencia y religión muestra que los llamados “nuevos ateos” (como Richard Dawkins) mantienen una visión del mundo científica y religiosa muy peculiar. Por ello, en este artículo postulamos que tal vez para que los términos sean más claros la interacción entre la visión del mundo de la ciencia y la visión del mundo de la religión hoy, se puede clarificar más si suponemos que el posible conflicto se establece entre la visión del mundo de cientificismo y la visión del mundo de teísmo.

No se trata, por tanto, de un conflicto entre dos instituciones (la científica y la de las tradiciones religiosas) sino entre dos modos de entender la realidad, dos posturas fuertemente impregnadas de ideologías aparentemente contrapuestas: la de los que creen que solo podemos conocer lo que es accesible al método científico y la de los que creen que podemos acceder desde otras experiencias no experimentales a un mundo que algunos llaman “sobrenatural” en el que Dios ocupa un espacio dominante.

Sólo desde esta perspectiva es comprensible este texto: “La idea de que cada nuevo avance científico es un clavo más en el ataúd de Dios está muy extendida entre el público”, escribe el matemático de Oxford y profesor de Fe y Ciencia John C. Lennox en capítulo 1º de su libro ¿Ha enterrado la ciencia a Dios?

Esta postura, fuertemente ideologizada, la promueven, entre otros, algunos científicos como Peter Atkins, catedrático de Química en Oxford. Para Atkins “la humanidad debe aceptar que la ciencia ha abolido cualquier motivo para creer en un propósito cósmico; cualquier rescoldo de esa idea de propósito se inspira solo en sentimientos (“Will science ever fail?” New Scientist, 8 de agosto de 1992, páginas 32-35).

La fe en Dios pues, se reduce de un plumazo no sólo a un sentimiento, sino también a un sentimiento opuesto a la ciencia. El profesor Richard Dawkins, biólogo, miembro de la Royal Society y activista antirreligioso, da un paso más adelante. Según escribe en la revista The Humanist (enero/febrero de 1997, pág. 26-39), la fe en Dios es un mal a eliminar: “La fe es uno de los grandes males del mundo, comparable al virus de la viruela, pero más difícil de erradicar” (“Is science a religion?”).

Opiniones como estas se sitúan al extremo del espectro de la incredulidad y sería erróneo considerarlas típicas, siquiera del ateísmo. Sin embargo, reciben enorme atención pública y pueden servirnos para enfocar las cuestiones principales del debate entre ciencia y religión (o como comienza a decirse, entre cientificismo contra teísmo)

La cosmovisión del cientificismo de Richard Dawkins

El cientificismo o cientifismo  -tal como lo expresa Dawkins - es la postura que afirma la aplicabilidad universal del método y el enfoque científico, y la idea de que la ciencia empírica constituye la cosmovisión más acreditada o la parte más valiosa del conocimiento humano, con la exclusión de otros puntos de vista.

Se ha definido como “la postura de que los métodos inductivos característicos de las ciencias naturales son la única fuente genuina y factual de conocimiento y que, en concreto, solo ellos pueden producir conocimiento auténtico sobre el hombre y la sociedad”.

El término cientificismo a menudo implica una crítica de la forma más extrema del positivismo lógico y se ha usado por científicos sociales como Friedrich Hayek, filósofos de la ciencia como Karl Popper, y filósofos como Hilary Putnam y Tzvetan Todorov para describir un apoyo dogmático al método científico y la reducción de todo el conocimiento a todo lo que es medible. También se ha usado para la postura de que la ciencia es la única fuente confiable de conocimiento por filósofos como Alexander Rosenberg.

Gen

La crítica al cientificismo de Richard Dawkins como filosofía reduccionista

Historiadores, filósofos y críticos culturales lo han usado para destacar los posibles peligros de caer hacia un reduccionismo excesivo en todos los campos del saber humano.  

Para teóricos sociales de la tradición de Max Weber, tales como Jürgen Habermas y Max Horkheimer, el concepto inglés de scientism se relaciona significativamente con la filosofía del positivismo, pero también con la racionalización de la sociedad occidental moderna.  

La escritora británica y feminista Sara Maitland ha llamado al cientifismo como un “mito tan pernicioso como cualquier otra clase de fundamentalismo”.

La principal crítica realizada en contra del uso del término “cientificismo” es su utilización por parte de los partidarios de las pseudociencias y la religión como escudo, no frente al cientificismo, sino frente a aquellos argumentos científicos y desarrollos teóricos que les resultan incómodos y contradicen sus creencias y dogmas.

Desde una perspectiva religiosa se ha tratado de descalificar por autores como Daniel Dennett, Francis Crick o Wolpert. los intentos de explicar, como si fueran fenómenos naturales, algunos temas como son la biología evolutiva, algunos fenómenos como la moralidad o el impulso religioso 

El filósofo estadounidense Daniel Dennett respondió a la críticas de su libro Breaking the Spell: Religion as a Natural Phenomenon [Romper el hechizo, la Religión como fenómeno natural] afirmando que «cuando alguien postula una teoría científica que a los críticos religiosos les desagrada, tratan de desacreditarla simplemente tachándola de “cientificista”».

El cientificismo como ideología justificadora, es hoy una en muchos ambientes una especie de religión secular. Los tecnólogos, los tecnócratas y los expertos son los sacerdotes de esta nueva religión. Organizada jerárquicamente esta Iglesia universal está profundamente relacionada con el poder político, militar y económico. 

El gen egoísta

Richard Dawkins y su cruzada mediática contra su particular idea de lo que es “Dios”

Dawkins ha dedicado gran parte de su vida, desde El Gen Egoísta, a organizar su particular cruzada mediática contra Dios. Pero se trata de la idea peculiar que Dawkins sostiene de lo que es Dios. Desde este punto de vista, quien esto escribe también participaría en una cruzada mediática sobre la peculiar idea de Dios que mantiene Richard Dawkins.

Personalmente, el autor de este texto, se declara ateo de ese Dios contra el que lucha Dawkins que es una imagen caricaturesca y deformada de lo que él piensa que es el Dios del cristianismo. Por eso, hace unos años la revista Concilium tocaba este tema con agudeza: “Ateos, ¿de qué Dios?”

Una de las cosas que parecen haber alimentado la hostilidad de Richard Dawkins hacia la fe el Dios cristiano es su convicción de que, “mientras que la fe científica se basa en la evidencia comprobable públicamente, la fe religiosa no sólo carece de evidencia, sino que además presume de su independencia de la evidencia y la proclama a los cuatro vientos” (Daily Telegraph Science, extra, 11 de septiembre de 1989)

Richard Dawkins y Peter Atkins, contra Dios

Puede ser que Dawkins acierte en cuanto a la dificultad de erradicar (un término con connotaciones ominosamente totalitarias) la fe cristiana: sigue habiendo eminentes científicos que se manifiestan como creyentes en el Dios cristiano, como por ejemplo Francis Collins – que ha sido galardonado en 2020 con el Premio Templeton y que ha sido director del Proyecto Genoma Humano – o el profesor William D. Phillips, premio Nobel de Física en 1998.

Cualesquiera que sean sus razones, científicos como Peter Atkins y Richard Dawkins manifiestan en sus escritos y en sus conferencias que han declarado la guerra a Dios en nombre de la ciencia. O aún sería más acertado decir que están seguros no ya de que la ciencia esté en guerra con Dios, sino de que la guerra ha terminado con victoria aplastante de la ciencia. 

El mundo sólo necesita que se le informe de que, haciéndose eco de las palabras de Nietzsche, Dios ha muerto y la ciencia lo ha enterrado.

En palabras de Peter Atkins: “Ciencia y religión son irreconciliables, la humanidad debe aceptar la potestad de su criatura y rechazar todo intento de acuerdo. La religión ha fracasado, y hay que sacar sus errores a la luz. La ciencia, con su suficiencia en todas las áreas del conocimiento, es el supremo deleite del intelecto y debe ser reconocida como soberana” (Nature´s Imagination. Editorial John Cornwell, Oxford University Press, 1955). El tono es de lo más triunfalista. La cuestión es si está justificado.

¿Está la ciencia en conflicto con Dios?

Ahora bien. El que algunos científicos estén en guerra contra Dios no equivale a decir que la ciencia esté en conflicto con Dios. Por ejemplo, hay músicos que son ateos militantes, pero eso no quiere decir que la música esté en guerra contra Dios. Así pues, hay que recalcar que las declaraciones de los científicos no necesariamente son declaraciones científicas.

De hecho, pronunciamientos como los de Peter Atkins y Richard Dawkins antes citados no tienen por qué ser ciertos, aunque el prestigio de la ciencia es tal que suelen aceptarse sin rechistar. Pero no son afirmaciones científicas sino manifestaciones de una creencia personal.

Por supuesto, ello no implica que sean falsas. Pero sí que no hay que aceptarlas como ciencia que goza de autoridad. Por tanto, hay que determinar a qué categoría pertenecen y, más importante aún, si son o no ciertas.

Alegoría de los cuatro elementos. Louis Finson, 1611

El verdadero conflicto: cientificismo contra teísmo

Autores cualificados, como John Hedley Brooke (2016), doctor en Ciencias Naturales por la Universidad de Cambridge y profesor honorario de Historia de la Ciencia de la Universidad de Lancaster, ha mostrado que las relaciones entre la ciencia y la religión no han sido históricamente tan conflictivas como algunos autores nos han querido hacer ver.

En la extensa y ya clásica obra de Brooke Ciencia y religión: perspectivas históricas, – como historiador de la ciencia que es-, se muestran las complejidades y sutilezas de los intrincados vericuetos por los que ha discurrido la ciencia europea de los siglos XVI al XIX. 

Es por ello que aboga, como ha hecho en otras publicaciones, por lo que se denomina un modelo de «complejidad» que reconozca que no todo ha sido paz o guerra entre ciencia y cristianismo, y que tampoco podemos en Occidente mirarnos tanto en el espejo, ignorando las contribuciones de otras culturas y religiones. Es conveniente dejar a la historia desvelar la complejidad de la vida real y resistir la tentación de convertirla en un instrumento apologético.

Como dice en la introducción: «La investigación seria en la historia de la ciencia ha puesto de manifiesto una relación tan extraordinariamente variada y compleja entre ciencia y religión en el pasado que resulta difícil sostener tesis generales. La complejidad es la verdadera lección que se impone».

Dando un paso más, Brooke se plantea los propios términos que se utilizan para analizar las relaciones ciencia y religión. ¿Cómo debemos definir «ciencia»? ¿Cómo definir «religión»? Son cuestiones importantes, ya que la definición de estos términos puede viciar de principio la conclusión a la que lleguemos sobre su relación. Es más, pensar que la ciencia y la religión pueden considerarse aisladas de sus contextos históricos es muy ingenuo. La historia de Galileo, por ejemplo, muestra la importancia del contexto político.

Tanto la introducción como el capítulo primero se centran en exponer en detalle estas consideraciones generales y de tipo metodológico. Los siete siguientes capítulos y el epílogo van mostrando las consecuencias de aplicar ese enfoque bajo la potente lupa histórica utilizada por Brooke para diseccionar las relaciones entre ciencia y cristianismo entre los siglos XVII y XX.

Al final del capítulo primero Brooke resalta que tan erróneo es «reducir la relación entre ciencia y religión a una relación de conflicto» como «elaborar una historia revisionista por fines apologéticos». En una penetrante e inquietante observación añade que considerar a una determinada religión como la madre de la ciencia, no solamente es una forma de chauvinismo cultural, sino que es miope.

Y esto por dos razones: tanto porque como se ha observado la ciencia puede ser una «descendencia muy rebelde», como porque esa estrategia apologética podría fracasar a largo plazo si se extiende una visión crítica hacia la ciencia en la sociedad al asociarla con «la contaminación y las tecnologías explotadoras». Tras 25 años desde que se publicaran estas palabras por primera vez, el análisis no ha cambiado mucho, y aunque tal vez la mayor parte de la sociedad occidental retiene el entusiasmo por la ciencia, esa otra visión crítica sigue presente. Los cristianos y creyentes del futuro harán bien en seguir vigilantes.

Brooke desmonta algunos de los mitos más difundidos sobre el conflicto entre ciencia y religión. Estos mitos fueron extensamente difundidos por algunos libros muy leídos en el siglo XIX, como los de Draper y White.

Ciencia vs. religión

Conclusión: abrir las ventanas para que entre aire fresco

Las investigaciones sobre las relaciones entre ciencia y religión están llegando a una conclusión, que aún debemos trabajar más, tanto en la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión, como en la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA): hasta ahora se ha hablado mucho del conflicto entre ciencia y religión.

Pero, ¿está ahí el meollo de la cuestión que nos ocupa? Nos parece que no es tanto un combate entre ciencia y religión lo que se da en nuestra sociedad. 

No son las apretadas filas de científicos enfrentándose a huestes de creyentes lo que sociológicamente se ha dado en la historia de la ciencia, sino más bien la colisión de dos cosmovisiones, dos paradigmas, dos programas de investigación, dos culturas, dos modos de situarse ante la realidad aparentemente opuestas. 

El conflicto entre el cientificismo y el teísmo. Y además, es un conflicto a ambos lados del cual es posible encontrar a científicos junto a filósofos, creadores de pensamiento y redes sociales.

Pero ¿es inevitable e irresoluble este conflicto? Para algunos científicos creyentes (sobre todo anglosajones, como John C. Lennox, John F. Haught, Alvin Plantinga, y otros muchos cercanos a la Fundación Templeton) no cabe otra solución que la apologética combativa. Responder a los partidarios del cientificismo, enemigos de Dios, con las armas intelectuales de la apologética racional.

Lo que no está demasiado claro todavía en este debate es esto: qué se entiende por “cientificismo” y qué implicaciones tiene para la armonía entre ciencia y religión. Incluso por nuestra parte hemos postulado la posibilidad de un naturalismo metodológico religioso, aunque parezca una contradicción. Todo depende de qué es lo que se entiende por “cientificismo”, por “materialismo” y por “naturalismo”.

En otros artículos iremos desplegando en amplio campo de este aparente conflicto entre ciencia y religión, y exploraremos los caminos que lleven a un posible diálogo y a la posibilidad de tender puentes entre la visión del mundo cientificista y la visión del mundo teísta.

Ciencia y religión

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