María 2.0: "¿A qué catedral o parroquia le reservamos su primer titular en RD?" Monseñor y 'Monseñora'

María 2.0
María 2.0

"Recientes nombramientos del papa Francisco, y otras noticias germanas, me instan a asomarme al diccionario de la RAE, del que soy devoto, y que en esta ocasión me adoctrina con la definición de 'Monseñor'"

"Apenas si hay otra institución como la eclesiástica en la que se registren tantos eminentísimos títulos 'per cápita', en cuyo listado, el de 'monseñor' apenas si tiene relieve, colorido y aprecio..."

"La mujer no aspira a ser 'monseñora' en la Iglesia. Pero, por mujer, es decir, por persona, no puede aceptar ser marginada"

"Las concesiones 'franciscanas' que se registran no están resolviendo el problema, pese a las buenas intenciones, gestos y adoctrinamientos pontificios"

"¿En cuantos atrios de catedrales y templos parroquiales de España facilitarán sus obispos y curas, colocar el listado de las tesis pro feministas redactadas recientemente en Alemania?"

Recientes nombramientos del papa Francisco, y otras noticias germanas, me instan a asomarme al diccionario de la RAE, del que soy devoto, y que en esta ocasión me adoctrina con la definición de “Monseñor”, de esta manera: “m.( es decir, masculino,) ”título de honor que concede el papa a determinados eclesiásticos. Título que se da a los prelados. En Francia, este título se concedía en propiedad al delfín y, por extensión o cortesía, a otros sujetos de alta dignidad, como duques, pares, o presidentes de consejos…”.

Que a estas alturas de la vida, la palabra “monseñorear”, con cuanto significa y lleva consigo académicamente, carezca de género femenino y solo sea aplicada varonilmente, me parece una sinrazón y una falta de lesa humanidad. Doy por supuesto que , al haberse registrado tal acaparamiento también y de modo eminente y casi-dogmático, en la Iglesia , sobre todo curial, la sinrazón es pecado grave o mortrl, depende de terminologías y de escuelas teológicas.

Si la Iglesia no “pasa” de honores o de títulos, y ellos forman parte de la liturgia de la vida ,y si además se ejercen y en los mismos se ejercitan sus poseedores con sus “¡ordeno y mando¡”, mitras, báculos, “Nos”, y “por la gracia de Dios”, a la reforma patrocinada por el papa Francisco le faltan por recorrer largos, sudorosos y trabajosos caminos... Apenas si hay otra institución como la eclesiástica en la que se registren tantos eminentísimos títulos “per cápita”, en cuyo listado, el de “monseñor” apenas si tiene relieve, colorido y aprecio.…

La mujer no aspira a ser “monseñora” en la Iglesia. Pero, por mujer, es decir, por persona, no puede aceptar ser marginada. Los mismos derechos, y consiguientes deberes, que el hombre-varón, habrán de cortejar a la mujer dentro de la Iglesia, de modo similar a como acontece ya fuera de ella.

Les dejamos a los “delfines, duques, pares o presidentes de consejos” franceses la posibilidad de “monseñorear” también en femenino... Pero de lo que no estamos dispuestos es a seguir consintiendo que se mantenga la absurda y anti-evangélica situación de sub-persona en la que la mujer es catalogada y tratada en la actualidad en el marco eclesiástico. Las concesiones “franciscanas” que se registran no están resolviendo el problema, pese a las buenas intenciones, gestos y adoctrinamientos pontificios. La Iglesia que no sea conciliar, “en salida”, sinodal y evangélicamente feminista, sin discriminación alguna, y dando fe de que lo del machismo y patriarcalismo es algo pasado, no será respuesta de salvación y de vida reclamada hoy ardorosamente por los nuevos tiempos.

En el contexto religioso –“irreligioso”- en el que vive la muer en la institución eclesiástica –“pecado y causa o origen del pecado”- resulta incomprensible que también organizaciones civiles del tipo que sean, no se hayan comprometido ya de alguna manera con campañas de adoctrinamiento por impedir que en la Iglesia se siga favoreciendo discriminación tan lamentable. La formación que se imparte y practica en los colegios “religiosos”, prédicas, homilías y actos y determinaciones litúrgicas y canónicas, en relación con la mujer, con aportaciones seudo-bíblicas y seudo-teológicas, demanda revisión profunda y hasta sus últimas consecuencias.

En la esfera también civil deberían haberse ya registrado gestiones que impidieran que la misión de la mujer, por mujer, de “acolitear” en la Iglesia, sea la misma y la única a realizar en la familia, en el trabajo y en la sociedad en general: serviciaria y “acólita”, y así y solo así, “por los siglos de los siglos”.

¿En cuantos atrios de catedrales y templos parroquiales de España facilitarán sus obispos y curas, colocar el listado de las tesis pro feministas redactadas recientemente en Alemania? ¿A qué catedral o parroquia le reservamos su primer titular en RD?

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