"¿Prensa católica? Seguimos comulgando con Trento, con el Vaticano I y con las 'Decretales'” Antonio Aradillas: "Francisco es mejor percibido en medios 'profanos' que en la Cope o TRECE"

¿Prensa católica?
¿Prensa católica?

"Los medios de comunicación pertenecientes con carácter oficial al grupo de "prensa católica", no son hoy por hoy instrumentos y espacios ni de 'prensa' ni de 'católica'"

"Es en el ámbito eclesiástico en donde hoy se producen más casos de falta de 'libertad de prensa'. Los aborrecibles llamados 'Rituales de sumisión' prevalecen en la 'prensa católica', larga y litúrgicamente sobre los de 'ascética y mística'"

Es posible que la sola inserción de los signos ortográficos de interrogación (¿?) en el titular de esta reflexión, les resulte ofensiva a algunos. En proporciones similares es también posible que a otros tal inserción les parezca temeraria, y aún carente de la audacia que reclaman los tiempos en feliz disponibilidad de la Iglesia “en salida”. Desde diversas perspectivas la reflexión es de actualidad y urgencia. Y más si académicamente se parte de la base de que “prensa” hace referencia no solo “al conjunto de publicaciones periódicas y de personas que se dedican al periodismo”, sino a la “buena o mala prensa” -según- que se identifica con “fama, situación o estado de lo que es muy conocido y apreciado por sus cualidades o por sus defectos”

Acerca de la prensa-prensa llamada –bautizada- de “católica”, hay mucho que reflexionar, con humildad, con sinceridad, con estadísticas y además, y sobre todo, con los valores expuestos y vividos por Jesús en los versículos y episodios de los santos evangelios.

Comenzando por el principio, que siempre es y será, garantía de acierto, a la definición de “prensa” le acompañará de por vida y testimonialmente el concepto de “libertad”. Sin libertad, no hay prensa posible. La libertad –“condición o situación de que no se es esclavo o no se está sometido”, le confiere su sagrada razón de ser a la prensa y más a la que se considere, o se diga de ella, que es “prensa católica”.

“Prensa” y “católica” son términos difíciles de coordinar, de vivir y de practicar en la Iglesia. Los primeros en experimentarlo son sus profesionales, aunque no sean pocas las razones que les asistan para reconocerlo, pero no para así predicarlo, y menos, “coram populo”, es decir, “en público”. Como en la Iglesia todo –casi todo- es y se nos presenta como dogmático, la prensa- prensa está de más por definición. No pasaría de ser otro “catecismo” o “calendario litúrgico”.

Pero, como acontece que lo católico, y en general, lo religioso, interesa hoy, y de modo singular, con constante y creciente número de lectores, de radio-oyentes y televidentes, precisamente por eso es de lamentar aún más que en el planteamiento de la relación prensa- católica e Iglesia, se registren tantas y tan graves discusiones y faltas de acuerdo, hasta haberse llegado a considerar y adjetivar a la prensa, ensambenitándola con el hábito de “impía y blasfema” de las últimas témporas.

Los medios de comunicación pertenecientes con carácter oficial al grupo de “prensa católica” – Conferencia Episcopal Española_ (CEE) en sus ramificaciones diocesanas, aún parroquiales y determinadas asociaciones y movimientos “religiosos”-, no son hoy por hoy instrumentos y espacios ni de “prensa” ni de “católica”. Nutrir la educación en la fe con las programaciones de la Cope, de la TV.TRECE, de las hojas parroquiales o diocesanas …constituiría una infeliz, ineficaz e inoperante aspiración poco o nada religiosa.

A la Cope, por poner un ejemplo, acuden todos los días y a todas horas, los más acérrimos y leales devotos del fútbol. A la TRECE, lo hacen los afiliados a las funciones solemnes en las que lucen, o deslucen, las mitras pontificales y los ricos y ostentosos ornamentos sagrados especialmente en las “entronizaciones” o “tomas de posesión” de los obispos o arzobispos respectivos, y en la apertura de las puertas de los “Años Santos” que pueblan, y poblarán, con generosidad no pocos días de los calendarios en versiones nacionales, autonómicas y locales.

La voz y los gestos del papa Francisco los perciben los cristianos con tanta o mayor profusión, pedagogía y sentido docente en los medios de comunicación “profanos”, que en los arropados con financiaciones de la CEE, de las arcas diocesanas o de las “colectas de las misas dominicales y fiestas de guardar”.

Es y será de muy dudosa procedencia como “prensa” y como “católica”, la que en la diversidad de sus medios no se haga eco de cuantos problemas ético-morales viven hoy los seres humanos a la espera de respuestas y de soluciones intensamente religiosas. Lo que no establezcan los cánones y el espíritu de los concilios celebrados antes del Vaticano II, no puede ser siquiera citable por los afiliados a la “prensa católica” de toda la vida, que han de seguir comulgando con Trento, con el Vaticano I y con las “Decretales” de la incombustible Curia Romana a cuyos miembros les ha dedicado el papa Francisco merecidos e inmisericordes dicterios.

Hoy, todavía en pleno contexto y vigencia de la “prensa católica”, no son publicables noticias que no favorezcan, o que empañen de alguna manera, la faz de la Iglesia llamada “tradicional”, por desfavorables, graves y gruesas que sean. Quienes lo pretendan, serán condenados tanto en su vida profesional, como en la otra, sin exclusión de la “eterna”. Exactamente por eso, buenos periodistas comentaristas religiosos apenas si hay, mientras que sobreabundan los expertos en gastronomía, deportes, política, economía, futurología, mecánica, ciencias sociales… que honran y prestigian las páginas y espacios de comunicación financiados por la mismísima CEE.

Lamentándolo mucho, pero me siento obligado a referir que “prensa” y “católica” precisan un buen repaso conceptual, con revisión de vida y propósito firme de enmienda, por parte de los máximo responsables, y de los componentes de la grey de la Iglesia. Los primeros en agradecerlo serán los/las profesionales del ramo, entre los que se encuentran los más necesitados de libertad de todo el gremio. Insisto en que es en el ámbito eclesiástico en donde hoy se producen más casos de falta de libertad de prensa. Los aborrecibles llamados “Rituales de sumisión” prevalecen en la “prensa católica”, larga y litúrgicamente sobre los de “ascética y mística”

Confío y espero seguir dialogando sobre el tema, con comprensión y sin ira y solo por amor a la Iglesia. ¡Gracias!.

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