"A la festividad del 'Corpus Christi' le sobra 'Corpus' y le falta piedad" "¡Cantemos al Amor de los Amores…!"

Procesión Corpus Christi
Procesión Corpus Christi

"La festividad del 'Corpus' con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, 'custodias', inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa..."

"Si en la catequesis post-conciliar, 'franciscana' y 'de Iglesia en salida', los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del 'Corpus' y qué mención especial puede haber para ellos?

"¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y 'prestarle adoración a este Dios-Amor' que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?"

Además del “Tantum ego, sacramentum...” latino, de nuestros primeros amores litúrgicos, el “¡Cantemos al Amor de los Amores… y ¡Dios está aquí¡”, es a lo que hay que recurrir en los actos religiosos, con piedad, fervor, catequesis y entendimiento. Conste que este es el más conocido, cantado y aplicado, religiosamente en los cantorales de las iglesias-templos de España y de Hispanoamérica.

La historia refiere que fue el himno oficial del XII Congreso Eucarístico celebrado en Madrid, los días 25-30 de junio del año 1911, y que su letra fue obra del padre agustino Restituto del Valle, con música de Ignacio Busca de Sagastizábal, con dedicatoria a la infanta Isabel de Borbón.

En castellano, o en latín, es mi intención entrenzar aquí y ahora un ramo de sugerencias en el entorno de la festividad del “Corpus Christi-Día del Señor”, que comenzó a celebrarse en la ciudad de Lieja en 1246 y que se estableció en 1264 por el papa Urbano IV en ll Iglesia universal.

Para mejor entendimiento e información acerca del tema, es preciso reseñar que el proceso del cambio en la idea y en la celebración de la fiesta y de la Eucaristía en general, ha respondido, a lo largo y ancho de la historia de no pocos procesos y cambios registrados en las diversas escuelas de teología y en su adecuación a la mentalidad tanto en el pueblo como en la jerarquía, por lo que no son de extrañar determinadas, y aún notorias, incoincidencias de tiempo y lugar.

La festividad del “Corpus”-idea y realización- con sus respectivas liturgias, procesiones, cantos, costumbres, tradiciones, oratorias, ornamentos sagrados, “custodias”, inciensos y acompañamientos, demandan revisión conciliar urgente y precisa...

Los tiempos, las personas y la teología no son hoy lo que eran –aunque lo sigan siendo substancialmente-, por lo que, con lenguajes, gestos convicciones, ritos y aún argumentos, como los que siguen estando vigentes, los fines y frutos que se pretenden lograr de las celebraciones eucarísticas, y más en concreto del “Día del Señor”, no podrán ser ni los propuestos, ni los de mayor y más sagrada utilidad para Nuestra Sabta Madre la Iglesia.

Con suprema dificultad resulta viable concluir, por ejemplo, que “procesiones” tan solemnes, rituales que rezuman riquezas por todos sus “pasos”, hábitos y títulos de los cofrades, mayordomos y “damas”, sea posible y aceptable reafirmarse en la fe de que “¡Dios está aquí!” y del “¡venid, adoradores, y adoremos al Señor, Rey del cielo y de la tierra!”

Si en la catequesis post-conciliar, “franciscana” y “de Iglesia en salida”, los pobres-pobres ocupan lugares tan privilegiados, ¿donde se hallan en las procesiones del “Corpus” y qué mención especial puede haber para ellos? Es cierto que el “Corpus” es caridad, es amor, y que los días que anteceden la fiesta están dedicados especialmente al cultivo y a la reflexión sobre el amor fraterno…

Pero al “Corpus-Corpus”, como festividad clave de la Iglesia –teología, liturgia y estilo de vida-, le sobra “Corpus”por no testimoniarsecon mayor claridad y evangelio la presencia del Cuerpo de Cristo, aún siendo verdad que en cualquier esquina de las calles de las ciudades por las que se traza el “iter” procesional y en cualquier ramo de flores olorosas y silvestres arrojado, aparecen los pobres-pobres arrodillados, con todos los honores y huellas de sus limitaciones y debilidades humanas y “divinas”, es decir, eclesiales.

Al “Corpus”, tal y como se sigue celebrando todavía, ardorosamente y sin conciencia de renovación, y hasta con rechazo y “escándalo” ante estas y similares sugerencias, le falta piedad. Y devoción. Y le sobran “autoridades civiles, militares y religiosas”, y monjes y monjas. Los laicos y “laicas” ni están ni van a estas procesiones “para hacer bulto”, sino para participar activamente, al igual que cualquier otro “ministro del Señor”, todos ellos del sexo masculino.

¿Es posible y cristiano cantar al “Amor de los Amores” y “prestarle adoración a este Dios- “Amor” que es y se llama Jesús, y cuya única expresión es el servir a los más necesitados como los pobres?

Rozar la convicción de que algunas procesiones del “Corpus”, más que adoctrinar en la fe, desadoctrinan, confunden y aturden, con tantas y exuberantes riquezas y solemnidades, es tentación que, hoy por hoy, se ven obligados ya a rechazar, y rechazan, no pocos cristianos. ¿También los miembros de la jerarquía?

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