Viajes, Sínodo y Año de la Misericordia Francisco, el relojero de Dios
(Jesús Bastante).- Arranca un nuevo curso, que se antoja apasionante, tanto en lo relativo a nuestro país (con las elecciones catalanas y las generales), como en lo tocante a la Iglesia. El inminente viaje de Francisco a Cuba y Estados Unidos -con previsible encuentro con las FARC- se ha convertido en histórico incluso antes de llevarse a cabo. Y es que este Papa genera tantas ilusiones en los hombres y mujeres de buena voluntad como suspicacias entre los "carceleros" de la fe.
Un calendario que viene marcado, especialmente en otoño, de varias citas ineludibles, para las que muchos llevan tiempo preparándose. Tras Cuba, la segunda parte del Sínodo de la Familia, en el que se darán cita dos tipos, dos estilos, de Iglesia bien distintos.
El primero, en retirada, en franca minoría, de los que se oponen a cualquier cambio, de los que sienten que la doctrina es más importante que la fe, la esperanza y la caridad. El segundo, todavía con el freno puesto -no deben haber creído que esto era posible-, que busca unas reformas que hoy son un clamor, y que no comprometen el dogma ni el mensaje de Cristo, sino que lo llevan a buen término.
El Papa Francisco, como buen pontífice, trata de tender puentes entre ambas orillas, pero también entre los que, entretanto, se sienten ahogados en el mar de la incomprensión, en la vergüenza de la falta de solidaridad. En esa Iglesia de la Misericordia por la que ha apostado, decididamente, el argentino.
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