"Reiniciar la marcha desde el Evangelio" J. Ignacio Calleja: "Tiempos para construir con novedad (2021)"

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"'Ha llegado la hora en que…', es una expresión continua en boca de Jesús. Y así nos sucede a nosotros, ha llegado la hora de construir con novedad"

"La novedad de nuestros días y la construcción que pretendemos, ha de ser, va a ser, a la medida humana"

"Es la hora de repensarnos en el evangelio de las bienaventuranzas y reclamarnos del humanismo integral que apela a que con menos y de otro modo podemos vivir todos y bien"

"Si la novedad viene envuelta en humanidad y a la medida humana en las dimensiones del alma, lo primero es la vivencia por la Iglesia de una fe samaritana y gratuita, comunidad en salida, familia de los iguales en derechos y deberes, vicaria de todos en los más pobres"

"Lo que vamos a construir con novedad tiene sobre todo que ver con lo que estamos dispuestos a dejar de lado y superar definitivamente, porque no va con esa igualdad sustantiva de los bautizados y la vida de los más pobres del mundo"

Tiempos para construir con novedad me ha llegado como invitación acertada para que pensemos nuestra hora. (El Colibrí, 32/2020). “Ha llegado la hora en que…”, es una expresión continua en boca de Jesús. Y así nos sucede a nosotros, ha llegado la hora de construir con novedad. Pero ¿de qué hablamos al construir y con novedad? ¿Personas y vidas o espacios sociales para ellas? Sin duda, ya ha respondido quien lee estas líneas: las dos dimensiones, las dos experiencias, las dos realidades. Porque si dijéramos, “cambia tú y ha cambiado el mundo”, no es cierto; ha mejorado, pero el cambio es más integral y participado de lo que tú hagas con tu vida.

Gota a gota se llena el mar, sí, es verdad, pero gota a gota, y si pasa demasiado tiempo entre ellas, el sol las consume y evapora. La vida tiene siempre este vaivén, la verdad social y comunitaria, también. Entonces, ya tenemos un punto de partida, la hora de construir es la de las personas con su vida buena y lúcida, y la de los espacios y procesos sociales justos con todo lo creado y con los humanos más frágiles en el corazón y los ojos.

Y decíamos construir con novedad, o sea, que la hora significa el momento histórico y la dirección para ir hacia algo nuevo; nuevo porque todavía no es y porque es bueno. Nuevo aquí ya no es algo que viene al tiempo sin más, sino algo que viene a la existencia con carga liberadora, algo que nos saca de un apuro que ahoga, algo que aparece como kairos, momento-oportunidad de salvación para todos. A la medida humana pensada y dicha esta palabra, a la medida humana siempre, porque los dioses, dioses son. Es importante pasar la utopía por la historia personal y social para hablar de todo y siempre a la medida humana.

Con sus conflictos y sus límites, con su complejidad en lo real. La salvación de Dios es en Jesús a la medida humana; la eucaristía de la fraternidad del mundo es a la medida humana. La santidad de los mejores entre nosotros, santos y santas de toda vocación por la justicia y el cuidado, es a la medida humana. Luego la novedad de nuestros días y la construcción que pretendemos, ha de ser, va a ser, a la medida humana. Ay de los hombres y mujeres que olvidan o ignoran esta máxima en su empeño compartido por la equidad y el amor. Les tentará ser dioses que expulsan de su lado a los frágiles.

Hemos desentrañado las palabras antes de echar a andar un sueño. Las vemos evolucionar en su modestia conceptual antes de enhebrar un camino en la gente de bien y en sus comunidades y movimientos. Ha estallado el mundo en su carrera por multiplicar el consumo imparable en media humanidad. Hace treinta años una globalización neoliberal casi termina con todo el entramado del Estado Social y sus servicios públicos. Hace diez años, una crisis bancaria, financiera y económica multiplicó las desigualdades de nuestra sociedad capitalista. Desde hace casi un año, un virus de pocos quilates está determinando nuestro modo de vida, el de todos, y muy claramente -las comparaciones son odiosas- de esa mitad del mundo que es un casino en sus juegos de dinero, un bazar en sus mercados de bienes, una empresa de selección de personal en el trato con la gente, una maquina de triturar recursos de la Tierra.

Pero es que hay más, porque todo esto es la cara inmediata de la fotografía. ¡La cara visible! Dios mío, ¡pues cómo será la oculta! Claro, la oculta es la cara mala de la buena gente que por error del destino, ha nacido en el lugar equivocado, y allí las pandemias del hambre, la guerra, el racismo, la violencia, la explotación, el colonialismo, el patriarcalismo y las más variadas enfermedades del cuerpo y del alma, campan por sus fueros y no entran en los cálculo de lo bueno, verdadero y bello. No existen en la mirada o son el precio de la realidad tomada con resignación, “yo no sé, yo no puedo, yo no tengo la culpa”. Si no se asoman a las playas como migrantes del peor destino, si no se interponen del modo que sea en nuestro modo de vida, si permanecen en las periferias de la ciudad, mano de obra sobrante y a la espera de alguna emergencia, esas gentes y sus pandemias no existen.

Pero íbamos a construir con novedad. Moviéndonos en la reducida casa del cristianismo que se quiere atento al mundo como éste se nos da; y si se nos da bajo una experiencia de dolor por la injusticia, es la hora de repensarnos en el evangelio de las bienaventuranzas, de las necesidades más elementales de la vida digna de todos, de la vida digna de los más pobres del mundo, y reclamarnos del humanismo integral que apela a que con menos y de otro modo podemos vivir todos y bien. Este personalismo integral solidario, el que reconoce al ser humano como alguien constitutivamente exigido por la solidaridad sacrificada, es integral porque se quiere íntimo e interpersonal, comunitario y social, ecológico y político, fraternal y sororal; se quiere espiritual e histórico, se quiere, en suma, sin reservas hacia la vida digna y libre de la humanidad y las criaturas todas.

No somos seres solitarios caídos al lado de otros, sino seres solidarios en nuestro ser de sujetos morales y corporales. A partir de esta condición construimos lo nuevo como Iglesia y como Sociedad, en un trenzado de todas estas dimensiones que nos permite ser sujetos convertidos y frágiles; somos esto antes que vanguardias que lo saben todo para los demás, antes que privilegiados de cualquier perfección moral impediente para reconocer al débil y su cuidado.

Para avanzar en este destino manifiesto por la comunidad humana en solidario, ni se nos ocurre que Dios se tome revancha del mundo para traer a la humanidad a su perfección moral. Esto sí que es tramposo como actitud y pensamiento. Si la novedad viene envuelta en humanidad -a la medida humana en nuestros logros y fallos, y a la medida humana en las dimensiones del alma, ¡nunca en la resignación!-, lo primero es la vivencia por la Iglesia de una fe en esencia samaritana y gratuita, y un modo de servir la evangelización como comunidad en salida, familia de los iguales en derechos y deberes, vicaria de todos en los más pobres.

Esto requiere modestia y perspectiva para entender el camino de comunidades “resto” que van a heredar la vieja iglesia de Roma, pero requiere, sobre todo, reordenar la vida eclesial, su estructura, su espíritu, pensamiento y acción, desde los pobres y, en ellos, ver de dar vida a las ascuas de un fuego que ahora mismo no es el de Cristo, “no ardía nuestro corazón por el camino cuando nos explicaba las Escrituras”. El “fuego” de hoy lo tiene que quemar casi todo para reiniciar la marcha desde el Evangelio, en las comunidades de los iguales en derechos, deberes y ministerios diversos por su fin, que no por el género de sus candidatos, y celebrar, contar, compadecer y retirar medios y cauces mundanos hasta donde no es ni de lejos necesario.

Pues bien, lo que vamos a construir con novedad tiene sobre todo que ver con lo que estamos dispuestos a dejar de lado y superar definitivamente, porque no va con esa igualdad sustantiva de los bautizados y la vida de los más pobres del mundo; con esa sencillez de medios que la sobriedad de vida necesita y elige; con esa experiencia de comunión con Jesús y su proyecto de fraternidad entre los hombres y mujeres que lo acogen, lo siguen y lo cuentan como Reinado de Dios que llega, ya sí-todavía no en plenitud. Veamos qué pasa con estas buenas intenciones, animadas por no pocos y frenadas por otros tantos. Veamos. Feliz año 2021.

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