"Parece increíble. Por cardenal, presidente de la CEE y supuesto 'alter ego' del papa Francisco" Omella, otro cardenal que cierra las puertas

El cardenal Omella en el Foro de La Vanguardia
El cardenal Omella en el Foro de La Vanguardia

"En el reciente FORO organizado por el periódico LA VANGUARDIA, al Cardenal Juan José Omella, que protagonizó gran parte del mismo, tal y como relatan los informadores, parece que 'se le fue el santo al cielo'"

"La situación demanda explicación urgente y autorizada, cuando el cierre de las puertas perjudica y atenta directa y personalmente, a la mujer por mujer, certificando su seudo dogmática incapacidad para acceder al sacerdocio católico"

"El Cardenal cierra las puertas. Parece increíble. Por Cardenal y más de Barcelona, presidente de la CEE, mandamás de los obispos de España, y supuesto 'alter ego' del papa Francisco"

"Que un Cardenal cuestione hoy derechos y deberes reconocidos por la sociedad en todos sus estamentos, con excepción de los católicos, apostólicos y romanos, equivale a crecentar la desacralización y la paganía nada menos que de 'Nuestra Santa Madre la Iglesia'"

En el reciente FORO –“reunión, coloquio”- organizado por el periódico LA VANGUARDIA-“ir por delante”- , al Cardenal Juan José Omella, que protagonizó gran parte del mismo , tal y como relatan los informadores, parece que “se le fue el santo al cielo” y del imposible “desliz “del Espíritu Santo, giran, entre tantas, estas reflexiones:

“El Cardenal cierra las puertas”. Parece increíble. Por Cardenal y más de Barcelona, presidente de la CEE, mandamás de los obispos de España, y supuesto “alter ego” del papa Francisco, no es posible etimológicamente que el significado de “gozne-visagra”, ya desde los tiempos vetustos del eximio arquitecto romano Vitruvio (s I. a.C.), ahorme y haga presente y activo un compromiso, entrega y comportamiento de vida y más “religiosa”.

En el organigrama y escalafón eclesiástico, “cardenalato” se contrapone a “ostiariado” –“ostia”, que en latín significa “puerta”- que es la última y más humilde de las llamadas “Órdenes Menores”, que designa el ministerio-oficio de cerrar las puertas de los templos, con el fin sacrosanto de impedir, en calidad de “vigilante del cuartel”, que entraran en él los paganos, regulando a la vez la salida de los catecúmenos y penitentes, haciendo tocar las campanas.

De entre abrir las puertas a tener que cerrarlas, por definición canónica, y el uso que se le ha conferido en el foro citado, media un abismo, acto y situación que cardenaliciamente demanda explicación urgente y autorizada.

Tal urgencia es inaplazable, cuando el cierre de las puertas perjudica y atenta directa y personalmente, a la mujer por mujer, certificando su seudo dogmática incapacidad para acceder al sacerdocio católico. Las razones que hoy intentarían justificar tan intolerable disparate sociológico- religioso, carecen de consistencia verazmente teológica. Son disciplinarias y perduran- y por lo visto, oído y predicado en el foro “vanguardista”- , seguirán perdurando y además “en el nombre de Dios” y “por los siglos de los siglos”.

Cierre de puertas cardenalicio, conservador “et ultra”, y anti “progre”, desdice, contradice, frustra y echa por tierra el planteamiento que del sínodo vaya quedando constancia por esos mundos de Dios, en el que la reivindicación de igualdad de derechos de la mujer que del hombre-varón, resulte ser pan fraccionado –“partido”- y comido eucarísticamente, tanto por uno como por el otro sexo.

Que un Cardenal cuestione hoy derechos y deberes reconocidos por la sociedad en todos sus estamentos, con excepción de los católicos, apostólicos y romanos, equivaldría -equivale- , a crecentar la desacralización y la paganía nada menos que de “Nuestra Santa Madre la Iglesia”.

En la ocasión foral “vanguardista” de referencia, el cardenal se aprestó a recalcar que las prisas dentro de la Iglesia son, o debieran ser, objetivos primarios para que se les cierren las puertas, si bien en otros foros, también teológicos y pastorales, a algunos de sus componentes, con la santa anuencia del papa Francisco y del sentido común, se muestran convencidos de que la Iglesia, precisamente la Iglesia, es institución muy necesitada de que les sean trazados y fomentados caminos de prisas.

Omella

Las prisas -todas las prisas- son santas de por sí. Evangelio y prisas se emparejan en la vida cristiana en el peregrinaje hacia la Casa del Padre, la salvación, la libertad y la paz, propia y ajena. Institucionada y sin institucionalizar. Enemigos de las prisas son la pereza en su diversidad de versiones, sin excluir no pocas invocaciones falaces a la sensatez, a la prudencia, la ociosidad y al descuido, términos todos ellos antievangélicos antisociales y más, revestidos de colorines, capas magnas purpúreas y la condición infumable y atea de ser y ejercer de “Príncipes de sangre real”, es decir, de cardenal y no ajustarse a la de “ostiario” o vigilante de cuarteles.

El “foro vanguardista” dio mucho más de sí, sin olvidarse de las consabidas alusiones a la “sexualidad” “religiosa”, que da la impresión de ser, y seguir siendo, la asignatura predilecta de curas, frailes, monjas, monjes, laicos y “laicas”.

Los seminarios-noviciados y la formación impartida en ellos fue también referencia obligada lejos, no obstante, de que en términos generales, es merecedora de su desaparición por incongruente, inactual, prefabricada, carente de teología y de pastoral, con serias dudas acerca de la ética y de la psicología que demandan en grandes dosis y proporciones los nuevos y renovadores tiempos sinodales. Acerca de los seminarios y noviciados, basta y sobra con desvelar que su desaparición está llamando ya a las puertas, y como lo “prefacian” las estadísticas, con piedad, conmiseración penitencial y alguna que otra añoranza.

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