Del binomio libertad de prensa-religión poco han cambiado las cosas ¡Pobres informadores religiosos!

Información religiosa
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"De los tiempos en los que comencé mis andanzas en esta bendita profesión, conservo preciada documentación escrita que puede servir de orientación a quienes -no pocos- aseveran que las cosas ya cambiaron"

"Salvo raras excepciones, los gabinetes de prensa eclesiásticos están al servicio y acolitean a los obispos. Con más o menos educación y buenos modales, pero a sus órdenes"

"Todavía, hasta algunas de las editoriales religiosas españolas, de prestigio y proyección internacional, someten sus libros al 'Nihil Obstat' e 'Imprimatur' del respectivo obispo de la diócesis en la que se imprime"

"Por ejemplo, tengo el documento firmado en Badajoz, el día 25 de enero de 1959, por el Obispo Coadjutor y Vicario General don Eugenio Beitia, en relación con la censura eclesiástica de ciertos originales míos"

De los tiempos pasados en los que comencé mis andanzas en esta bendita profesión, conservo preciada documentación escrita que puede servir de orientación a quienes -no pocos- aseveran que las cosas ya cambiaron, por lo que del binomio libertad de prensa-religión lo fue contado y cantado ya casi todos los responsos fúnebres.

Pero no es verdad tanta belleza”. Es poco, muy poco, lo que han cambiado las cosas. A lo que más llegan -y pueden llegar- los informadores religiosos en la actualidad post-conciliar, y pese a los repetidos gestos y deseos del papa Francisco en dirección a proclamar la verdad. A lo que más llegan los Nuncios que presentan la terna de los episcopables es a que “sean discretos”, es decir, que se callen, si ella -la verdad- desfavorece los intereses de la Iglesia a los obispos “nombrados por el papa que identifica a los obispos en el nombre de Dios”.

Salvo raras excepciones, los gabinetes de prensa eclesiásticos están al servicio y acolitean a los obispos, y no los evangelios con los que unos y otros no tienen por qué religarse canónicamente. Los gabinetes de prensa están a las órdenes episcopales. Con más o menos educación y buenos modales, pero a sus órdenes.

Aradillas
Aradillas

Todavía, hasta algunas de las editoriales religiosas españolas, de prestigio y proyección internacional, someten sus libros al “Nihil Obstat” e “Imprimatur”, con la firma y asentimiento del respectivo obispo de la diócesis en la que se imprime.

Algunos ejemplos

Firmado en Badajoz, el día 25 de enero de 1959, por “el Obispo Coadjutor y Vicario General don Eugenio Beitia, con el gélido ritual de “Dios guarde a usted muchos años”, en relación con la censura eclesiástica de ciertos originales míos, se me informaba literalmente que “hay que eliminar del mismo la nueva invocación a la Santísima Virgen con la advocación de Nuestra Señora del Diálogo, rogad por nosotros: No conozco esta invocación: tal vez de prestase a risa, si bien es cierto que el Evangelio según San Lucas nos ha conservado algunos de la Celestial Señora que son admirables. La cuestión del diálogo acapara mucho la atención del autor, afirmando en otro de sus libros que “una actitud monologante en el sacerdote será siempre una actitud antipática, ineficaz y de mal gusto”. Pero no se puede excluir radicalmente el monólogo, que al fin y al cabo es una labor de introspección muy necesaria al sacerdote y al no sacerdote. Convendría aconsejar al autor que suavizase muchas de las afirmaciones que hace en esta obra “La oración de hoy”.

Aradillas
Aradillas

El 12 de junio del mismo año, el referido obispo me comunicaba oficialmente que:

No dejo de aportar copia fiel de una comunicación anterior personal del obispo residencial don José María Alcaraz y Alenda, en la que se me proporciona una buena síntesis de los argumentos canónicos, teológicos y litúrgicos con que contaba, para negarme los tan religiosamente anhelados “Nihil Obstat” correspondientes, (Doc.2)

Equipado el informador religioso, y a la vez autor de unos libros, con los preceptos, que no “consejos” episcopales citados, resultaba obligatorio canónicamente tener que verse inscrito a perpetuidad en el noble y sacristanesco listado de los coadjutores-coadyuvantes, de los curas que habían logrado, previa oposición, ”poseer” la parroquia “en propiedad” y “por los siglos de los siglos, Amén”. Así lo estableció y dispuso el Concilio de Trento, hasta que el bendito Juan XXIII se “atrevió” a convocar el Vaticano II, como si, durante un puñado de siglos, nada hubiera acontecido en la Iglesia y en el mundo entero, para el que ella -la Iglesia- es respuesta de evangelio, de libertad y de vida.

¡Pobres informadores religiosos! los actuales, entre los que destacan quienes fueron “consagrados sacerdotes” por obispos y arzobispos y ante y anti Vaticano II, educados-formados en los Seminarios conciliares, pastoreados por prelados, que si bien habrían de hacerse presentes en las aulas conciliares, estaban ajenos a cuanto en ellas y sus periferias ocurría, “por haber sido sorprendidos con el pie cambiado” , y “sabiendo poco o nada, de la misa/la media”, merecedores de haber logrado la “mitra” -diócesis- a consecuencia del “carrerismo eclesiástico” que fundamentalmente había definido su “iter” jerárquico.

Primero, Religión Digital
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