Camilo Torres Restrepo, una vida de ayer y de hoy

Su vida condensó vocaciones diversas: sacerdote católico, sociólogo formado en Lovaina, profesor universitario, animador comunitario, impulsor del Frente Unido del Pueblo y militante insurgente. Pero más allá de las categorías, Camilo fue un creyente radical en el amor eficaz: la convicción de que el amor cristiano debía traducirse en transformación concreta de las estructuras injustas

Imagen de Camilo Torres
Imagen de Camilo Torres | EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda
Movimiento de sacerdotes de la Iglesia de los pobres, Colombia
17 feb 2026 - 21:15

A los Camilos y las Camilas anónimos, de ayer y de hoy.  A las y los desaparecidos que el poder quiere estigmatizar y mantener en el olvido. A los seres humanos amantes de la vida, de la justicia y de la dignidad. 

En la memoria de Camilo Torres Restrepo —nacido el 3 de febrero de 1929 en Bogotá y muerto el 15 de febrero de 1966— reconocemos no solo un hecho histórico, sino una interpelación ética permanente. Su vida condensó vocaciones diversas: sacerdote católico, sociólogo formado en Lovaina, profesor universitario, animador comunitario, impulsor del Frente Unido del Pueblo y militante insurgente. Pero más allá de las categorías, Camilo fue un creyente radical en el amor eficaz: la convicción de que el amor cristiano debía traducirse en transformación concreta de las estructuras injustas. 

1. Profundidad histórica: desigualdad, exclusión y violencia estructural 

Camilo vivió en una Colombia marcada por la herencia de La Violencia, la exclusión bipartidista consolidada en el Frente Nacional y la concentración histórica de la tierra y la riqueza. En las décadas de 1950 y 1960, el país exhibía indicadores alarmantes de pobreza rural, ausencia de reforma agraria efectiva y marginalización política de amplios sectores populares. 

Desde su formación sociológica, comprendió que la pobreza no era una fatalidad individual ni un problema moral privado, sino el resultado de estructuras económicas y políticas que reproducían desigualdad. Denunció que el orden social vigente negaba condiciones mínimas de dignidad a campesinos, obreros y habitantes urbanos empobrecidos. Esta lectura estructural lo llevó a afirmar que la caridad individual, sin justicia social, era insuficiente. No bastaba aliviar el sufrimiento: era necesario transformar las causas que lo producían. 

2. Enfoque ético: el amor eficaz como principio político 

El núcleo ético del pensamiento camiliano se sintetiza en una afirmación provocadora: “Si Jesús viviera hoy, sería guerrillero”. Más allá de su literalidad histórica, esta frase expresa una ética encarnada. Para Camilo, el amor al prójimo no podía limitarse al ámbito espiritual; debía asumir consecuencias políticas. 

Su opción por los pobres no fue una consigna ideológica sino una consecuencia del Evangelio leído desde la realidad concreta. Inspirado por el mandato del amor y por una conciencia crítica del orden social, sostuvo que la neutralidad ante la injusticia equivalía a complicidad. La ética cristiana, en su perspectiva, exigía tomar partido por quienes eran víctimas del sistema. 

Su opción por los pobres no fue una consigna ideológica sino una consecuencia del Evangelio leído desde la realidad concreta. Inspirado por el mandato del amor y por una conciencia crítica del orden social, sostuvo que la neutralidad ante la injusticia equivalía a complicidad. La ética cristiana, en su perspectiva, exigía tomar partido por quienes eran víctimas del sistema

Esta postura lo colocó en tensión tanto con las élites económicas y políticas como con sectores conservadores de la jerarquía eclesial, que preferían una Iglesia alineada con el orden establecido. Camilo reclamaba una Iglesia profética, no acomodada; una Iglesia samaritana, no distante. 

3. Dimensión pastoral: una Iglesia en salida y en conflicto 

Antes del Concilio Vaticano II y de la posterior Teología de la Liberación, Camilo anticipó muchas intuiciones que luego marcarían a la Iglesia latinoamericana. Su experiencia pastoral no se limitó al culto sacramental; se expresó en la organización de comunidades, en la promoción de la participación popular y en la búsqueda de unidad entre sectores sociales diversos. 

Su propuesta del Frente Unido del Pueblo buscaba articular campesinos, obreros, estudiantes y sectores progresistas en torno a reivindicaciones comunes. No era simplemente una estrategia política, sino una expresión pastoral de comunión histórica: la construcción de puentes entre los oprimidos. 

Camilo Torres en el ELN con Fabio Vasquez Castaño y Victor Medina Moron
Camilo Torres en el ELN con Fabio Vasquez Castaño y Victor Medina Moron

Hoy, movimientos como los el de sacerdotes de la Iglesia de los Pobres y múltiples comunidades eclesiales de base siguen sintiéndose interpelados por esta herencia. Leer la realidad desde el “Evangelio de los empobrecidos” implica acompañar las luchas territoriales, las resistencias étnicas, las demandas de justicia ambiental y las búsquedas de paz con justicia social. 

4. Dimensión política: hegemonía, narrativas y disputa por el sentido 

Ayer y hoy, las estructuras de poder producen narrativas que reducen la violencia a simple criminalidad o narcoterrorismo, invisibilizando las raíces estructurales del conflicto. La concentración mediática, económica y electoral continúa moldeando la opinión pública y condicionando los márgenes de la democracia.

El pensamiento camiliano invita a una lectura crítica de estas hegemonías. Nos recuerda que la lucha por la justicia no es solo económica, sino también cultural y simbólica: es una disputa por el sentido de la historia y por la legitimidad de las demandas populares. 

En el contexto actual de Colombia —marcado por la implementación incompleta del Acuerdo de Paz, la persistencia de economías ilegales, la polarización política y los desafíos de la llamada “paz total”— la memoria de Camilo interpela tanto a las insurgencias como al Estado, a la Iglesia y a los movimientos sociales. Su figura no puede instrumentalizarse ni reducirse a una consigna; exige coherencia ética, apertura al diálogo y compromiso con la vida. 

5. Camilo hoy: memoria viva y desafío colectivo 

Camilo sigue caminando las trochas y veredas, las universidades y los barrios populares, en hombres y mujeres anónimos que trabajan por la dignidad humana. Vive en quienes organizan procesos comunitarios, en quienes defienden el territorio frente al extractivismo depredador, en quienes buscan verdad y justicia para las víctimas, en quienes creen que la fe cristiana no puede separarse de la transformación social. 

Pero también su legado nos obliga a una reflexión crítica: ¿cómo articular hoy la radicalidad ética con la defensa incondicional de la vida? ¿Cómo conjugar la indignación frente a la injusticia con la construcción paciente de paz? ¿Cómo evitar que la polarización y la violencia simbólica reproduzcan lógicas de exclusión? 

primeros gestos revolucionarios de Camilo
primeros gestos revolucionarios de Camilo

Reflexión final para el contexto actual 

En el Colombia de hoy, atravesada por disputas políticas intensas, por avances y retrocesos en la paz, por crisis ambientales y por profundas desigualdades persistentes, la memoria de Camilo Torres Restrepo no puede ser nostalgia ni mitificación. Debe ser discernimiento. 

Su vida nos recuerda que no hay neutralidad posible ante la injusticia; que la fe sin compromiso histórico se vacía; que la política sin ética se corrompe; y que la transformación social sin horizonte de reconciliación puede deshumanizarse. 

Camilo de ayer interpela al presente para que la búsqueda de justicia no se convierta en odio, para que la paz no sea simple silencio de fusiles sino dignidad garantizada, y para que la unidad popular no se diluya en fragmentaciones estériles.

El desafío actual no es repetir sus gestos, sino actualizar su espíritu: construir convergencias amplias, defender la vida en todas sus formas, articular fe y política sin fanatismos, y sostener la esperanza histórica incluso en medio de la adversidad

El desafío actual no es repetir sus gestos, sino actualizar su espíritu: construir convergencias amplias, defender la vida en todas sus formas, articular fe y política sin fanatismos, y sostener la esperanza histórica incluso en medio de la adversidad. 

Porque mientras haya injusticia, exclusión y olvido, el amor eficaz seguirá siendo una tarea pendiente. Y en esa tarea, Camilo —como memoria viva y conciencia crítica— continúa caminando con nosotros. 

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