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"Solo celebréis dos misas y se acabó": Jesús Vidal, ¿el pastor que va a terminar de destrozar lo que queda de la diócesis de Segovia?

La desilusión crece entre los fieles segovianos… Señor obispo: reflexione, medite y actúe. O váyase. Pero no nos quite la misa y no sea culpable de la pérdida de fe de los hijos de Dios

Jesús Vidal, obispo de Segovia

Si algo caracterizaba a esta diócesis era la capacidad de sus sacerdotes para multiplicarse por los pueblos. Curas mayores, algunos a punto de jubilarse, que han llegado a celebrar cinco misas los domingos para que sus comunidades no se quedaran sin la Eucaristía. Lo hacían por vocación, por misión, porque entendían que su labor era estar donde nadie más quería estar (Jn 10,11: «El buen pastor da su vida por las ovejas»). Ahora, el obispo Jesús Vidal les ha indicado que no digan más de dos misas el domingo. Y el resultado ha sido el caos.

El caos en los pueblos, claro. Porque en la ciudad también ha reducido el número de Eucaristías, incluso en parroquias relevantes a nivel pastoral, pero eso se disimula mejor entre bancos vacíos y horarios que se solapan. En el mundo rural, la medida ha sido devastadora: en fiestas patronales, los presbíteros se han negado a decir la misa porque ya habían celebrado las dos permitidas y eran indicaciones del obispo. Fiestas patronales, señor obispo. Esas que sostienen la identidad de los pueblos, que reúnen a las familias, que son el último hilo que une a muchas comunidades con la Iglesia (CIC, c. 528 §1: «El párroco está obligado a procurar que la santísima Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial»). Y se han quedado sin misa.

Una vez más, los pueblos están abandonados.Parecía que a este obispo no le gustaban las celebraciones de la Palabra (esas que se han usado como parche desde D. Antonio Palenzuela para tapar la falta de sacerdotes), pero ahora resulta que tampoco quiere que se celebren misas. La desilusión entre los creyentes segovianos es cada vez mayor. Ya no es solo la sensación de que este pastor de transición quiere irse pronto a un puesto de más copete; es la certeza de que va a destrozar lo que queda de diócesis (Ez 34,4: «No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis curado a las enfermas, no habéis vendado a las heridas»).

Cabañas de Polendo, Segovia rural
La desilusión entre los creyentes segovianos es cada vez mayor. Ya no es solo la sensación de que este pastor de transición quiere irse pronto a un puesto de más copete; es la certeza de que va a destrozar lo que queda de diócesis

Los presbíteros mayores no dan crédito. Y no solo por la medida en sí, sino por lo que significa: no garantizar a los fieles cumplir el precepto dominical (CIC, c. 1247: «El domingo y las demás fiestas de precepto, los fieles tienen obligación de participar en la misa»). Con la escasez de clero que hay, limitar a dos las misas dominicales es condenar a cientos de comunidades de pueblos a no tener Eucaristía. Ellos, que han dado su vida por estos pueblos, que han recorrido caminos de barro y nieve para llegar a un templo con cuatro feligreses, ahora tienen que decirles que no pueden celebrar porque el obispo lo ha indicado (CIC, c. 519: «El párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía, ejerciendo el cuidado pastoral de la comunidad que le está encomendada»). Y encima se les acusa de no querer ir; eso sí, las parroquias no las dan de baja en la CEE, por tanto tienen que atenderlas porque son parroquias.

Conviene descartar un argumento que se repite desde el obispado: que los párrocos solo visitan los pueblos los domingos (o sábados) para celebrar la misa y que, curiosamente, se les paga un sueldo y transporte por ir más días. Esto no ocurre en, podríamos decir, un 80% de las parroquias de la diócesis. Lo conoce bien el obispo. Y si no lo conoce, que pida los horarios de las celebraciones y actividades pastorales que se hacen en cada una de las parroquias. Se quedaría asombrado; misas poco y actividades pastorales cero.

Y ahora, esto. Dos misas y se acabó.

Los curas a punto de jubilarse están deseando que llegue el momento. No resisten más. En esta diócesis, el destierro está asegurado para quien se atreva a decir la verdad. Para el presbítero que, desobedeciendo la norma, se atreva a quedarse con su pueblo en fiestas patronales. Para quien se atreva a celebrar una tercera misa porque hay fieles que lo necesitan (Hch 5,29: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»).

Segovia rural

Señor obispo: reflexione, medite y actúe (CIC, c. 392: «El Obispo diocesano, puesto que es el moderador de todo el ministerio de la palabra, ha de procurar que se proponga a los fieles la doctrina cristiana»). Pida perdón y dé otro rumbo a esta diócesis envejecida, secularizada y abandonada por aquellos que se consideran los únicos pastores del rebaño (1 Pe 5,2-3: «Apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados, sino voluntariamente; no por sórdido lucro, sino con generosidad; no como tiranos sobre los que os ha tocado en suerte, sino como modelos de la grey»). O váyase. Pero no nos quite la misa y no sea culpable de la pérdida de fe de los hijos de Dios.

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