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En la muerte de Habermas

¿Hemos convertido el fútbol en una religión?

«Una religión civil de masas»

Se habla de que «los dioses vuelven de paisano»

(Alfredo Tamayo Ayestarán, teólogo).-Sin duda no es posible negar lo que tiene en sí de genial el invento de este deporte que llamamos fútbol. Toda mi admiración para aquél o aquellos que idearon este juego que ha ido convirtiéndose en el deporte-sol hasta constituir un sector significativo de nuestra cultura del ocio. También sin duda se debe a la televisión el que haya llegado hasta las regiones más remotas. Y haya arraigado en ellas. Probablemente nunca un campeonato mundial de fútbol habrá tenido tantos televidentes como tiene el actual de Sudáfrica.

Pero hay que decir también que lo que podríamos designar como 'pureza deportiva' del fútbol no ha caminado a la par con su increíble expansión, sin negar para nada lo que haya podido ganar en sabiduría y vistosidad. Contra esa pureza deportiva se alza sin duda el hecho de la conversión progresiva del fútbol en materia de negocio y de mercado. Los grandes equipos de fútbol están en manos de sociedades millonarias y los jugadores son mercancía humana que se compra y se vende a alto precio, un precio del que participan naturalmente los futbolistas. La mercantilización del fútbol es un hecho más negativo que positivo y que hoy por hoy parece irreversible.

Pero no es esa mercantilización del deporte-sol aquello en que quiero insistir sino en el carácter de religión de masas que ha ido revistiendo de manera creciente. Los analistas de los fenómenos sociales nos hablan hoy de una vuelta del fenómeno religioso. Es una vuelta muy especial bajo formas y acentos muy diversos. Se habla de que «los dioses vuelven de paisano».

Vuelve lo religioso hasta allí de donde se lo había expulsado al parecer de modo definitivo como es el ámbito del pensamiento filosófico. Filósofos como Vattimo, Lévinas, Trías, Habermas dan fe de ello. Vuelve lo religioso con sus trascendencias más o menos grandes y significativas. Las nuevas religiones suelen ser calificadas de religiones civiles, de religiones de sustitución, de trivializaciones de lo sagrado.

Estas religiones tienen su mitología, sus símbolos, sus rituales, sus dogmas, su culto a lo que fascina y arrebata el ánimo, su vestimenta, sus himnos, sus formas de comportamiento. Ha sido el sociólogo José María Mardones uno de los primeros en calificar el fútbol de «religión civil de masas» y en vincular fútbol con nacionalismo o culto a la nación.

Creo que el actual campeonato mundial de fútbol nos puede ofrecer una buena comprobación de esta tesis de Mardones. Al que contemple o haya contemplado la ceremonia de inauguración no se le puede escapar que todo aquel precioso espectáculo tiene todos los caracteres de una liturgia secular. El orden y ritual de los desfiles, las banderas, los himnos, las selecciones con su especial atuendo, el no haber dejado nada a la improvisación remedan muy de cerca la mejor ceremonia cultural de las grandes religiones.

Más tarde, iniciada ya la contienda deportiva las selecciones se enfrentan como selecciones 'nacionales'. Se llaman 'la roja', 'les bleus', 'la albiceleste', 'la canarinha', etc. Será un acto de culto a lo nacional, a los valores patrios. Los sacerdotes u oficiantes serán los 'selectos' al servicio de su nación y los periodistas deportivos que transmiten el encuentro los portavoces de la liturgia, los predicadores que durante la contienda parecen entrar en trance al modo de lo que sucede en las religiones primitivas cuando nos transmitan un interminable 'gol, gol, gol'.

En esta religiosidad secular que es hoy el fútbol de élite se advierte un doble rostro. El primero y, a mi juicio, positivo es que en el entusiasmo por el fútbol lo mismo que en el resto de religiones de sustitución se pone de manifiesto entre otras cosas esa necesidad que tiene el ser humano de adorar algo, de creer en algo, de orientarse hacia lo que está más allá de sí, hacia lo que le trasciende.

Amén, por supuesto, de olvidar por unos momentos el lado duro y amargo de la vida. Pero está también el rostro negativo. Todas las religiones, las grandes y las pequeñas, las tradicionales y las que llamamos religiones de sustitución como el entusiasmo y entrega al espectáculo del fútbol pueden degenerar y degeneran en eso que designamos como fundamentalismo.

Existe sin duda el fundamentalismo en la religión futbolística. Y lo veremos ahora bajo la forma de nacionalismo o patriotismo exagerado. La llamada 'roja' revestirá caracteres míticos jaleada por aficionados portadores de los signos patrios de camisetas, bufandas y banderas. Olvidará las sumas millonarias prometidas a los jugadores ya millonarios en el caso de que triunfen y el hecho de que pasadas unas cuantas semanas toda aquella parafernalia será sólo tema de recuerdo y que seguirá siendo una terrible verdad que es nuestro país el que se lleva en Europa la palma en el número de personas en paro laboral y que, como acaba de anunciar el Banco Mundial, la situación económica de España es en estos momentos «muy grave».

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