Por los enfermos nos conocerán

"Esta fecha supone una valoración sobre el sufrimiento humano que comporta toda enfermedad y a la necesaria búsqueda del sentido trascendente de la vida como tarea de todo ser humano"

Enfermo
Enfermo | Tima Miroshnichenko
Mario J. Paredes, director ejecutivo de SOMOS Community Care
11 feb 2026 - 03:59

Anualmente, el 11 de febrero de cada año, el mundo celebra el Día del Enfermo. La Iglesia católica, con ocasión de esta fecha y desde hace 34 años, celebra esta Jornada Mundial con un mensaje del Papa que en este 2026 estará dedicado a reflexionar sobre: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro. Dicha Jornada tendrá como epicentro la ciudad de Chiclayo en Perú, la Diócesis sede del ministerio episcopal (de 2015 a 2023) del entonces Monseñor Robert Prevost, hoy León XIV.

La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por San Juan Pablo II en 1992, con el propósito de dedicar un espacio tiempo a la oración, a la solidaridad, al acompañamiento y a la reflexión sobre las carencias o dificultades que, en la salud, viven millones de seres humanos.

Este año, con la celebración solemne en Perú, el Papa convoca a la Iglesia y al mundo entero a volver la mirada hacia América Latina y como CEO de SOMOS Community Care, una organización al servicio de la salud de los habitantes de la ciudad de Nueva York, que coordina una red de más de 2500 médicos y sus clínicas privadas, destinada, especialmente, a la atención en salud de población vulnerable e inmigrante, deseo compartir con ustedes unas reflexiones sobre la importancia de esta Jornada, la importancia de la salud y del enfermo en la sociedad y algunas lecciones que la figura del samaritano –desde la parábola del evangelio– tiene para los creyentes en Cristo y para todo hombre y mujer de buena voluntad.

Bienvenida al Cardenal Michael Czerny, enviado especial del Santo Padre a Chiclayo, Perú
Bienvenida al Cardenal Michael Czerny, enviado especial del Santo Padre a Chiclayo, Perú

La celebración anual de la Jornada Mundial del Enfermo tiene especial relevancia porque nos convoca a todos a una sensibilización sobre el tema de la salud, de la enfermedad, de los enfermos, de sus familias, del personal médico y de todos quienes se dedican al cuidado de los enfermos. Del mismo modo, esta Jornada contiene un llamamiento de sensibilización a todas las instituciones sociales sobre la urgente necesidad de asistir y acompañar, de todas las maneras requeridas y posibles, a los enfermos y a sus próximos.

Pero también, esta fecha, supone una valoración sobre el sufrimiento humano que comporta toda enfermedad y a la necesaria búsqueda del sentido trascendente de la vida como tarea de todo ser humano y, muy especialmente, de quienes experimentan el padecimiento estando enfermos.

El mensaje del Papa que, anualmente, acompaña esta Jornada se constituye en una orientación ética, moral y pastoral para la Iglesia y para toda sociedad, con llamados a la oración y a la acción, a superar la indiferencia y a promover la compasión y la solidaridad humana, teniendo en cuenta el valor de la vida, de la dignidad de la persona humana, la necesidad de las relaciones fraternas que combaten la soledad y el aislamiento y la esperanza como refugio y baluarte ante la tribulación y la angustia. Todo esto, en medio de una sociedad del “descarte” y del utilitarismo y materialismo inmisericorde.

El Papa saludó a varios enfermos al término del Angelus
El Papa saludó a varios enfermos al término del Angelus

La salud no puede ser definida solamente, de modo simple y negativo, como la ausencia de enfermedad. La salud es mucho más: es la base sobre la que construimos nuestras existencias personales y familiares y nuestras vidas en comunidad. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la define como un “estado de completo bienestar físico, mental y social”.

La salud para cada individuo se constituye en el motor de la existencia y en el recurso y tesoro más valioso que poseemos, pues, sin ella, todas los demás objetivos y aspiraciones humanas se convierten en imposibles, en quimeras.

Gracias a la salud, los seres humanos gozamos de autonomía, de libertad, podemos alcanzar un desarrollo potencial, calidad de vida, éxito, longevidad y la satisfacción cotidiana que nos impulsa a la búsqueda de la verdad, del sentido de la vida y de la felicidad.

La importancia de la salud explica que la salud sea uno de los derechos fundamentales de la persona humana. Por estas mismas razones personales, la salud se convierte, también, en el motor de progreso de toda sociedad. Gracias a la salud las comunidades desarrollan productividad económica, desarrollo de los individuos, cohesión social, sostenibilidad de los sistemas gubernamentales de salud. La salud, entonces, no debería ser – en ninguna sociedad – un privilegio sino una garantía social que asegure la vida digna de todo ser humano.

cada ser humano enfermo nos aterriza y nos recuerda la verdad de nuestra condición humana humilde, frágil, vulnerable y necesitada de solidaridad

Y, ¿por qué hablar de la IMPORTANCIA DE LOS ENFERMOS EN LA SOCIEDAD? Porque cada ser humano enfermo nos aterriza y nos recuerda la verdad de nuestra condición humana humilde, frágil, vulnerable y necesitada de solidaridad. Porque cada enfermo nos convoca a la empatía y a la compasión y misericordia fraternas. Y porque cada hermano enfermo o enferma nos invita al cuidado y al respeto por la inalienable e inviolable dignidad de todo ser humano. 

Del mismo modo, cada enfermo y cada enfermedad se constituyen en motores de la investigación científica médica y, gracias a ello, ocurre el desarrollo y progreso de los servicios sanitarios sociales. Los enfermos, además, contribuyen a la unidad y a la cohesión familiar y social y a la valoración, en todos, de la salud y de estilos de vida más saludables para la prevención colectiva de las enfermedades. En definitiva, los enfermos miden y muestran la calidad ética y moral de una sociedad.

Finalmente, LA FIGURA DEL SAMARITANO en la parábola de Jesús de Nazaret, lema de esta Jornada Mundial del Enfermo 2026, nos invita siempre a vivir en el amor que sirve, especialmente a amar al hermano caído, en necesidad. 

Pero, ¿Qué tenemos que hacer para alcanzar la vida eterna? ¿Qué tenemos que hacer para ser felices? Tenemos que practicar la misericordia. Pero, ¿Cómo amar?: Tratar a los demás como el buen samaritano, que:

  • Aunque iba de viaje, es decir, estaba ocupado en sus asuntos…
  • Llegó al lugar donde se encontraba el necesitado: se abajó, se aproximó, tomó la iniciativa,
  • Lo vio: porque casi siempre pasamos de largo sin querer ver al otro y sus necesidades,
  • Sintió lástima, compasión, piedad, misericordia. Es decir, estremecimiento interior de todo el ser. Estremecimiento que empuja a actuar, a solucionar, a sanar, a salvar,
  • Se le acercó,
  • Le vendó las heridas,
  • Con aceite y vino: productos de lujo en la época,
  • Lo montó en su propia cabalgadura: en su propia historia personal y en sus mismas condiciones de vida,
  • Lo llevó a una posada: el mejor hospedaje de la época,
  • Lo cuidó: se comprometió con la vida del hermano en necesidad,
  • Pagó - anticipadamente - por sus cuidados,
  • Pidió que cuidarán de él,
  • Se comprometió a regresar por él,
  • En fin: hizo suyos los problemas del otro.

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