Expresiones clave del cristianismo (V)
Ho ártos ho dsôn/ panis vivus. El pan vivo. Todo pan está vivo. Nos recordaba Guerra Junqueiro en su poemario Os Simples que el pan que nos da fuerza y alegría, que mantiene nuestra vida, fue en su día, como el Cuerpo de Jesús, granos de cereal que tuvieron que ser sistemáticamente triturados, transformados en harina, luego mezclado con agua, sal y levadura, después amasado y fermentado y, finalmente horneado. Jesús es nuestro trigo triturado, del que salió sangre y agua, tras ser crucificado, y que, tras resucitar, en la más maravillosa fermentación con un cuerpo glorioso, nos da ese cuerpo convertido en pan vivo que nos da la vida eterna.
Kêrýxai tôi laôi/praedicare populo. Predicar al pueblo. La Iglesia nació para predicar al pueblo y salvarlo con su palabra predicada. Quienes critican a los curas que se atreven a hacerlo diciendo que hacen política tienen razón. Pero es la Razón que quiere Dios.
Kritês dsôntôn kaì nekrôn/iudex vivorum et mortuorum. Juez de vivos y muertos. Jesús quiere salvarnos a todos, a los vivos y a los muertos. Los muertos son tan Iglesia viva como los vivos, y deben ser redimidos. Jesús es un Juez Salvador, un Juez Clemente, un Juez que siempre sentencia a favor del reo.
Ek peritomês/ex circumcisione. El pueblo de Dios sale de los límites del pueblo judío; no tiene una etnia singular, ni una lengua propia, ni una nación predilecta. Toda criatura humana forma parte del pueblo de Dios.
Mêti tò hýdor dýnatai kôlýsai tis/( non) aquam quis prohibere potest. Nadie puede prohibir el agua. Nadie puede prohibir beber del agua que nos trajo el Cristo para la salvación. Ni la propia Iglesia. Jesús y su mensaje vinieron al mundo para todos. Nadie posé a Jesús y a su mensaje en exclusiva. El mayor pecado que puede cometer la Iglesia y, en ocasiones, lo ha cometido, es prohibir a Dios: Kôlýsai tòn Theón/ prohibere Deum.
Hai tríches tês kephalês/capilli capites. Los pelos de la cabeza. Dios nos quiere todavía más que una madre a su bebé y hasta cuenta los nuevos pelos que nacen cada día de la cabeza de cada rorro y los viejos pelos que caen a cada también le interesan.
Eláloun kaì pròs toùs Hellênas/loquebantur at ad Graecos. Hablaban también a los griegos. San Lucas en Los Hechos de los Apóstoles subraya repetidamente el hecho de que las primeras comunidades cristianas hablaban con los griegos. Y hablar con los griegos – y oírlos – es hablar y oír a la más evolucionada etnia de seres humanos que ha existido.
Áxios/dignus. Digno. En un principio, en el Mundo Clásico, la dignidad ( “dignitas” en latín, “axíoma” en griego ) era el comportamiento social propio que el ciudadano debería tener en relación a la clase social a la que pertenecía – v. gr. las cuatro de Solón en Atenas, o las cinco clases de la República Romana -. Es así que no existía un comportamiento/dignidad universal, sino que cada clase social tenía el suyo. La primera revolución de la dignidad la produce Pericles con el segundo discurso – el famoso Discurso Fúnebre - que nos aparece en el Libro II de La Guerra del Peloponeso, de Tucídides. Pericles transforma el nombre neutro “axíoma” en un nombre de acción, “axíosis”, con el sentido de la dignidad que tiene cada ciudadano, con independencia a la clase social a la que pertenece, en relación con el bien concreto que hace a la comunidad y a la pólis, a través de los impuestos, la amabilidad y la exposición de su vida en el campo de batalla. La segunda revolución la lleva a cabo Jesús, haciendo de la dignidad un concepto absolutamente universal: todos los seres humanos somos dignos, por encima de su origen social, nacional, étnico, racial o religioso.
Ho heurôn/qui invenit…apolései/perdet. El que encuentra…pierde. Ho apolésas/qui perdiderit…heurêsei/inveniet. El que perdió…encontrará. La Creación de Dios está de tal modo configurada que el que se da o se pierde por los demás, se deja llevar por el camino trazado por el Reino de Dios, es el único que encuentra la beatitud. No perderse por los demás supone haber perdido la carrera de la vida.
Apekálypsas autà nêpìois/revelasti ea parvulis. Revelaste estas cosas a los niñitos. Tanto “nêpios” como “parvulus” es el niño muy pequeño, que hace poco ha comenzado a andar. Sólo esta cara del poliedro humano entiende lo que Dios quiere de nosotros. Es por ello obligado observar a los niños pequeños si queremos entender el mensaje de la divinidad.
Tò phortíon mou elaphrón estin/onus meum leve. Mi carga es ligera. En contra de lo que parecen indicar algunas sectas y corrientes poderosas de la Iglesia Católica el cristianismo no es oneroso, sino liberador, como todo aquello que uno da con amor.
Ploîon/navicula. Barca. Eso es la Iglesia, la Barca de Pedro. No una trirreme, ni una quinquerreme, ni una pentecóntera, ni un portaviones, ni un acorazado, ni una fragata, pero tampoco un lujoso transatlántico, ni un megayate, ni un crucero de alto standing. Es una navecilla en medio de un mar en el que a veces estalla la galerna y las tormentas.
Epachýnthê kardía/incrasatum cor. Corazón gordo, lleno de grasa, y embrutecido. Un corazón lleno de grasa, esclerótico, es un corazón que ni siente ni padece las desgracias o dichas de sus hermanos los hombres. La voracidad siempre insatisfecha del cerdo en su pocilga tiene una fracción de sensibilidad que no la posee el hombre con el corazón graso.
Hê mérimna tou ayônos kaì he apátê toú ploútou/sollicitudo saeculi istius et fallacia divitiarum. La inquietud del mundo y el engaño de las riquezas. Las riquezas se mueven cercanas a los campos semánticos de ilusión fraudulenta, granujería y magia; todo ello contrapuesto al mensaje cristiano.
Mainêi/Insanis. Estás loco ( o loca ). Eso llamará siempre el mundo al discípulo de Cristo.
Tárachos/turbatio. Perturbación o desorden. Mientras el Reino de Dios no se establezca en todo el mundo, el espíritu cristiano, el alma divina de Jesús, perturbará el mundo y nuestros corazones. El cristianismo no tiene nada que ver con la ataraxia epicúrea o la apáthêia estoica, en la que la búsqueda de la felicidad – la persuit of happiness jeffersoniana – es cosa individual y personal. Nuestra auténtica felicidad cristiana supone la felicidad de los hermanos los hombres; de ahí que en ese empeño causemos desorden.
Typhlós/caecus. Ciego. San Lucas “ve” al ciego como viviendo en un mundo donde todo es “achlýs/caligo”, obscuridad, sombra, niebla, y “skótos/tenebrae”, tinieblas. “Achlýs” también designa a las cataratas oculares. ¿Castigó San Pablo al amigo del procónsul Sergio Paulo con cataratas? El mago vive sin luz.
