Francisco: Del servicio a la misión

Un año sin el papa Francisco

Ya un año de la muerte del Papa Francisco. Un año en que las sensaciones encontradas se adueñaron de la situación… Y después, el regalo del Señor vino en envase agustino con el Papa León

Papa Francisco
Papa Francisco
Alberto Roselli. Diácono. Periodista
19 abr 2026 - 18:35

Ya un año de la muerte del Papa Francisco. Un año en que las sensaciones encontradas se adueñaron de la situación. No las mismas que en 2013 abrían una expectativa a la esperanza; sino las que desafiaban a confiar en el Espíritu Santo después de un pontificado cargado de nuevos aires, de la paz de quien se sabe amado por un Dios cercano, de desafíos y sorprendentes gestos cotidianos de respeto por la dignidad de todos, de un pontífice que no temía bromear y reírse como cualquier ser humano.

Como pasó con Maradona, Francisco dejó claro que el estilo argentino puede ser aceptado o no, discutido, defendido, atacado, cuestionado, denostado y hasta desestimado: pero nunca ignorado. Ni por unos ni por otros.

El regalo del Señor vino en envase agustino con el Papa León que sin ser Francisco –gracias a Dios!- a esta altura deja claro que la verdad del Evangelio y la misión de la Iglesia -que es anunciarlo, vivo y actual- no admite presiones políticas ni económicas.

León XIV
León XIV

Son muchas las diferencias entre Francisco y León, y muchísimas más las coincidencias, sobre todo en lo básico: la persona humana, toda, es más importante que la doctrina pura; porque Jesús vino a salvar a cada uno y no a instituciones por más sagradas que sean.

Entrar en detalles acerca de las cosas que dejó Francisco como legado o en aquellas donde debió hincar el diente o profundizar y dejó la sensación de incompletitud, es una tarea inabarcable para un artículo.

Por eso es que proponemos aquí una vuelta de tuerca a dos conceptos de ninguna manera teóricos en los que vino insistiendo desde mucho tiempo antes de ser elegido para la tarea de pastorear la Iglesia toda: servicio y misión.

A esos dos vocablos Francisco los convirtió en desafíos vitales tan realistas como necesarios para cambiar el mundo con la fuerza del amor y la verdad.

Sus documentos fundamentales, discursos, mensajes e intervenciones están plagadas del esfuerzo por la propuesta de elegir el camino de Jesús, vivo y concreto, detallado en los Evangelios donde, fiel a su espiritualidad jesuita, la brújula es “en todo amar y servir”, como consigna San Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales.

En una homilía, el 26 de abril de 2018, detallaba cómo la Eucaristía y el lavatorio de los pies son las dos dimensiones de la vida de la Iglesia, que van juntas; el amor y el servicio nunca van ni independiente ni individualmente.

El 20 de octubre de 2024 dirá que “el servicio nace del amor” y el febrero del 2023 afirmará que “el que sirve se hace pequeño (…) sin embargo da frutos”.

El magisterio de Francisco está maravillosamente plagado de estas caricias activas acerca de lo que significa ser cristianos.

Francisco en lavatorio de pies
Francisco en lavatorio de pies

Puede que desde allí sea útil comprender sus posturas acerca de lo que significa ser discípulos misioneros o que trabajemos por una iglesia servidora y misionera, hospital de campaña y samaritana.

El “sí” del servicio activa la misión

En esta línea aportamos aquí algunas líneas de provocación para redescubrir estas dos dimensiones.

El “si” de respuesta a la vocación es el “si” a la invitación del Señor a ser servidor, a ser discípulo.

La respuesta vocacional, desde el bautismo a las vocaciones consagradas, es un “si” a servir.

Y una vez dada se verá concretada en la misión. Primero es el sí” al servicio, y luego aceptar la misión concreta de vida que se nos confíe. Que hoy puede ser una y mañana otra, Son las circunstancias, el plan de Dios, el que define qué y cómo hacerlo. Mientras que aceptar su llamado es para servir.

El mismo Cristo es quien enseña que “no he venido a ser servido sino a servir”, concretando en su tiempo y realidad el modo de hacerlo, su misión particular.

En la anunciación, a la invitación del ángel; María no responde: “he aquí la misionera del Señor…” sino que claramente afirma: “he aquí la servidora del Señor”, para luego decir “hágase en mí según tu palabra”.

Es por eso que la misión se renueva en el tiempo y sus circunstancias mientras que el “Sí” a ser servidor se ratifica cada día.

Esta es la base de la sinodalidad, del caminar juntos escuchándonos, discerniendo y decidiendo qué dice el Espíritu.

Este criterio es el que fundamenta que los ministros ordenados no somos superiores ni jefes del resto del Pueblo de Dios del que salimos, sino sus servidores, sus facilitadores de camino, sus hermanos; desde el último consagrado hasta el Papa; porque los que nos consagró primero fue el bautismo.

Ratificar cada día el “si” del “Señor, quiero servirte” en el mano a mano con Dios: una tarea fundamental para ser Iglesia.

Renovar ese “si” en la misión cotidiana con responsabilidad y alegría: el modo de hacer cotidiana la siembra del anuncio del Señor vivo y entre nosotros, que es quien hace crecer el fruto.

Misión
Misión

El amor de Dios ofrece día a día el misterio enorme de la profunda dimensión personal que se abraza con la dimensión colectiva haciéndose misión.

Francisco desde el cielo sigue sembrando el dinamismo de la alegría que invita ser servidores-discípulos misioneros. Es un regalo del Buen Dios: la vocación y Francisco.

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