Intercedamos este Miércoles de Ceniza para el cese los actuales exterminios
"Además de recordar nuestra mortalidad, reconocer nuestros pecados y volver nuestro corazón a Dios, en este Miércoles de Ceniza nos urge orar intensamente a Dios por el cese los actuales exterminios y descartes de personas"
Hace unos días una ahijada me decía que el mundo estaba muy mal y que se sentía incómoda porque le parecía que no estaba haciendo nada al respecto. A partir de este planteo quería compartir mis reflexiones, ante la proximidad del Miércoles de Ceniza.
El Miércoles de Ceniza es el comienzo del tiempo litúrgico de la Cuaresma, cuarenta días (como el período de ayuno de Jesucristo en el desierto) antes del Jueves Santo, un tiempo de penitencia con las prácticas de la oración, ayuno y limosna, para prepararnos para la Pascua, dejando atrás nuestras ataduras y confiando en la Providencia de Dios.
En la Santa Misa de este día se realiza la imposición de ceniza a los fieles en la cabeza. Veamos lo que estas cenizas representan en la Biblia:
- Dios le dice a Adán luego de la Caída: “Porque eres polvo y al polvo tornarás” Gn 3,19. La ceniza es un símbolo de nuestra mortalidad, ya que tras la Caída estamos sujetos al sufrimiento y a la muerte. Luego de nuestra muerte, nuestro cuerpo vuelve a ser polvo y cenizas.
- El polvo y la ceniza también representan el arrepentimiento del pecado: “Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza” Jb 42,6.
- Intercesión por otros, leamos a Daniel haciendo penitencia por el pecado de su pueblo en una oración de súplica intensa: “Volví mi rostro hacia el Señor Dios para implorarle con oraciones y súplicas, en ayuno, sayal y ceniza” Dn 9,3. Y en el primer libro de Macabeos en la intercesión ponen cenizas en sus cabezas: “Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron sus vestidos” 1 M 3,17. Veremos otro caso de intercesión más adelante.
Tomando en cuenta la invitación de Jesús a hacer penitencia secretamente (Mt 6,1-8), a algunos les resulta extraño este rito solemne y público de imposición de cenizas en la cabeza de toda la asamblea cada Miércoles de Ceniza. Pero miremos la primera lectura del Miércoles de Ceniza: un ayuno público en un día oficial de ayuno, que se describe en el libro de Joel, donde los sacerdotes y ministros llaman a todo el pueblo para unirse en comunión en un ayuno colectivo, como signo comunitario de arrepentimiento de sus propios pecados pero también como súplica por los pecados de otros: “«Mas ahora todavía - oráculo de Yahveh - volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos, con lamentos.» Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios, porque él es clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia… ¡Tocad el cuerno en Sión, promulgad un ayuno, llamad a concejo, congregad al pueblo, convocad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los pequeños y a los niños de pecho! Deje el recién casado su alcoba y la recién casada su tálamo. Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Yahveh, y digan: «¡Perdona, Yahveh, a tu pueblo, y no entregues tu heredad al oprobio a la irrisión de las naciones!...” Jl 2,12-18.
El motivo del ayuno y esta oración es desgarrar nuestros corazones y convertirnos a Dios de todo corazón. Porque la Cuaresma es un tiempo propicio para que volvamos a Dios de nuestra vida de pecado y alejada de Dios, para sabernos hijos amados por Dios, amarlo con nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente, y con todas nuestras fuerzas. También en el Salmo que se lee el Miércoles de Ceniza, el Miserere, es un salmo de arrepentimiento que pide misericordia y un corazón puro al Señor. Y en esto nos ayuda el ayuno: a enfocarnos en Dios en vez de estar atornillados en lo externo y material.
Este intenso día de oración nos recuerda que comenzamos la Cuaresma, para purificarnos de tantas apariencias y disfraces que empañan nuestro ser verdadero -lo que realmente somos- para estar atentos a volver a Dios con la penitencia secreta en este tiempo litúrgico: por eso el Evangelio que se lee ese día nos dice que practiquemos la oración, ayuno y la limosna en secreto Mt 6,1-6 16-18.
También los judíos tienen la festividad de Yom Kipur, conocido como Día del Perdón, enfocado en la expiación, el arrepentimiento sincero y la reflexión, con un ayuno riguroso, abstinencia de placeres físicos, oraciones intensas y vestimenta blanca.
La intercesión de Ester para evitar el exterminio de su pueblo
Un caso adicional de intercesión por otros con oración intensa, ayuno, cenizas y sayal se relata en el libro de Ester.
Estando los judíos en el exilio babilónico, se ven amenazados por el odio del visir Amán -segundo en el reino, que se llenó de ira porque Mardoqueo -un judío- ni doblaba la rodilla ni se postraba ante el pasaje de Amán (cosa que había ordenado el rey Asuero), por lo que convenció al rey Asuero de exterminar a los judíos -jóvenes y ancianos, niños y mujeres, y saquear sus bienes- de todas las provincias del reino, al considerarlo un pueblo hostil opuesto a las leyes y que rechaza constantemente las órdenes reales.
La noticia llegó a la reina Ester, sobrina de Mardoqueo, que era judía: “Cuando Mardoqueo supo lo que pasaba, rasgó sus vestidos, se vistió de sayal y ceniza y salió por la ciudad lanzando grandes gemidos, hasta llegar ante la Puerta Real, pues nadie podía pasar la Puerta cubierto de sayal. En todas las provincias, dondequiera que se publicaban la palabra y el edicto real, había entre los judíos gran duelo, ayunos y lágrimas y lamentos, y a muchos el sayal y la ceniza les sirvió de lecho. Las siervas y ennucos de Ester vinieron a comunicárselo. La reina se llenó de angustia” Est 4,1-4.
Primero Ester le pide a Mardoqueo que los judíos ayunen por ella: “Ester mandó que respondieran a Mardoqueo: “«Vete a reunir a todos los judíos que hay en Susa y ayunad por mí. No comáis ni bebáis durante tres días y tres noches. También yo y mis siervas ayunaremos. Y así, a pesar de la ley, me presentaré ante el rey; y si tengo que morir, moriré.» .Se alejó Mardoqueo y cumplió cuanto Ester le había mandado.” Est 4,16-17.
Luego Ester oró al Señor vistiéndose de angustia y duelo, y echando sobre su cabeza ceniza y suciedad: “Y la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor. Despojándose de sus vestiduras lujosas, se puso ropas de angustia y aflicción; y, en lugar de sus refinados perfumes, cubrió su cabeza de polvo y basura. Humilló extremadamente su cuerpo con ayunos, cubrió totalmente su aspecto alegre con sus cabellos desordenados y suplicó al Señor, Dios de Israel, diciendo: «Señor mío, rey nuestro, tú eres el único. Defiéndeme que estoy sola y no tengo más defensor que tú, porque yo misma me he puesto en peligro… Acuérdate, Señor; manifiéstate en el tiempo de nuestra tribulación y dame valor, rey de los dioses y dueño de todo poder. Pon en mi boca la palabra oportuna cuando esté ante el león y cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca y termine con él y con los que piensan como él. Pero a nosotros sálvanos con tu mano y defiéndeme a mí, que estoy sola, y no tengo a nadie fuera de ti, Señor… ¡Oh Dios, que todo lo dominas!, atiende a la voz de los que pierden la esperanza y líbranos de la mano de los malvados. Y líbrame de mi temor». Est 17k-17z (LXX).
Por la intervención de Ester frente al rey Asuero, el pueblo judío se salvó del plan de exterminio, y se instituyó la fiesta de los Purim, que se sigue celebrando en la actualidad, y está precedida por un día de ayuno para la reflexión, el arrepentimiento y la oración (Ayuno de Ester).
Intercedamos este Miércoles de Ceniza por el cese los actuales exterminios
Además de recordar nuestra mortalidad, reconocer nuestros pecados (me viene a la mente el gran pecado de una Iglesia dividida y debilitada), y volver nuestro corazón a Dios, en este Miércoles de Ceniza nos urge -con la ayuda del ayuno- orar intensamente a Dios por el cese los actuales exterminios y descartes de personas. Parecería que nos hemos olvidado de Dios, del amor al prójimo, de la infinita dignidad de cada ser humano, donde prevalecen algunos que se creen superiores a los demás y utilizan su fuerza y dominio para el exterminio y el descarte de personas.
Señor Dios, ten piedad de tu Pueblo que en muchos lugares
sufre el exterminio, el descarte, la persecución, la violencia, el
abandono e infinidad de males.
Príncipe de la paz, tú que venciste al odio con el amor, trae
armonía al mundo, que se supere el odio con la
reconciliación, consuela el corazón herido de tus hijos,
haznos instrumentos de tu paz, conmueve nuestros
corazones endurecidos y guía nuestros pasos al amor
fraternal.
Amén.
