“Magnifica humanitas” vista por un filósofo, una teóloga y un responsable de la Iglesia en España

Las voces como las del filósofo Santiago Alba Rico, la teóloga Antonina Wozna y el director de la Pastoral del Trabajo, Antonio J. Aranda, permiten un primer acercamiento a un debate global que no ha hecho más que empezar sobre la primera encíclica de León XIV

Presentación de 'Magnifica humanitas' en el Vaticano
Presentación de 'Magnifica humanitas' en el Vaticano | EFE
26 may 2026 - 19:06

(Jose Luis Palacios / Noticias Obreras).- La encíclica Magnifica humanitas de León XIV está despertando un gran interés que trasciende el perímetro de la propia Iglesia. Las voces como las del filósofo Santiago Alba Rico, la teóloga Antonina Wozna y el director de la Pastoral del Trabajo, Antonio J. Aranda, permiten un primer acercamiento a un debate global que no ha hecho más que empezar

Para el filósofo Satiago Alba Rico, Magnifica humanitas “aborda el verdadero conflicto al que nos enfrentamos en una encrucijada civilizacional”: la disputa entre humanidad y posthumanidad, marcada por el avance de la inteligencia artificial y lo que denomina “nuevo feudalismo tecnológico”.

La teóloga Antonina Wozna interpreta la encíclica como “la culminación de un ambicioso proyecto de actualización del compendio de la doctrina social de la Iglesia”, iniciado en 2020.

Desde la pastoral del trabajo, su director Antonio J. Aranda, celebra que Magnifica humanitas vuelva a colocar a la persona en el centro de la vida social y económica en plena “cuarta revolución industrial”.

A juicio de Alba Rico, León XIV toma partido por una “magnífica humanidad” que reconstruye –como Nehemías– frente a la “hybris de Babel”, que amenaza la unidad humana desde un orden económico que erosiona pluralidad e igualdad. Este pensador y escritor destaca que la encíclica se distancia tanto del posthumanismo tecnocrático como del “humanismo capitalista” de corte reaccionario.

La cuestión social y la cuestión tecnológica

“La encíclica también reivindica un concepto de humanidad que no coincide con el del conservadurismo reaccionario de un Bannon, que defiende, es verdad, el humanismo frente al posthumanismo, pero un humanismo ‘capitalista’ que querría eliminar las diferencias y garantizar el orden jerárquico social”. Sin duda, aclara, a “León le preocupan al mismo tiempo la cuestión tecnológica y la cuestión social”.

Por su parte, la teóloga Wozna aporta un dato revelador: mientras “inteligencia” aparece 21 veces, el término “persona” supera las 1.200 menciones, lo que confirma el enfoque personalista del Pontífice. “El concepto central es el de ‘persona’”, subraya, y añade que “León XIV evita polarizar el debate en torno a la tecnología, siguiendo el ejemplo de Laudato si’, y propone una reflexión desde la dignidad y la centralidad de la persona humana”.

Si bien “la encíclica reconoce que el progreso tecnológico, especialmente el digital, ha transformado radicalmente las condiciones de vida”, lanza una advertencia sobre los riesgos de un enfoque excesivamente antropocéntrico. No obstante, considera que la reflexión no logra superar completamente esa visión.

El Papa pone de relieve dos extremos del desarrollo tecnológico: por un lado, las condiciones de vida de las personas en las ‘periferias existenciales’ (pobreza, vulnerabilidad, precariedad); por otro, el deterioro del ambiente natural. Ambos fenómenos, según León XIV, pertenecen al mismo mundo y deben ser abordados conjuntamente, no de manera aislada”, señala.

Una visión integral

De hecho, para Wozna, “esta perspectiva integradora es uno de los aportes más significativos del documento, pues invita a superar la fragmentación de los problemas sociales y ecológicos”. La teóloga insiste en que la encíclica supone un intento por “actualizar la doctrina social de la Iglesia desde el prisma de las ventajas y desventajas del uso indiscriminado de las técnicas digitales”.

“El Papa aboga por una conciencia auténticamente humana, más que por una inteligencia, donde la capacidad de desear el bien –no solo privado, sino también el bien común– sea el rasgo distintivo de la persona”, afirma. Este enfoque “no menoscaba los logros de la humanidad en el campo de la inteligencia artificial, sino que los sitúa en el contexto de una ética del cuidado, la justicia y la solidaridad”.

En definitiva, “la encíclica ofrece una visión renovada y profundamente humanista, orientada a la generación digital y a los desafíos globales, proponiendo una Iglesia sinodal, comprometida con la dignidad de cada persona y la protección de la casa común”.

Por su parte, Aranda pone el acento en la comprensión del trabajo humano que recoge el documento junto con su empeño por la justicia social en la era digital.

Llama la atención sobre el párrafo en que se dice que “el Magisterio ha reconocido en el trabajo ‘la clave esencial’ para comprender la cuestión social en su totalidad, ya que a través de él la persona desarrolla muchas dimensiones de su propia existencia…”, lo que lleva a León XIV a recordar que “por estas razones, el trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida”.

La encíclica no es ajena al grave problema de desempleo asociado a esta “cuarta revolución industrial”, cuando dice que “es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales”.

Aranda también subraya de la encíclica una denuncia más que oportuna: “En muchos sectores, esto ya se traduce en nuevas formas de precariedad y desigualdad, con remuneraciones muy elevadas para una minoría altamente especializada y salarios cada vez más bajos para una gran parte de la población activa”.

Un nuevo pacto social

En este sentido, recoge el llamamiento de León XIV a promover un gran pacto social para afrontar los profundos cambios a los que nos enfrentamos, cuando escribe que “es necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables políticos, las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad científica para elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas y consensuadas, también a nivel internacional”.

Sin duda, dice Aranda, “en este punto, se hace necesario reflexionar sobre el papel que la Iglesia debe desempeñar en la construcción de estos pactos, al estilo de lo ya realizado en nuestro país para facilitar la regularización de las personas migrantes”.

En lo que respecta a la pastoral del trabajo en España, la encíclica Magnifica humanitas, admite, “nos va a ayudar a centrar y orientar el trabajo que venimos realizando, prestando una atención especial a las nuevas situaciones que están surgiendo en el mundo laboral con la irrupción de la IA, la robotización y las nuevas tecnologías”.

Más en concreto, “nos interpela a atender las situaciones de precariedad y desempleo que previsiblemente aumentarán, así como a la necesidad de crear alianzas sociales para afrontarlas”, concluye.

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