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El miedo de la Iglesia a la simplicidad

La simplicidad del Evangelio es una forma de desnudez

“Dejen el desánimo para tiempos mejores”

(Dolores Aleixandre).-Oí tus pasos en el jardín, me entró miedo porque estaba desnudo y me escondí" (Génesis 3,10). De ese "miedo original" a la desnudez venimos y el intento de esconderla nos viene también de lejos. Los discípulos heredaron ese ser asustadizos pero, cuando Jesús los regañaba por sus miedos, sus reproches iban dirigidos más a su torpeza que a su maldad, cosa que es casi peor, porque ser corto es más irremediable que ser perverso.

La simplicidad del Evangelio es una forma de desnudez que tememos porque nos pone en contacto con nuestra pobreza esencial y, si tratamos de disfrazarla y disimularla, es más por escapar de esa humanidad frágil que nos constituye que por apego al lujo o por ese "desenfrenado hedonismo" que los documentos eclesiales tanto critican. Se diría que hemos entendido al revés el dicho de Jesús sobre los lirios del campo: en vez de aprender de su sencilla belleza nos hemos quedado embobados ante las purpurinas de la corte de Salomón. Y de ahí arrancan los problemas.

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