Cuando migra la razón
Respuesta de Cristianos Socialistas a las palabras del párroco de la Oliva contra las "paguitas y subsidios generalizados" otorgados por el Gobierno
Tener una responsabilidad como representante de cualquier institución, en un ámbito de actuación público, supone, además del compromiso con la organización que representa, un compromiso y una responsabilidad con la comunidad en la que se está desarrollando la labor. Si, además, dicha labor conlleva la búsqueda del bienestar y la mejora de las condiciones de estar, ser y vivir de las personas, entonces hay que añadir una responsabilidad adicional de entrega, honestidad y altruismo.
Pues bien, acabamos de ver cómo un representante de la Iglesia católica, de la comunidad cristiana más representativa y poderosa en la gestión del Evangelio y de la palabra de Jesús, se olvida de esos compromisos y de sus obligaciones cristianas. Señor Conde, ser párroco de una comunidad cristiana católica, en la De la Oliva, enclavada en una de las zonas más deprimidas de nuestro país (Polígono sur de Sevillla) debería ser un motivo de orgullo cristiano. Estar entre quienes más sufren y necesitan debe dar más sentido a la misión personal que usted eligió al hacerse sacerdote, y a la misión encomendada por su organización religiosa.
Sin embargo, de sus recientes palabras se extraen sentimientos embarrados de insolidaridad y falta de fraternidad. El compromiso y la ayuda con quienes lo necesitan no pueden tener dudas, ni precio, ni imposiciones para quien dedica su vida a transmitir y cumplir el mensaje de quien dijo: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:35); y “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mateo 25:40).
En cualquier caso, sus palabras, señor Conde, no son lo peor. Sus palabras forman parte y reflejan un concepto dañino: que el necesitado que no es igual a mí es un peligro. Esto, que es un sinsentido evidente, carece de datos empíricos, sociales o antropológicos que lo sustenten. Forma parte de una porción del ideario colectivo histórico que tradicionalmente se ha utilizado para imponer ideologías unívocas, insolidarias y retrógradas, que van a contracorriente de la vertiente humanista de la persona, la que nos hace ser y sentirnos iguales y pensar de manera integradora, solidaria y comprensiva, con capacidad de aprender y evolucionar a partir del enriquecimiento que supone la multiculturalidad y las sinergias que produce esta.
Señor Conde, ser párroco de una comunidad cristiana católica, en la De la Oliva, enclavada en una de las zonas más deprimidas de nuestro país (Polígono sur de Sevillla) debería ser un motivo de orgullo cristiano. Estar entre quienes más sufren y necesitan debe dar más sentido a la misión personal que usted eligió al hacerse sacerdote, y a la misión encomendada por su organización religiosa
Compartir, querido párroco, es dar sin pedir nada a cambio a quien necesita ayuda; es no juzgar, fiándose de bulos,. Usted ha formado parte de la reproducción de un juicio verbal que condenó a un extranjero “diferente”, disruptivo y singular, considerado peligroso para la simplicidad mental del momento y de quienes lo juzgaron. Y, sobre todo, machacado por bulos, prejuicios, mentiras y falacias creadas a propósito para cubrir otras realidades que nadie se encargó de contrastar y comprobar. ¿Le suena esto?
La migración humana forma parte de su condición; no es dañina ni peligrosa. Los seres humanos migramos en busca de un lugar donde poder vivir, incluso sobrevivir, de manera más acorde con nuestra dignidad. Quienes no tenemos necesidad de migrar debemos ser compasivos, solidarios y fraternos.
Y usted, señor párroco, tiene una gran responsabilidad en que todas las personas puedan vivir y convivir dignamente.
Atender o difundir bulos, alimentar diferencias y fomentar todo lo que no sea el compromiso de ayuda altruista puede significar que su vocación y/o su dedicación cristiana estén migrando. Si es así, y solo por esta vez, deseo que vuelva a su sentir y actuar cristianos, de donde nunca debió partir.
