El Papa León cumple un año: eligió el servicio
"Con su estilo y modo propio, el papa León viene dejando claro cuál es el camino del Evangelio: el servicio … Porque el servidor es el que sale, el que busca, el que va al encuentro … Porque la Iglesia o es diaconal o no es la Iglesia de Cristo"
Con su estilo y modo propio, el papa León viene dejando claro cuál es el camino del Evangelio: el servicio.
Lo muestra cuando habla, cuando escribe y cuando hace.
Todo indica que el Espíritu Santo viene decidido a renovar la faz de la tierra como si no quisiera perder más tiempo en políticas baratas, tolerancia de contubernios clericales, poses institucionales asépticas, inútiles temores teológicos de forma.
Lo que pedíamos: es distinto, muy distinto al papa Francisco.
Pero es su continuidad en el valor quizás más importante del Evangelio de Jesucristo: el servicio.
Es que desde el servicio, entendido desde la Trinidad hasta el último bautizado -inclusive del más recóndito ser humano que actúe con buena voluntad- es de donde debe partirse para aspirar a una vida con sentido de esperanza, donde la alegría es el síntoma de la paz y la mano extendida es la muestra de que nadie puede ser feliz solo.
Todo esto sin caer en la ingenuidad de no ver la realidad cargada de guerras, egoísmos, ejercicios de poder sólo para imponer miedo, luchas de intereses económicos, muestras de bestialismo –con perdón de las bestias- pretendiendo erigirse en árbitros del mundo.
Hacia dónde pretendo ir:
Así como el nombre de Dios es Amor y Misericordia, el del Jesús de los Evangelios es SERVICIO.
Al igual que su antecesor viene dejando claro que lo que le toca es servir como sirve un Papa. Que cuando fue obispo su esfuerzo fue hacerlo como tal; o como cuando fue cura; o como hijo, hermano, amigo o religioso
Porque el Amor y la Misericordia de Dios se encarnan en elegir el servicio como esencia del ser. Para eso se encarnó el Señor.
El papa León en este año una cosa sí ha demostrado: no está adonde está para exigir honras ni honores. Está como servidor.
Al igual que su antecesor viene dejando claro que lo que le toca es servir como sirve un Papa. Que cuando fue obispo su esfuerzo fue hacerlo como tal; o como cuando fue cura; o como hijo, hermano, amigo o religioso.
Y nos provoca a que nos atrevamos cada uno a intentar este modo de entender el Evangelio.
El servicio no es una tarea concreta, una actividad. Eso es la misión: hacer lo que nos toca aquí y ahora. Tanto lo que está en la agenda como lo que se nos va apareciendo en el correr de las horas y con quien se nos presente. Por eso Francisco decía: “no tenemos una misión. Somos una misión”.
Porque poner la vida y el alma en la tarea confiada es lo que nos pide ahora el Señor; y aceptar su criterio es amarlo a Él sobre todas cosas y a los demás.
El servicio es un “si” renovado cada día. Y eso lo que se transforma en misión concreta en el tiempo y en el espacio.
El servicio no es una tarea. Es una manera de ser persona.
Cada mañana nuestra oración bien podría ser: “Señor vengo a renovar mi “si”, como el de la Virgen. Dame tu Espíritu para hoy ser servidor. Donde quieras, como quieras, con quién quieras. Amén.”
El Padre envió a su hijo a servir; no a ser servido. Esta es toda una revelación que se encarna en el Jesús de los Evangelios. Es que no puede ser más claro.
Aquella frase del Señor “no he venido a ser servido sino a servir” con certeza ha nacido de la Virgen, que respondió al Ángel “he aquí la servidora del Señor” para ser la madre del Salvador y que inmediatamente entendió que la misiónera ir a ayudar a su prima embarazada.
El Papa León entiende con su vida que el Evangelio es eso.
Ante tanto personaje que disfrazado de rojo, negro, blanco, cuellito, ropa de marca, actitud de superioridad, exigente de espacios y títulos propios, de reverencias y obsecuencias, el Papa León da lecciones de que si somos consagrados, bautizados o personas de buena intención o, mejor, para serlo, la clave es ser servidores sobre todo en la actitud ante el Señor, para que eso se convierta en misión de anuncio a como dé lugar.
El servidor es el que sale, el que busca, el que va al encuentro.
El que se queda esperando que los demás vengan no es servidor. Es más bien gerente; administrador y no ministro.
La Iglesia o es diaconal o no es la Iglesia de Cristo.
Y es diaconal desde que nace en Pentecostés a imagen de la Trinidad, cuando anuncia oportuna e inopotunamente, cuando respeta los esquemas y cuando se sale de ellos adaptándose a los demás, cuando celebra los sacramentos, cuando deja las puertas abiertas para que todos puedan entrar.
Si lo sacerdotal no nace del servicio como modo de ser, no evangeliza. Expulsa.
Demos gracias por el Papa León. La Iglesia no está huérfana a pesar de tanto asesino de Evangelio. Y sobre todo, recemos por él. Asumió su misión el día de la Virgen de Lujan, patrona de la Argentina.
Cuando es Jesús el que está en medio se nota muy claramente: los pobres son consolados y los energúmenos se encienden de ira.
