Pascua 2026 en un monasterio benedictino: "Ya no es tiempo de penitencia, ¡Cristo ha resucitado!"
"La Pascua no es otra cosa que 'el paso de este mundo al Padre' (Jn 13,1). Que estos días de Pascua estén llenos de alegría espiritual para todos los creyentes, pues 'el gozo en el Señor es nuestra fortaleza' (Neh 8,10)"
Lo primero que suele venir a la mente cuando se piensa en la Semana Santa son imágenes de procesiones multitudinarias y otros actos públicos de devoción como los viacrucis. Sin embargo, los huéspedes que deciden pasarla en nuestro monasterio no verán ni una sola procesión, exceptuando la del Domingo de Ramos, que es sencilla y no utiliza ningún paso procesional. Esto puede resultar chocante, pero adquiere sentido cuando se comprende su verdadero significado: más allá del recuerdo de los hechos históricos de aquella semana (que tan bellamente se conmemoran en las imágenes que paseamos por nuestras calles), se trata de celebrar el misterio pascual.
La Pascua no es otra cosa que «el paso de este mundo al Padre» (Jn 13,1): de este mundo dominado por el pecado y la corrupción, a una nueva creación en la que la humanidad gozará de la vida eterna contemplando la gloria de Dios, un mundo donde reinará la libertad, la justicia y la santidad. Este paso es un proceso liberador que inaugura Cristo por su pasión, muerte y resurrección. Esta acción salvífica que se realiza entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección es el núcleo de toda la vida de la Iglesia, y no se celebra primariamente en actos populares en las calles, sino en la celebración litúrgica del Triduo Pascual, tanto en sus principales hitos (misa vespertina del Jueves Santo, celebración de la muerte del Señor, Vigilia Pascual) como en la oración común de la Liturgia de las Horas, que en el coro monástico marca el ritmo de nuestra jornada.
Mediante la celebración litúrgica y los sacramentos, el cristiano se inserta de forma más especial en estos días en el misterio pascual, y se hace beneficiario de sus frutos
De este modo, mediante la celebración litúrgica y los sacramentos, el cristiano se inserta de forma más especial en estos días en el misterio pascual, y se hace beneficiario de sus frutos. Y la Iglesia ha querido que esta fiesta de Pascua, que tiene su culmen en el Domingo de Resurrección, se prolongue durante 50 días hasta Pentecostés, ofreciendo así un «tiempo fuerte» imbuido de la alegría del Resucitado, que es esa «alegría del Espíritu Santo» con la que San Benito mandaba al monje ofrecer su penitencia cuaresmal. Pero ya no es tiempo de penitencia: Cristo ha resucitado, vive y está presente entre nosotros, y los amigos del Esposo no pueden ayunar mientras el Esposo está con ellos (Mc 2,19). Que estos días de Pascua estén llenos de alegría espiritual para todos los creyentes, pues «el gozo en el Señor es nuestra fortaleza» (Neh 8,10).
09610 Santo Domingo de Silos (Burgos)
