Rojigualdas e ikuriñas
El pasado día 3 y en estas mismas páginas, apareció un artículo en el que, básicamente, se criticaba a Monseñor Joseba Segura Etxezaraga (como lo escribiría Sabino Arana) obispo de Bilbo (en euskera lo que en castellano es Bilbao) por haber celebrado una misa el día de la Inmaculada en el cuartel del Regimiento de Infantería Garellano 45, con sede en Munguía, Bizcaia (traducción del castellano Vizcaya).
Resulta que la Comisión Permanente del Foro de Curas de Bizkaia (no tengo a mano la trascripción en batua de la entidad), había solicitado del Coronel Jefe de dicho regimiento, don Álvaro Moreno Hernán, una explicación de por qué en la foto tomada durante el acto, se veía al señor obispo celebrando la misa con una bandera española y una foto del Jefe del Estado Español, S. M. Felipe VI, en la pared del fondo. El Coronel Jefe contestó diciendo que había invitado al señor obispo a presidir la eucaristía ese día porque La Inmaculada es la patrona del regimiento y el obispo había aceptado. ¡Horror!, dice la Comisión Permanente. ¡Pecado mortal! Y aducen pruebas canónicas, diocesanas, vizcaínas, antivicariato castrense, en fin, que se armó la de Jainkoa (o sea, Dios). ¡Pobre don Joseba!
Pregunta: ¿Se hubieran sentido tan horrorizados los honorables canonistas miembros de la Comisión Permanente del Foro de Curas de Bizcaia si, en vez de la española, la bandera del fondo hubiera sido la Ikuriña? (de nuevo, versión Sabino). Señores comisionados, sean honestos y no se digan mentirijillas a sí mismos.
Pues, miren por dónde, a mí me hubiera gustado, y mucho, ver en esa foto y junto a la española, la Ikuriña, porque la hermosa Munguia (paraíso de los surferos y sin tilde en euskera) es parte de Euskal Heria. Pero ignoro cuál es el protocolo militar en lo que a vexilología se refiere y si se permite en un cuartel exhibir las banderas autonómicas, provinciales o locales al lado de la oficial española. Por otra parte, don Joseba dice claramente que “en Munguía (sic) o en Burgos celebraré de acuerdo con la normativa que rige en el vicariato castrense, no en nuestra diócesis, donde no se puede celebrar con banderas en ningún acto de culto” (y los de la Comisión Permanente y todos los que esto lean saben por qué). Y como no quiero meterme en políticas de ninguna clase, simplemente acepto las explicaciones más que claras y lógicas del coronel Moreno Hernán y del obispo Segura Etxezaraga y olvidándome de cánones y todas esas cosas citadas por los comisionados para probar que el obispo de Bilbo debe haber incurrido, como mínimo, en una Latae Sententiae, me voy a cosas más de sentido común.
Honestamente, me siendo un tanto ofendido cuando leo lo siguiente que los comisionistas han escrito: “Los símbolos estatales en el altar proyectan una imagen de Iglesia de Estado que resulta anacrónica”. ¿De veras? Pues entonces deben estar en las calderas de Pedro Botero San Pablo VI, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, ya que, a no ser que yo sufra de daltonismo y no me haya enterado, creo haberlos vistos más de una vez diciendo misa para grandes multitudes en sus viajes apostólicos con la bandera vaticana y la del país huésped cerca del altar en los grandiosos presbiterios preparados para el caso.
Soy católico y soy español, y muy orgulloso de ambas cosas. Decirme ahora que el hecho de que la bandera de mi país, luciendo en un presbiterio, proyecte una imagen de Iglesia de Estado, me parece hasta insultante. Además de las dos categorías mencionadas, soy un ciudadano español y también me considero orgulloso de ello, lo que me hace ver en esa bandera presbiterial que me representa a un país que rinde pleitesía al Todopoderoso. Nada de políticas de cualquier color. Bueno, sí: recuerdo a los del Foro de Curas de Bizcaia que, si quieren viajar fuera de la Union Europea, necesitarán un pasaporte; y, hoy por hoy, ese pasaporte será español; y en ese pasaporte aparece una bandera; y esa bandera no es la Ikuriña; y que, si alguien decide cambiarla en tal documento, intente explicarle la diferencia, por ejemplo, al tipo ese de pelo color canario y fundador de algo que se llama MAGA o a su policía de aeropuertos.
He tenido la suerte de viajar mucho y, ecuménico que me considero, he asistido a servicios religiosos en diferentes iglesias cristianas, amén de otras de diferentes credos, y he visto la bandera luterana, anglicana, metodista y otras, luciendo orgullosas en el presbiterio o equivalente al lado de la del país donde se celebra el evento. Y he vivido casi cuarenta años en Usamérica y he dicho y oído misas en más que numerosas, si no en todas, iglesias en las que la bandera del Vaticano y Las Barras y Estrellas lucían cerca del altar recordando a los asistentes que, entre otras cosas, ser un buen católico implica ser un buen ciudadano. En España, de paso, solo recuerdo haber visto las banderas española y vaticana en el Santuario de la Gran Promesa, en Valladolid. No están en el presbiterio, sino una a cada lado de la escalinata que sube a él. Me encantaría verlas en más iglesias.
En La Cándana de Curueño, una aldea en las montañas de León, mi dilatada familia tiene un complejo en el que cualquiera que pase por la inmediata carretera podrá ver lo siguiente: en el balcón del piso superior y en un mástil bien alto, ondea todo el año la bandera española; en un balcón de 50 metros, un piso más abajo y durante el verano (cuando todas las viviendas están ocupadas) se exhiben las siguientes: Aragón, Asturias, Cataluña, Colombia, Euskadi (Ikuriña), León, Navarra y Usamérica, que son los países o regiones de donde provenimos los habitantes del complejo. Y nunca, nunca jamás, ha habido el menor problema con esto, ni dentro ni fuera del complejo. Más aún, tenemos en nuestro haber un buen número de banderas de diferentes países y, cuando nos visita alguien de uno del que la tenemos, la colocamos, junto con la española, en el mástil principal. Y cuando digo española, pienso en la rojigualda, pero si algún día los españoles decidieran cambiarla, allí ondearía la que nuestros paisanos hubieran elegido, aunque fuese tan rara como la de Nepal, por más que interna y estéticamente a mí siguiera gustándome más la que actualmente me representa. ¡Faltaba más!
Y ya que hablamos de gustos estéticos, debo confesar que nunca me ha gustado la Ikuriña, por más que la honro porque así la han queridos los euskaldunak. Razones: a) porque ni Sabino ni Luis Arana la diseñaron como bandera del País Vasco, sino simplemente como representación de Bizcaia, aparte de que me recuerda demasiado la Union Jack tan querida por el anglófilo Arana; b) porque, habiendo vivido varios años en la actual Gernika (antigua Guernica) y añorando a menudo aquella hermosa y acogedora villa, no puedo menos de lamentar que Euskadi no esté representado por los dos lobos y el Gernikako Arbola del pendón de Vizcaya, cientos de años más antiguo que los dibujos vexílicos de Sabino. Esto dicho, Urte Beri On eta Agur Jaunok (en román paladino, Feliz Año y adiós, señores).
