Más allá del ruido está la dignidad: la regularización de inmigrantes como imperativo ético
"Es de vital importancia destacar el papel que está jugando la Iglesia española en este proceso. Al defender con firmeza la acogida y la regularización, las instituciones eclesiales y sus pastores nos recuerdan que el mensaje del Evangelio es universal y está por encima de intereses electorales o ideológicos"
En el día a día de la política, a veces nos perdemos en discusiones que parecen muy lejanas, pero lo que se está decidiendo ahora mismo sobre la inmigración es algo que nos toca a todos: qué clase de vecinos queremos ser y en qué tipo de país queremos vivir. A menudo, el ruido de las noticias nos impide ver una realidad muy sencilla: hay miles de personas que ya viven con nosotros, que trabajan a nuestro lado, que cuidan de nuestros mayores y que ayudan a que nuestros pueblos y ciudades sigan adelante.
Sin embargo, estas personas viven como si fueran invisibles porque no tienen papeles. Esto no es solo un problema de documentos; es una injusticia que les impide tener un contrato legal, alquilar una vivienda o ir al médico con total normalidad. Por eso, el paso que está dando el Gobierno de España no es solo una medida administrativa, es una cuestión de humanidad y de pura decencia.
Es importante saber que este cambio no ha llegado de repente por una decisión de despacho. Ha sido posible gracias a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) "Regularización Ya", que es la forma que tiene la gente de proponer leyes directamente. Durante años, cientos de asociaciones de vecinos, de trabajadores, distintas organizaciones, entre ellas Caritas Española y muchas comunidades cristianas de base han estado pidiendo esto en la calle. Han recogido firmas y han trabajado mucho para recordarnos que no podemos mirar hacia otro lado. Gracias a ese empuje de la gente normal, hoy estamos hablando de reconocer legalmente a quienes ya son, desde hace tiempo, parte de nuestra comunidad.
Desde Cristianos Socialistas-PSOE creemos que la política solo sirve, si ayuda a que todas las personas vivan con dignidad. Por eso, apoyamos la decisión valiente del Gobierno de Pedro Sánchez de escuchar esta petición social. España ha decidido elegir el camino de la integración mientras en otros países de Europa se habla de levantar muros o de cerrar puertas. El Gobierno actúa protegiendo a los que más lo necesitan, al igual que viene haciendo en otras cosas que nos importan a todos: como cuando pone normas para que internet sea un lugar más seguro para nuestros hijos, o cuando lucha para que los trabajos sean dignos y no precarios. Al final, se trata de una misma idea: que nadie se quede solo o desprotegido.
Sin embargo, esta defensa de la humanidad no solo es una tarea política. Es de vital importancia destacar el papel que está jugando la Iglesia española en este proceso. Al defender con firmeza la acogida y la regularización, las instituciones eclesiales y sus pastores nos recuerdan que el mensaje del Evangelio es universal y está por encima de intereses electorales o ideológicos.
Es muy revelador, y a la vez doloroso, que esta fidelidad a los valores de acogida le haya costado a la Iglesia los insultos y el señalamiento de la extrema derecha. Cuando los sectores más radicales atacan a los obispos o a las comunidades cristianas por el simple hecho de ayudar al migrante, están demostrando que su ideología es incapaz de comprender el significado real de la fraternidad y la caridad cristianas.
El apoyo decidido a la labor del Gobierno, el reconocimiento al inmenso trabajo de la ILP y la sintonía con una Iglesia que no se deja asustar por los insultos, es nuestra forma de trabajar por una patria que no se define por quién excluye, sino por cómo reconoce en el prójimo la medida de su propia humanidad
La regularización es, en definitiva, la mejor herramienta para construir una convivencia sana y segura para todos. Al documentar a las personas, las sacamos de los márgenes donde son víctimas fáciles de la explotación, el abuso y la economía sumergida. Al darles un marco legal, les devolvemos su lugar en la sociedad y les permitimos contribuir plenamente al bienestar común. Una democracia que acoge no se debilita, sino que se hace más fuerte, más cohesionada y mucho más justa.
Militar en el socialismo desde una raíz humanista nos exige defender que la fraternidad no puede ser solo una palabra bonita, sino un hecho práctico y cotidiano. Regularizar es elegir la esperanza frente al miedo y la integración frente al rechazo. El apoyo decidido a la labor del Gobierno, el reconocimiento al inmenso trabajo de la ILP y la sintonía con una Iglesia que no se deja asustar por los insultos, es nuestra forma de trabajar por una patria que no se define por quién excluye, sino por cómo reconoce en el prójimo la medida de su propia humanidad.
