Fue canonizada el 12 de mayo de 2013 por el papa Francisco Santa Laura Montoya, la mujer subversiva que esperó contra toda esperanza

Santa Laura Montoya
Santa Laura Montoya

"Laura es comparada con muchas doctoras de la Iglesia por sus aportes al fortalecimiento de la fe, su carisma intelectual y visión tendida el futuro desvelado y utópico, que sin duda lo fue impregnando la misión"

"Los obispos estaban en contra de la tenacidad y lo aventada que era Laura para ir tras las huellas de la cultura desconocida y abolida de la época, los indígenas, los salvajes como ella recurría llamarlo no discriminadamente, sino por ser los que vivían y cuidaban la selva"

"Hoy sigue su llamarada en la Iglesia que tanto amó, por la que se desgastó, especialmente la Iglesia colombiana, y la zona del Urabá, donde desempeño su labor misional; en su tiempo  contrariando las voluntades jerárquicas"

Laura Montoya, en su tiempo una histérica y pervertida, que reprimía alguna enfermedad extraña psíquica (en su tiempo considerada del demonio) porque al nacer no lloró, ni lo hizo hasta sus seis meses, mujer que más tarde  desafiaba los paradigmas de la jerarquía de la iglesia. Hoy día, Santa Laura Montoya.

La primera y única santa colombiana por el momento. Mujer que desde su infancia hasta sus últimos días sufrió martirios morales, contundentemente se puede hacer la alegoría con el modo cómo se le nombra en el bautismo. Su padre quería llamarla Dolores y su madre, Leonor.  En medio de la controversia e indecisión para colocarle el nombre, el  sacerdote abre el libro de los mártires, elige el primer nombre que apareció,  Laura. Así se desglosa su vida.  

“Orar y amar a los enemigos y perseguidores”

Una niña que a su padre no lo conoció, solo sabia que era un comerciante y médico, que había muerto a manos del general Clímaco Uribe (hermano del  bisabuelo del expresidente Álvaro Uribe Vélez), que en su infancia y parte de la adolescencia Laura creía que era un ser amado de su familia, puesto que su madre oraba por él; con esto aprendió la premisa del Evangelio “orar y amar a los enemigos y perseguidores” (Cfr. Mt 5, 44. Lc 6, 17 -18). Su madre derramaba lágrimas ante el sagrario por la pérdida de su esposo, quien murió defendiendo la religión, pero sin recibir los sacramentos. Laura heredó de su padre el ardor por la justicia, la verdad y la vida; más adelante entendiendo  esto como el ardor apasionado por Jesucristo (Cfr. Jn 14, 6).  

Laura fue creciendo con la precariedad de salud y de su situación económica; sin su figura paterna e incomprendida por algunos miembros de su propia familia. En medio de sus angustias, incomprensiones, dolores, violencia, crisis, tentaciones de fe, de los vaivenes de la vida brota en Laura el anhelo y amor por la eucaristía, los pobres y hasta por el propio martirio que la  acompañó en el transcurso de su vida como vino a entenderlo más tarde con el significado de su nombre, que deriva de Laurel (inmortal), un amor inmortal que por más que quisieron apagarlo, hoy sigue su llamarada en la Iglesia que tanto amó, por la que se desgastó, especialmente la Iglesia colombiana, y la zona del Urabá, donde desempeño su labor misional; en su tiempo  contrariando las voluntades jerárquicas.  

Comparada con Fray Bartolomé de las Casas

Laura se convierte en el reflejo de una mayoría de colombianos que padecieron y siguen padeciendo los fenómenos cruentos de la violencia, la pobreza, el desplazamiento forzado, y para muchos es aliento que incita a hacer la voluntad de Dios por encima de toda fuerza humana que quiera opacar la fuerza de aquello que parece débil o pequeño, lo que no parece tener valor. Esta misionera es comparada con Fray Bartolomé de las Casas, quien fue uno de los que no compaginó ni congenió con las ideas de Juan Ginés. Bartolomé defendió el alma y los cuerpos de los habitantes originarios de América, ‘los indígenas y afros o negros’.

Tratando de liberarlos de estas machacadas concepciones denigratorias, decía: "No y mil veces no, ¡paz en todas partes y para todos los hombres, paz sin diferencia de raza! Sólo existe un Dios, único y verdadero para todos los pueblos, indios, paganos, griegos y bárbaros. 

Los obispos, en contra

El trato de la jerarquía de la Iglesia era defenestre para Laura; sobre todo de Monseñor Miguel Ángel Builes, que tenía como aforismo: Matar a un liberal no es pecado. Los obispos estaban en contra de la tenacidad y lo aventada que era Laura para ir tras las huellas de la cultura desconocida y abolida de la época, los indígenas, los salvajes como ella recurría llamarlo no discriminadamente, sino por ser los que vivían y cuidaban la selva.

Inspirada en Santa Teresita escribe y emprende su misión: "Si quieres pasar tu cielo haciéndole el bien a la tierra, ninguna ocasión más oportuna que la presente, en que yo, pobre nada, quiero emprender las misiones indígenas sin más recurso que mi desnudez espiritual y sin más auxilios que los que estén en el cielo. Ya que tanto cuidaste de los misioneros durante tu vida, emprende ahora desde el cielo, esta misión y una vez más diré que cumples tu palabra: "pasar tu cielo haciéndole bien a la tierra" (Autobiografía de Laura  Montoya).  

Comunión con los otros

Santa Laura inspira a vivir en libertad, muchos viven de acuerdo a los decires de las personas, no son auténticos ni felices con lo que hacen, piensan o dicen, en muchas ocasiones por miedo a perder su imagen, ser rechazado o equivocarse. La vida desde un punto de vista antropológico es la comunión con los otros y eso es lo de Jesús. La vida y la libertad están por encima de otro valor, por que todos los valores se constituyen en estos. La vida y la  libertad son dones que el creador concede. En palabras de Pedro Casaldáliga: todo es relativo menos Dios y el hambre, Laura mezcló muy bien estos dos principios el hambre y/o sed que las gentes tienen del Dios de la  vida, lo afirma con su conocida frase poética:  

"¡Cuánta sed tengo! ¡Sed de saciar la vuestra Señor! Al comulgar nos hemos juntado dos sedientos. Vos de la gloria de vuestro Padre y yo de la de vuestro corazón Eucarístico. Vos de venir a mí y yo de ir a Vos, de sacrificarme como víctima por los pecados del mundo, reparando los ultrajes que el mundo os hace. Vos de almas y yo de dártelas. Vos de correspondencia y yo de corresponderte" (Autobiografía de Laura Montoya). 

Laura fue canonizada el 12 de mayo de 2013 por el papa Francisco, Laura es comparada con muchas doctoras de la Iglesia por sus aportes al fortalecimiento de la fe, su carisma intelectual y visión tendida el futuro desvelado y utópico, que sin duda lo fue impregnando la misión. Conmemoramos su die natalis el 21 de octubre, mes de las misiones.

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